martes, 16 de julio de 2002

Richard Rorty: Filosofía y futuro

Publicado en Suplemento Cultura, diario La Nación, el Miércoles 10 de julio de 2002

Quizá no sea desacertado sostener que, desde que en 1989 publicó Contingencia, ironía y solidaridad , Richard Rorty no ha escrito nada nuevo. Los numerosos textos suyos que han aparecido desde entonces están compuestos, en su mayor parte, por conferencias, artículos breves o entrevistas en los que se presentan una y otra vez las mismas ideas. Varían los ejemplos que se trabajan, los autores citados, pero los conceptos centrales se mantienen sin alteraciones significativas. ¿Cómo se explica entonces que Richard Rorty continúe siendo una figura central en la filosofía contemporánea? Probablemente esto se deba a que, luego de una primera etapa signada por los gestos provocativos y por disputas intelectuales casi virulentas, Rorty ha logrado construir un territorio propio, definir una posición que, si bien no cuenta con demasiados adherentes -no es sencillo encontrar un intelectual de peso que se califique como rortyano-, se ha ganado un importante reconocimiento por parte de la comunidad filosófica internacional.

Filosofía y futuro , libro editado en alemán en 2000 y recientemente traducido al español, mantiene la línea de las compilaciones anteriores. Los temas clásicos de Rorty, como la función de la filosofía, la relación entre filosofía y literatura, las críticas a la filosofía analítica y conceptos como "ironismo", "sabiduría", "contingencia", tienen aquí su lugar. Acaso lo más novedoso del texto se encuentre en algunos pasajes donde el filósofo desarrolla una suerte de autobiografía intelectual en la que expone elementos poco conocidos de su vida.

El libro está integrado por ocho textos, en su mayor parte escritos en los últimos cinco años. En el primero, "Filosofía y futuro" (1995), Rorty se plantea qué papel puede cumplir el filósofo en la actualidad. No se trata ya, sostiene, del tradicional papel de sabio o sacerdote que administra una verdad absoluta. Habría que concebirlo, mejor, a semejanza de un abogado o de un ingeniero que buscan satisfacer con su trabajo algún tipo de demanda. Tras rechazar el perfil anglosajón del filósofo hiperespecializado que se desentiende de cuestiones sociopolíticas y calificar, como igualmente peligrosos, el ímpetu revolucionario de algunos filósofos "críticos" y el chauvinismo nacionalista que se empeña en forjar esencias nacionales, Rorty ubica el papel del filósofo en el servicio a la democracia. "En un mundo intelectual plenamente secularizado, afirma, [...] los filósofos nos entenderíamos como servidores de esta clase de libertad, como servidores de la democracia".

"Spinoza, el pragmatismo y el amor a la sabiduría" (1997) es un alegato en favor de una concepción pragmatista de la verdad y de la propia filosofía. La importancia de Spinoza estaría, según Rorty, en el hecho de haber sido éste uno de los primeros filósofos en sostener que diversas descripciones de un mismo fenómeno pueden tener igual grado de legitimidad (en el caso del holandés, estas descripciones serían aquellas que permiten hablar de Dios o la naturaleza como sustancia pensante y, al mismo tiempo, como sustancia extensa), abriendo paso a concepciones pragmatistas de la verdad y la sabiduría.

"Filosofía analítica y filosofía transformativa" (1998) y "Orquídeas silvestres y Trotsky" (1993) son dos textos en los que priman los componentes autobiográficos. En el primero, Rorty se detiene en su experiencia universitaria en los años 50, cuando en Estados Unidos se producía el ingreso de la filosofía analítica; en el segundo, narra escenas de su infancia y adolescencia en los que su ideal de llegar a ser un hombre socialmente comprometido -consecuencia de la fuerte filiación trotskysta de sus padres- entró en conflicto con intereses "extravagantes" y asociales. La disolución de esa tensión tendría lugar muchos años después cuando, ya en la época de Contingencia, ironía y solidaridad, el filósofo maduro descubrió que es un error pretender conciliar intereses privados y compromisos públicos. Se puede ser un servidor de la democracia en lo público y un amante de autores como Nietzsche o Heidegger en lo privado.

Esta distinción de dos ámbitos diferenciados es desarrollada ampliamente en "Habermas, Derrida y las funciones de la filosofía" (1998), artículo que ya había aparecido en español en Verdad y progreso . Allí Derrida es considerado como "el representante más fascinante, más rico en ideas de la filosofía contemporánea" y Habermas, "como el filósofo de mayor utilidad social". Es decir, Derrida es un filósofo útil para llevar adelante una construcción de sí mismo en el ámbito privado y Habermas, un filósofo que debe tenerse en cuenta para fortalecer la democracia en el espacio público.

En "El ser al que puede entenderse, es lenguaje" (2000) -escrito en ocasión del centésimo cumpleaños de Gadamer- se señalan algunos puntos de contacto entre pragmatismo y hermenéutica, y en "La justicia como lealtad ampliada" (1997), se plantea que el progreso moral no se consigue, como pretendió Kant, a través de leyes racionales universales sino de una ampliación de un sentimiento de pertenencia que nos permite ver a los otros como parte de un "nosotros". En relación con este tema, en "Persuadir es bueno" (1998), extensa entrevista con la que concluye el libro, Rorty destaca el papel de la literatura en el progreso moral. Es ésta -y no la filosofía- la que mejor permite desarrollar la empatía necesaria para sentir al otro como "uno de nosotros". Libros como La cabaña del tío Tom logran "la identificación por la vía de la capacidad de imaginación, el reconocimiento de que, en importantes aspectos, los miembros de un grupo anteriormente despreciado son como uno mismo o como las personas a las que se ama".

Si bien es cierto que Rorty no resulta ya tan provocativo como a principios de la década pasada, continúa suscitando debates y controversias. Filosofía y futuro puede considerarse un libro apropiado como introducción a su pensamiento, ya que lo más representativo de él se encuentra debidamente reflejado en los textos breves que lo componen.

Gustavo Santiago

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