sábado, 20 de abril de 2002

Diego Tatián: La cautela del salvaje

Publicada en Suplemento Cultura, diario La Nación, el Miércoles 17 de abril de 2002

En los últimos años, el interés por Spinoza se ha incrementado considerablemente. Hacia él se dirige la atención de quienes buscan categorías para comprender y superar la actual crisis de la modernidad. Ahora bien, el Spinoza que ingresa al nuevo siglo no es ya aquel metafísico racionalista que en el poema de Borges "labra a Dios con geometría delicada"; lo que actualmente lo ocupa es la construcción de una comunidad de hombres libres. Es que, a partir de los trabajos de filósofos como Antonio Negri, Remo Bodei o Etienne Balibar, Spinoza ha devenido un filósofo político y su obra, un camino posible para la realización de una auténtica comunidad democrática.

En esa línea se inscribe La cautela del salvaje. Pasiones y política en Spinoza del filósofo argentino Diego Tatián, profesor de la Universidad Nacional de Córdoba. La clave que allí se propone para abordar el pensamiento de Spinoza es la relación entre las pasiones y la política. "La teoría de las pasiones -sostiene el autor- adopta en Spinoza un estatuto político, en la medida en que un campo político dado se halla determinado en función de los afectos predominantes en él. El más profundo sentido del spinozismo en lo que a lo político concierne es la producción de comunidad entre los hombres, o bien, dicho negativamente, la voluntad de suprimir la separación entre los hombres."

En el primer capítulo Tatián pone de manifiesto la tensión -que puede aparecer como paradójica- entre la vida de un Spinoza que a los veinticuatro años de edad es expulsado de su comunidad de origen y la obra del filósofo en la cual justamente esa noción, la de comunidad, juega un rol central. El texto se abre con la transcripción del acta del 27 de julio de 1656 en que se excomulga al joven Baruch en la sinagoga de Amsterdam. Allí se lee: "Maldito sea de día y maldito sea de noche, maldito al acostarse y maldito al levantarse, maldito sea al entrar y al salir [...] nadie puede hablarle oralmente ni por escrito, ni hacerle ningún favor ni estar con él bajo el mismo techo ni a menos de cuatro codos de él, ni leer papel hecho o escrito por él".

Lejos de desalentarlo, ese doloroso acontecimiento parece haber enseñado a Spinoza que la comunidad no es algo que se encuentra, sino algo que es necesario construir. Esto lleva a Tatián a sostener que "la filosofía práctica spinozista se orienta a cumplir el pasaje desde la lógica de la rivalidad a la lógica de la concordancia, a activar un proceso de producción de comunidad [...] en Spinoza la comunidad no es nunca a priori , jamás es lo dado, ni expresa una presunta trascendencia en la que se verían inscriptos los individuos". La política deberá estar, en consecuencia, al servicio de esta conformación de comunidad y para ello buscará los medios a través de los cuales se puedan superar las incongruencias que naturalmente puedan obstaculizar dicha conformación.

A lo largo de los siete capítulos siguientes, Tatián centra su atención en el papel que en la construcción de esa comunidad tienen los afectos. Para ello trabaja principalmente con la Etica , el Tratado breve , el Tratado teológico-político y el Tratado político . La conclusión a la que se arriba tras ese recorrido es que mientras pasiones como el odio, la ambición y el temor dan lugar a asociaciones por impotencia y son el sustento de la tiranía, la verdadera comunidad, la comunidad auténticamente democrática, se conforma sobre la base de la amistad, la generosidad y el amor intelectual.

Hacia el final del libro el autor arriesga una interesante hipótesis acerca de la actualidad del pensamiento político de Spinoza: "tal vez ningún otro pensador moderno como él haya tenido menos incidencia -particularmente política- en la conformación del mundo contemporáneo [...]. No ha habido un spinozismo real, realizado; se trata más bien de una senda perdida de la modernidad".

El hecho de que la filosofía de Spinoza no haya tenido un correlato político real -como sí la tuvieron, por ejemplo, Locke, Rousseau o Hobbes- lo ha librado de cualquier imputación en torno al fracaso de la modernidad. Si el Spinoza metafísico fue temido y hasta odiado -aun cuando en secreto despertara la admiración de muchos- por transitar terrenos que ponían en peligro concepciones hegemónicas sobre la realidad, el Spinoza político corrió una suerte peor: fue directamente ignorado. Esto es, en parte, lo que impulsa a filósofos como Negri o Bodei a reclamar una oportunidad para un pensamiento profundamente democrático en el que la libertad es una de las aspiraciones máximas. En ese sentido, La cautela del salvaje. Pasiones y política en Spinoza es un libro muy oportuno ya que da cuenta de los fundamentos de ese reclamo.

Un acierto formal -y de ningún modo menor- del autor ha sido privilegiar el discurso ameno y ágil en el cuerpo principal del texto y complementarlo con extensas notas a pie de página en las que despliega un vasto y muy actualizado aparato crítico.

Gustavo Santiago

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