jueves, 20 de junio de 2002

Slavoj Zizek: El espinoso sujeto

EL ESPINOSO SUJETO
Por Slavoj Zizek-(Paidós)-Trad.: J. Piatigorsky-432 páginas

Publicado en Suplemento Cultura de La Nación el Miércoles 12 de junio de 2002

Pocos conceptos en la historia del pensamiento han experimentado un ascenso tan marcado y un ocaso tan abrupto como el de sujeto. Componente central de las filosofías de Descartes, Kant y Hegel, la crisis de la modernidad experimentada a lo largo del siglo XX lo arrastró consigo, exponiéndolo a cuestionamientos desde corrientes muy diversas. Es que ese gesto de poder soberano que el sujeto encarna conceptualmente en los siglos XVII y XVIII, ese ímpetu que hace del conocimiento una herramienta para transformar el mundo y que se aplica de la misma manera en la ciencia y en la política, alimentando en ambas la idea de la revolución, se lee de una forma muy diferente a la luz de lo sucedido a mediados del siglo XX, cuando el fantasma del totalitarismo ensombreció la política, y la racionalización encarnada en una tecnología ciega parecía conducir a una situación distinta de la que había previsto la Ilustración.

Así, los posmodernos no vacilan en señalar que detrás de las políticas totalitarias se esconde el afán de dominio del sujeto moderno; desde otro lugar, en una crítica que puede remontarse a Adorno y Horkheimer, se sostiene que la racionalización contemporánea tiene un antecedente indiscutible en el sujeto transparente y plenamente racional de Descartes.

Imprevistamente, en las últimas décadas, cuando todo hacía suponer que Occidente asistía a los últimos estertores de una categoría obsoleta y peligrosa, algunos intelectuales comenzaron a alzar la voz para advertir acerca de los riesgos que la muerte del sujeto podría implicar. En el plano político, se señala, significaría transformarnos en espectadores inermes del despliegue de la lógica económica del capital: sin un sujeto capaz de orientar y sostener la política, sólo parece quedar lugar para el dominio de una actividad que se presenta como libre de toda ideología, la economía (situación que Fukuyama celebraba en El fin de la historia y el último hombre ).

Uno de los pensadores que con mayor énfasis insiste en esta posición es Slavoj Zizek, filósofo y doctor en artes nacido en Eslovenia en 1949, autor de numerosos textos sobre filosofía y psicoanálisis. El espinoso sujeto. El centro ausente de la ontología política , libro tan fascinante como complejo, es justamente el fruto de su intento por rehabilitar al sujeto. No obstante, como aclara el autor, "no se trata de volver al cogito en la forma en que este concepto dominó el pensamiento moderno (el sujeto transparente para él mismo), sino de sacar a luz su reverso olvidado, el núcleo excedente, no reconocido, que está muy lejos de la imagen apaciguadora del sí-mismo transparente".

El texto se compone de tres partes, centradas en Heidegger, Badiou y Butler, respectivamente, en las que la problemática del sujeto es abordada principalmente desde la ontología, la política y el psicoanálisis. A estos nombres habría que añadir los de filósofos clásicos como Hegel, Kant, Nietzsche y Marx, pero también los de figuras no menos relevantes para el desarrollo de la argumentación como Bill Gates, David Lynch y San Pablo. Ahora bien, por encima de todos ellos -o, mejor, por detrás- se advierte una presencia que recorre todo el texto y que va cobrando fuerza progresivamente hasta adueñarse del discurso, la de Jacques Lacan. Porque es cierto que Zizek postula un sujeto que siendo único puede abordarse desde distintas perspectivas (epistemológica, política, metafísica, ontológica, psicoanalítica, estética); pero también resulta evidente que, a la hora de definirlo, el marco teórico que privilegia es el del psicoanálisis lacaniano.

La estructura del libro permite, además, identificar los extremos entre los que Zizek se ubica. No es casual que en la primera parte focalice su atención en Heidegger y en la última en los posmodernos, ya que su intención es, precisamente, colocarse entre un sujeto totalitario y un pseudo-sujeto débil. Enfrentando a Heidegger, sostiene Zizek que "el verdadero mal no reside en el exceso de subjetividad como tal, sino en su ontologización"; esto es: la adhesión del alemán al nazismo no se debió -como sigue sosteniendo la versión oficial- a su temprana y luego desestimada apuesta por el sujeto, sino a su intento de ontologizarlo. "No hay ningún orden del ser -insiste Zizek- como todo positivo ontológicamente consistente". Frente a los posmodernos, a su vez, el objetivo del autor es mostrar que lo que ellos denominan "pospolítica" no es más que "un modo perverso de administrar los asuntos sociales" y que el abandono del sujeto que auspician conlleva quedar en manos de los funcionarios anónimos de la economía global.

En la segunda parte, se plantea la cuestión del sujeto desde la perspectiva política, se encuentra el contenido central del texto. Es que, tal como en la introducción señala el autor: "si bien el tono básico de este libro es filosófico, constituye ante todo una intervención política comprometida".

La postura que allí desarrolla Zizek surge de una lectura lacaniana de Badiou. El procedimiento que emplea para construirla se basa en la traducción y la corrección. Así, luego de explicar cómo para Badiou "el sujeto es el acto, la decisión por medio de la cual pasamos de la positividad de una multiplicidad dada al acontecimiento-verdad", introduce la noción freudo-lacaniana de "pulsión de muerte" como mediadora entre el ser y el acontecimiento. En el paso siguiente confronta conceptos de Badiou y de Lacan, indicando semejanzas y diferencias. Finalmente, el autor toma partido por Lacan: "En síntesis, y contra Badiou, habría que sostener que solo para un ser finito/mortal el acto (o el acontecimiento) aparece como una intrusión traumática de lo Real [...] el acto (acontecimiento) nunca puede ser totalmente subjetivizado, integrado en el universo simbólico, precisamente en cuanto el sujeto que es su agente es una entidad finita/mortal".

Más allá de la complejidad conceptual que estos pasajes ponen de manifiesto, queda claro que las "traducciones" de Zizek (aquí el pasaje de "acto" en Lacan a "acontecimiento" en Badiou) no pretenden ser transparentes sino que buscan aproximar a ambos autores, pero para inclinar la balanza hacia aquel que goza de su preferencia. El sujeto político que emerge tras el desarrollo que realiza Zizek es aquel que lucha por un nuevo universalismo , que busca socavar el sistema existente, encarnar "un gesto corrosivo del orden sustancial (social) dado" para fundar un orden superior al modo como supieron hacerlo figuras como Sócrates o Cristo.

Una mención aparte merece la capacidad del autor para manejar múltiples registros discursivos. El vértigo con el que se desplaza de la filosofía al psicoanálisis o a la crítica de cine, la ejemplificación a través de anécdotas personales y de chistes pueden resultar por momentos desconcertantes. Pero, indudablemente, esta ductilidad -sumada, claro está, a la agudeza de sus interpretaciones y a la solidez argumentativa con que las presenta- permite explicar la fascinación que Zizek despierta en lectores provenientes de muy diversos dominios.

Gustavo Santiago