jueves, 26 de octubre de 2000

Raymond Williams: Palabras clave

(Publicada en Suplemento Cultura, diario La Nación, el Miércoles 25 de octubre de 2000)

A lo largo de cuatro décadas, la labor de Raymond Williams estuvo orientada por la pretensión de lograr una teoría general que diera cuenta del dinamismo de la cultura y de la importancia de su relación con la sociedad. Desde el comienzo de este programa, hacia el año 1948, lo acompañó una doble convicción: su área de trabajo debía situarse en una zona de convergencia de diferentes disciplinas; el hilo conductor debía buscarse en el lenguaje.

Palabras clave nace en los orígenes de ese ambicioso proyecto y crece bajo su sombra. Porque, inicialmente, no fue más que un conjunto de notas en torno a unos pocos términos, cuya finalidad era alimentar la producción de otros textos (principalmente, Cultura y sociedad , del que también estuvo a punto de ser un apéndice). Con el tiempo, las notas se hicieron más extensas, el número de palabras se multiplicó y la cantidad de páginas justificó que se convirtiera en un libro, publicado por primera vez, en su lengua original, en 1975.

Williams señala en la introducción que Palabras clave no es un diccionario especializado, ya que lo que allí se busca no es alcanzar el "significado apropiado de los términos". Tampoco se trata de un diccionario etimológico pues, si bien "los significados originales de las palabras son siempre interesantes [...], lo más interesante es a menudo su variación ulterior". Lo que el autor pretende en esta obra, siguiendo los postulados de la semántica histórica, es conjugar la atención por los orígenes y desarrollos de cada palabra -teniendo en cuenta especialmente los cambios radicales y los conflictos ocasionados por la coexistencia de diferentes sentidos- con un análisis de las interconexiones que estas palabras referidas a la sociedad y la cultura guardan entre sí.

De este modo, en el artículo "cultura" -una de las ciento treinta y tres palabras que son analizadas-, se parte de su principal significado latino, "cultivo", tomado en principio en relación con la labranza y el crecimiento natural, para mostrar cómo desde el siglo XVI, por metaforización, dicho significado fue extendiéndose hacia el desarrollo humano. A partir del siglo XVIII -y hasta la actualidad- tres acepciones conviven conflictivamente: "proceso general de desarrollo intelectual, espiritual y estético"; "modo de vida determinado, de un pueblo o un período, un grupo o la humanidad en general"; y "obras y prácticas de la actividad intelectual y especialmente artística". El artículo finaliza con la indicación de otras entradas relacionadas con la palabra: antropología, arte, ciencia, civilización, desarrollo, estético, folklore, humanidad, occidental.

Desde su aparición, Palabras clave ha sido considerado una obra de consulta imprescindible en las ciencias sociales. Pero, justamente, esa valoración instrumental ha contribuido a que, como libro teórico, quedara inmerecidamente eclipsado detrás de otros trabajos del autor, como el ya mencionado Cultura y sociedad o Marxismo y literatura . Para saldar esa deuda, es necesario reemplazar la visita ocasional, apropiada para una obra de referencia, por una lectura sostenida del libro -siguiendo el orden alfabético o construyendo un itinerario propio a partir de las sugerencias que aparecen al pie de cada artículo- que le permita al lector percibir, como pretende Williams, la complejidad los "procesos sociales e históricos que se producen dentro de la lengua".

Gustavo Santiago

lunes, 21 de agosto de 2000

Entrevista con Alain Badiou

Publicada en Suplemento Cultura diario La Nación el miércoles 16 de agosto de 2000

Entrevista con Alain Badiou: el filósofo habla del ser y la matemática
Hacia una nueva idea de verdad


Por Gustavo Santiago

El autor de El Ser y el Acontecimiento, uno de los tratados filosóficos más importantes de las últimas décadas, se refiere a la esterilidad de los juicios apocalípticos que anunciaban el fin de la filosofía. Además propone superar el nihilismo que caracterizó la historia intelectual del siglo XX

Alain Badiou es, sin dudas, una de las máximas figuras de la filosofía contemporánea. Es director de tercer ciclo en la Universidad de París VIII, profesor en la Escuela Normal Superior y en el Colegio Internacional de Filosofía, y autor de una vasta obra que incluye ensayos filosóficos, políticos, científicos y textos literarios. Entre sus títulos se destacan Deleuze. " El clamor del Ser" , donde se confronta con su "adversario filosófico" en torno a los conceptos de acontecimiento y multiplicidad, y El Ser y el Acontecimiento , su trabajo fundamental -y acaso uno de los libros más importantes de la filosofía de las últimas décadas del sigloXX-, en el que, partiendo de la relación entre matemática y filosofía, plantea la posibilidad de pensar una nueva idea de verdad, acorde con las condiciones de nuestro tiempo.
Decir que Badiou estuvo de visita en la Argentina no sería del todo acertado porque, en realidad, desarrolló una intensa actividad. Dictó conferencias, seminarios breves, participó en programas en diversos medios, e incluso firmó ejemplares de El Ser y el Acontecimiento (editorial Manantial). Al intentar explicar la enorme repercusión de su presencia en la Argentina, arriesgó que "el período de deconstrucción, el período de escepticismo acerca de las posibilidades de la filosofía está debilitándose" y que "esto lleva a que la gente se interese por una filosofía más afirmativa, más racionalista, capaz de proponerle al pensamiento, a la acción, algo distinto de una resignación ante el mundo tal cual es".
Badiou se define a sí mismo como "un luchador contra el nihilismo y la especialización contemporáneos". Su esfuerzo se orienta hacia la búsqueda de una verdad entendida como singularidad universal. Esa verdad que, originada en el acontecimiento y en la labor del sujeto, adquiere valor universal, se relaciona tanto con el rigor de la ciencia como con la sensibilidad poética y amorosa.
-Al leer El Ser y el Acontecimiento, lo que sorprende es el lugar que se le concede allí a la matemática. Si bien entre filosofía y matemática hay una estrecha relación que se remonta a los orígenes de ambas disciplinas, una expresión como "la matemática es la ciencia del ser en tanto ser" parece demasiado arriesgada.
-Mi tesis es, en efecto, que la matemática es el pensamiento del ser indeterminado, es decir, del ser sin cualidades, sin sus predicados particulares. Cuando se reduce lo que es a la pura propiedad de ser, se encuentra una especie de abstracción pura que no se distingue de aquélla de la que habla la matemática. Y en ese sentido yo digo, efectivamente, que la matemática es la ontología . Esto no quiere decir que el ser sea matemático, sino que la matemática es la escritura apropiada para el pensamiento del ser. Esto indica, al mismo tiempo, una suerte de depuración de la filosofía. La filosofía va a ocuparse de algo diferente de la cuestión del ser, pero teniendo en cuenta el hecho de que el pensamiento del ser es matemático. La filosofía será, entonces, teoría de verdad y no teoría del ser.

-¿Aquí interviene el concepto de acontecimiento?
-Así es. Porque, si la verdad no es una estricta consecuencia del ser, es preciso que entre el ser y la verdad haya algo, algo que no sea el ser, y que sea más bien como una suerte de desaparecer. Una aparición-desaparición . Eso es lo que yo llamo acontecimiento. Es una suerte de azar que viene además del ser y que va a estar en el origen de toda verdad. De ahí el título de mi libro El Ser y el Acontecimiento , que quiere decir, también, "el ser y la verdad", y "la matemática y la filosofía".

-Esta verdad de la que debe ocuparse la filosofía, ¿es una verdad universal?
-La relación entre universalidad y singularidad es esencial para entender qué es la verdad. Si en el origen de lo que llamamos verdad está el azar de un acontecimiento, entonces toda verdad es absolutamente singular. Y los sujetos de esta verdad, los sujetos que son fieles al acontecimiento, son también sujetos singulares que trabajan en situaciones particulares. Pero, al mismo tiempo, no tendría ningún sentido hablar de verdad si esta fidelidad al acontecimiento fuera estrictamente singular. Si no le interesara a nadie más que a los que están en esa cuestión, tendríamos, no una verdad sino, simplemente, una realidad particular. Entonces, hay que pensar que esta fidelidad singular al acontecimiento construye algo que tiene un valor universal. Y los conceptos más importantes de El Ser y el Acontecimiento pretenden mostrar que puede existir algo como una singularidad universal . Eso es una verdad: algo singular del lado del acontecimiento y universal del lado de las consecuencias. Lo importante es entender bien cómo, a partir de un acontecimiento absolutamente singular (la Revolución Francesa de 1789, por ejemplo), en una situación particular (en este caso, la Francia de fines del siglo XVIII), fue construido algo que es universal porque involucra a la humanidad en su historia completa.

-¿Se puede hacer un balance de la filosofía del siglo veinte?
-La situación de la filosofía en el siglo XX fue, como usted sabe, muy compleja. Me parece que las principales corrientes de la filosofía se apresuraron al llegar a la conclusión de un fin de la filosofía en su forma tradicional. Para dar los principales ejemplos, tanto el positivismo lógico como la filosofía analítica sostuvieron que el juicio metafísico estaba desprovisto de sentido y que la filosofía en su forma tradicional debía ser reemplazada por un análisis lógico de las posibilidades del lenguaje. Heidegger mismo anunció que estábamos en el período del fin de la metafísica y que se debía esperar el paso hacia lo que él llamaba "un pensamiento". El marxismo, por su parte, proclamó rápidamente que la filosofía había sido una interpretación del mundo y que debía ser reemplazada por la transformación revolucionaria de ese mundo. Y, en los umbrales del siglo, hemos tenido a Nietzsche que también anuncia, según su propia expresión, que va a romperse en dos la historia del mundo y que la vieja complicidad entre la metafísica y la religión cristiana va a quebrarse. Es muy llamativo que corrientes tan opuestas entre sí hayan puesto por delante, casi todas, la cuestión de un fin de la filosofía, es decir, de un fin de lo que había empezado con Platón. Y en ese sentido, el siglo ha sido antiplatónico de manera esencial.

Mi propia posición en este momento en que comenzamos un nuevo siglo es que hay que volver sobre este juicio y considerarlo como una suerte de síntoma apocalíptico del siglo XX. La idea de que el siglo XX ponía fin a un gran período histórico fue muy poderosa, pero yo pienso que ahora está saturada y que es improductiva. Si queremos mantener la filosofía con vida y hacer de ella algo más que una especialidad universitaria, debemos asumir el riesgo de ir más allá de ese nihilismo que celebra la impotencia del pensamiento, y atrevernos a proponer, atendiendo a las condiciones de nuestro tiempo, una nueva idea de la verdad.

Por Gustavo Santiago
Buenos Aires 2000

jueves, 27 de julio de 2000

Paul Virilio: La inseguridad del territorio

(Publicada en Suplemento Cultura, diario La Nación, el Miércoles 26 de julio de 2000)

No son muchos los intelectuales que han logrado combinar las dimensiones crítica y creativa del pensamiento como, desde hace ya tres décadas, viene haciéndolo Paul Virilio. Porque este urbanista y filósofo francés, reconocido fundamentalmente por su crítica a la tecnociencia y por sus trabajos sobre la velocidad, no conforme con escrutar a fondo su propio tiempo, acostumbra a ir más allá de él, vaticinando algún futuro posible. Como si tuviera pasión por la inactualidad.

De ahí el múltiple valor de un libro como La inseguridad del te-rritorio . Primer libro publicado por Virilio, reúne ensayos -escritos entre 1969 y 1975- que nos reencuentran con un período clave del siglo XX y sus temores princiales: la amenaza de la bomba, la guerra fría, el acecho del totalitarismo. Pero, a la vez, nos acercan a las expectativas y proyecciones que un filósofo que por entonces hacía sus primeras experiencias en el campo intelectual, realizaba sobre su futuro, o sea nuestro presente.

Tomando la muerte de Sócrates como una "profecía esotérica para el hombre occidental", Virilio analiza la carrera hacia la muerte en la que particia Occidente gracias al Estado. Según el autor, la razón occidental que, por poner a Sócrates en el camino hacia el hombre perfecto, lo llevó a la muerte, es la misma que, amplificada, conduce a todo Occidente al suicidio al lanzarlo en persecución de un supuesto "Estado perfecto`: "el Estado no libera a los hombres de la fatalidad, es él mismo quien, con su ayuda, la construye". El mecanismo para hacerlo es relativamente sencillo: se siembra el temor ante supuestos enemigos -externos o internos-, se incentivan la sospecha, la vigilancia y la delación con la complicidad de los medios masivos, que toman la denuncia anónima como un modo de participación en programas de entretenimiento e información, organizando un clima de desconfianza e inquietud. Se promueve así la construcción de un Estado protector que, utilizando métodos racionales de represión, realice una sociedad pacificada en la que todo esté controlado.

¿Cuánto de ese mundo temido por Virilio llegó a cobrar cuerpo en la historia? Tal vez más de lo que a simple vista puede parecer. Porque fantasmas tales como la pesadilla del control totalitario, la amenaza de un accidente global, la escalada tecnocientífica puesta al servicio de un dominio bélico o "pacífico`, habrán mudado de ropaje, pero -como el propio Virilio ha mostrado en sus trabajos posteriores- no han abandonado, ni mucho menos, el horizonte de Occidente.

Gustavo Santiago

jueves, 23 de marzo de 2000

Pierre Bourdieu: Intelectuales, Política y Poder

Publicada en Suplemento Cultura diario La Nación el Miércoles 22 de marzo de 2000

INTELECTUALES, POLITICA Y PODER
Por Pierre Bourdieu
(Eudeba) - Traducción Alicia Gutiérrez - 270 páginas -


Hace casi veinte años, un texto en el que se calificaba a los intelectuales como "sector dominado de la clase dominante" irrumpía en las universidades argentinas. Su autor era Pierre Bourdieu, un sociólogo francés del que aquí no se tenían demasiadas noticias, que se atrevía a rivalizar teóricamente con Sartre, Althuser y otras figuras de renombre. Hoy, aquel sociólogo casi marginal es uno de los dueños de la escena intelectual en Francia y una autoridad ineludible, en lo que a su disciplina se refiere, en todo el mundo.

Claro está que situarse en una posición central significa también exponerse a múltiples embates. No son pocas las voces que en la actualidad se alzan en contra de Bourdieu y denuncian oscuras apropiaciones de trabajos colectivos, inconsistencia teórica, vaguedad en conceptos fundamentales. En medio de estos cuestionamientos, Bourdieu sigue escribiendo, dirigiendo investigaciones, interviniendo en el espacio público para debatir sobre la más variada gama de problemáticas sociales.

De esa vasta producción, Eudeba acaba de editar una selección de textos breves, con el título de Intelectuales, política y poder . Los artículos están organizados en tres grupos. El primero puede muy bien servir de introducción general al pensamiento de Bourdieu ya que en él se desarrollan con detenimiento conceptos clave como "habitus", "campo", illusio", "poder simbólico", "campo intelectual", etcétera.

En el segundo grupo, compuesto por textos epistemológicos, el pensador francés analiza las ciencias sociales desde la sociología, disciplina a la que considera en una situación privilegiada respecto de otras -y esto ha llevado a que se lo acuse de "imperialismo sociológico"- por la posibilidad que tiene de tomarse a sí misma como objeto de estudio. Por último, en los textos específicamente orientados hacia el lugar de los intelectuales en el campo del poder, Bourdieu hace una defensa de la autonomía como condición necesaria para cualquier tipo de intervención en la esfera pública que pretenda ser verdaderamente crítica: los intelectuales tienen la obligación de tomar parte en las discusiones del poder, pero desde su lugar específico y no como meros militantes políticos. Según el autor de Sobre la televisión , Contrafuegos y La dominación masculina , por citar sólo algunos de sus últimos libros, este lugar estaría amenazado por aquellos a quienes denomina, siguiendo a Platón, doxósofos, opinadores mediáticos al servicio de los poderosos de turno.

Aun cuando el criterio de selección de textos no resulta muy claro -no se entiende, por ejemplo, la inclusión de trabajos de hace casi treinta años, habiendo otros en relación con los mismos temas más representativos del Bourdieu actual; ni la de algunos ya publicados en español (sin hacer mención, siquiera, de las traducciones existentes)-, Intelectuales, política y poder permite obtener una amplia visión de la obra de un intelectual ineludible de nuestro tiempo .

Gustavo Santiago

jueves, 6 de enero de 2000

Dardo Scavino: La filosofía actual y La era de la desolación

(Publicada en Suplemento Cultura, diario La Nación, el 05/01/2000)

EL fin de siglo encuentra a la filosofía huérfana de figuras, obras o sistemas indiscutibles. Los voluminosos tratados han sido reemplazados por artículos breves, conferencias y entrevistas que, por su propio carácter fragmentario y su producción incesante, dificultan la organización de un sentido. Acaso hoy como nunca antes sea necesario el auxilio de textos que orienten la lectura en medio de la multitud aparentemente caótica de información. De ahí la importancia de La filosofía actual , primer gran trabajo de Dardo Scavino -Licenciado en Filosofía y en Letras por la UBA y Doctor en Letras por la Universidad de Burdeos (Francia), donde actualmente se desempeña como docente-, en el que el autor expone críticamente el pensamiento de los filósofos más destacados de las últimas décadas en torno a tres cuestiones: lenguaje, ética y política.

El acierto en la selección de los problemas, la claridad con que son presentadas posturas intrínsecamente complejas -en este sentido, las páginas dedicadas a Derrida, Badiou, Habermas y Negri son realmente notables- y la articulación casi dialéctica de la exposición permiten al lector tener un acabado panorama del estado actual de la discusión filosófica.

En La era de la desolación , su nuevo trabajo, Scavino se coloca en un lugar diferente, acaso obedeciendo a una vieja sentencia según la cual hacer filosofía en estas latitudes significa hacer política. Porque, si bien retoma los problemas del lenguaje, la ética y la política, lo hace situándose en la Argentina de fin de siglo. Ya no se trata entonces de mostrar un abanico de posibilidades para interpretar la situación actual, sino de defender la que se considere más conveniente para salir de la crisis. Y Scavino opta por la postura del italiano Toni Negri quien, desde una lectura de Spinoza, sostiene que democracia significa, ante todo, "poder del pueblo", un poder entendido como potencia constituyente que es deseo de comunidad, de cooperación.

Siguiendo a Negri, Scavino plantea que, en nuestro país, "democracia" es un término al que se ha vaciado de sentido. Porque hoy, según el autor, "los representantes ya no hacen lo que el pueblo quiere sino que intentan convencerlo de su ignorancia de la realidad y, en consecuencia, de su impotencia para transformarla". Lo que ellos llaman "democracia" no es "el poder del pueblo" sino, por el contrario, su impotencia, los mecanismos que permiten que esos representantes accedan a su lugar de gerentes del sistema.

Scavino hace hincapié en que la crisis actual no es una crisis moral: no se trata de reemplazar funcionarios corruptos por otros más honestos, sino de recuperar ese poder del pueblo que políticas de mercado han sabido debilitar. "La crisis de nuestro país -sostiene- es más ética que moral. El problema no es tanto que cada individuo haga lo que corresponde de acuerdo con su rol -que es lo que el planteo moral reclama- sino que no se conciba como parte, incluso como producto, de un todo comunitario, y que hasta llegue a considerarlo como un impedimento para su libertad personal." Scavino apuesta, entonces, a una "ética de la amistad" o de la solidaridad: si el mercado busca condenarnos a la desolación convirtiéndonos en competidores, nuestro deber es fomentar una amistad solidaria que nos ayude a abrirle caminos a la libertad.

Al menos desde Marx, los filósofos se han interrogado respecto de su tarea: ¿interpretar o transformar el mundo? Dardo Scavino ha sabido responder a esta cuestión desde sus libros. La filosofía actual es un texto que ayuda a interpretar el mundo en que vivimos. La era de la desolación puede resultar sumamente estimulante a la hora de pensar en transformarlo.

Gustavo Santiago