jueves, 7 de marzo de 2002

Sergio Givone: Historia de la nada

Publicado en Suplemento Cultura, diario La Nación, el Miércoles 6 de marzo de 2002

La presencia de la nada en el campo de la filosofía parece haber sido constante a lo largo de la historia. Desde Parménides hasta los nihilistas posmodernos son pocos los filósofos que han evitado realizar, al menos, alguna alusión a ella.

De ahí el carácter sorprendente del planteo que realiza Sergio Givone -filósofo italiano contemporáneo, próximo a Giorgio Agamben y autor, entre otras obras, de Desencanto del mundo y pensamiento trágico -, cuando en su Historia de la nada denuncia una suerte de "olvido de la pregunta por la nada" por parte de la tradición filosófica occidental. Según Givone, aun en los casos en que la pregunta fue formulada, los filósofos se apresuraron a responderla desde la perspectiva del ser. Es decir, en lugar de investigar las propias potencialidades de la nada, se conformaron con juzgar de qué modo se vinculaba con el ser (sea como límite, sea como antagónico dialéctico o como simple opuesto lógico). A esa historia del nihilismo en la que se cae cuando se reduce la nada a su aspecto negador del ser, el autor opone "una contra-historia de la nada. Esto es, de la nada tal como aparece no en forma de negatividad que el ser evoca por oposición y excluye, sino como principio que convierte al ser en libertad, a medida que lo desliga del principio de razón y lo expone no sólo a poder ser de otro modo sino a poder no ser".

El objetivo de Givone, entonces, es doble: por un lado, vindicar la nada restituyéndole un lugar en la historia del pensamiento; por otro, mostrar que ese lugar es el de la condición de posibilidad de la libertad. Para dar sustento a esa tesis, el filósofo italiano recorre la historia del pensamiento occidental desde los presocráticos hasta nuestros días -aunque no de un modo lineal- procurando sacar a la luz aquello que pudiera haber quedado oculto detrás de los silencios o de las palabras de los filósofos. En ese recorrido advierte que en posturas teóricas muy diferentes, la nada y la libertad aparecen fuertemente vinculadas. Así, por ejemplo, en Plotino, "la nada es el predicado de lo Uno justamente por el hecho de no tener necesidad de nada más, y menos aún de justificarse a sí mismo o a lo que proviene de él"; en Leopardi, "la nada es el principio de todas las cosas, también de Dios, y lo es en la medida en que es la nulidad del fundamento, la nulidad abismal del fundar según necesidad" y en Sartre, "es el no ser que se insinúa en el ser y lo funda: lo funda en su irreductible infundabilidad, en su libertad. El no ser es la potencia del ser. El no ser libera al ser". En los tres casos la nada se presenta como aquello que le permite al ser escapar de la coerción de la necesidad. Lejos de tratarse, como pretenden los nihilistas, de un concepto debilitador del ser, la nada es el no-fundamento que dota al ser de una libertad originaria que se prolonga en los entes finitos entre los que se encuentra, por supuesto, el hombre.

Además de los autores mencionados, ocupan un lugar destacado en el texto los trágicos griegos, Montaigne, Pascal, los románticos alemanes, Schopenhauer y Heidegger. A partir de ellos, y mediante un muy inteligente manejo de las citas, el autor va mostrando -porque, en rigor, no hay demostración, sino puesta en evidencia-, como si fuera quitando los velos que lo ocultaban, el auténtico rostro de la nada.

Refiriéndose a Leopardi, Givone sostiene que aporta "no una mirada sobre la nada, sino una mirada a partir de la nada". Algo semejante podría decirse de su propio libro: no se trata de una historia sobre la nada, sino de una historia del pensamiento occidental desde la óptica de la nada. O, incluso, de una apología de la nada en la que se convoca a algunos grandes pensadores para que testifiquen a su favor a fin de borrar las culpas que la lectura nihilista de la historia de la filosofía ha cargado sobre ella.

Gustavo Santiago