lunes, 28 de octubre de 2002

Marc Augé: Diario de guerra

DIARIO DE GUERRA

Por Marc Augé-(Gedisa)
Traducción: Anna Jolís Olivé-96 páginas-($ 22)

Publicado en el Suplemento Cultura diario La Nación del Domingo 27 de octubre de 2002

Refiriéndose a los sucesos del 11 de septiembre de 2001, dice Marc Augé: "se trata de un típico acontecimiento que no pasa, que se nos queda atragantado". Con la intención de provocar la reflexión en torno a las causas próximas y remotas de dicho acontecimiento, el antropólogo francés -autor de textos como Los no lugares. Espacios del anonimato , Las formas del olvido y El viajero subterráneo - ha escrito un libro pequeño, duro, polémico en el que alterna una serie de notas breves, presentadas como páginas de un diario personal, con reflexiones en las que ensaya una explicación de lo sucedido y proyecta algunas hipótesis sobre el futuro.

El título del libro es Diario de guerra. El mundo después del 11 de septiembre . En las reflexiones que acompañan las notas del domingo 30 de septiembre de 2001, Augé señala con inquietud que "el gesto a la vez sacrílego y espantoso de los terroristas, una vez pasado el primer momento de estupor y de incredulidad, dibuja un fugaz amago de sonrisa en el rostro de muchas personas del mundo". En esa sonrisa, en aquello que la hizo posible, encuentra el autor una de las claves interpretativas de los atentados.

Para avanzar en su planteo, Augé introduce dos conceptos: "mundialización" y "metápolis" (este último tomado de Paul Virilio). En el concepto de mundialización convergen dos nociones diferentes: "globalización", que remite a la red económica y tecnológica que engloba el mundo, y "planetarización", que remite a aspectos ecológicos y, especialmente, sociales. En la actualidad -sostiene el autor-, la globalización está produciendo un mundo uniforme pero, desde la óptica de la planetarización, desigual. En términos de Virilio, la sociedad global, que se autopercibe como "interior", expulsa hacia el exterior a las sociedades locales. Quienes, aun en países como los del Tercer Mundo, encuentran un lugar en la sociedad global se perciben como formando parte del sistema, de una "metápolis" entendida como una ciudad virtual que está por encima de las ciudades reales; aquellos que no logran hacerlo se encuentran condenados a permanecer en la exterioridad de lo local. Las desigualdades socioeconómicas, entonces, tienen su correlato en las diferencias entre pertenencia a lo global y marginación en lo local. Vinculando este análisis con el terrorismo, Augé afirma que "las razones profundas del terrorismo, del nihilismo y de la humillación son políticas y económicas [...] que un gesto terrorista tan espectacular como el del 11 de septiembre pueda sacudir certezas y captar imaginaciones no sería concebible en un mundo de igualdad política y de justicia económica". Ahora bien, esto ayuda a entender, hasta cierto punto, la "sonrisa" de los habitantes de sectores desfavorecidos por el accionar de los EE.UU. -principal promotor de la globalización- ; pero de ningún modo alcanza para explicar los atentados en sí mismos.

Augé sale al cruce de dos interpretaciones en las que han insistido diversos intelectuales: el "choque de civilizaciones" y la "guerra de religiones". ¿Son realmente tan diferentes las civilizaciones y las religiones representadas por Bush y Ben Laden? Sorprendentemente, Augé responde que no. En lo que se refiere a la religión, el autor señala que "los monoteísmos siempre han sido proselitistas y, como consecuencia de ello, combativos [...] siempre han respondido a vocaciones universales". En cuanto a la civilización, Augé recuerda que Ben Laden fue instruido por los EE.UU., que, al igual que Bush, intentó producir efectos mediáticos a través de importantes cadenas de televisión, que las armas que empleó en los atentados (aviones de línea) eran norteamericanos, que los pilotos suicidas habían recibido su formación en los EE.UU., etc. Es decir, lo que Augé constata es que Bush y Ben Laden pertenecen al mismo mundo globalizado. No se trata de la lucha entre dos sistemas diferentes, sino que "el sistema es el que se pone en su propia contra". Lo que los terroristas intentan no es acabar con el mundo globalizado, "el terrorismo pretende a la vez atentar contra el monopolio de la violencia legítima y relocalizar lo global". Los blancos fueron elegidos no por encontrarse en determinado lugar, sino por representar los máximos "no-lugares", por ser los centros de la "metápolis" que se encuentra por encima de toda localización espacial.

El principal motivo de alarma, en lo que al futuro se refiere, es, según Augé, que una globalización sin planetarización, una mundialización que se desentiende de la cuestión de la igualdad socioeconómica, alienta la presencia de "profetas" dispuestos a movilizar la adhesión de las masas descontentas. "La mundialización, la inmigración, la circulación de los productos -sostiene el autor- dan hoy en día una especie de garantía objetiva a lo imaginario profético". Esto lo lleva a augurar un futuro en el que se podría correr el riesgo de una gran guerra, una guerra interior al propio sistema, cuyo resultado colocaría al mundo en el camino de la realización de los ideales de la planetarización o en la pendiente de la destrucción total.

Como decíamos al comienzo, Diario de guerra. El mundo después del 11 de septiembre es un texto duro, provocativo, en el que un intelectual se esfuerza por sostener una posición ante un tema complejo y acuciante. Dos aciertos formales potencian la eficacia del texto: la brevedad -que impide ahondar en supuestos y argumentos- y el tono coloquial. Ambos despiertan en el lector la necesidad de replicar, de objetar o de aclarar diversos aspectos. Es decir, impiden la permanencia en una posición pasiva. Y es esto, justamente, lo que Augé pretendía lograr.

Gustavo Santiago

sábado, 26 de octubre de 2002

Gianni Vattimo: Diálogo con Nietzsche

Publicada en Suplemento Cultura, diario La Nación, el Domingo 13 de octubre de 2002

En los años ochenta, cuando la polémica "modernidad-posmodernidad" concentraba la atención de un gran número de intelectuales, el filósofo italiano Gianni Vattimo obtuvo un importante protagonismo a partir de su propuesta de un "pensamiento débil" y de su concepción de la sociedad contemporánea como una "sociedad transparente". Sin embargo, es probable que el legado mayor de Vattimo a la filosofía no se encuentre en aquellos conceptos que alimentaron el debate, sino en la original lectura de Nietzsche en la que se apoyaban.

De esa lectura, construida a lo largo de más de cuatro décadas, han surgido libros notables como El sujeto y la máscara (1974) e Introducción a Nietzsche (1985), e innumerables artículos y conferencias recogidos en las revistas nietzscheanas más importantes del mundo. Quince de esos textos acaban de aparecer con el título de Diálogo con Nietzsche. Ensayos 1961-2000 . Cabe señalar que el libro no contiene todos los textos de Vattimo referidos a Nietzsche (lo que equivaldría a la publicación de la Obra Completa del filósofo italiano), ni consiste en una mera compilación de artículos breves. Se trata, en rigor, de una selección de textos en la que se percibe una doble finalidad: dar cuenta de la evolución del pensamiento de Vattimo en estos cuarenta años y, al mismo tiempo, exponer los aspectos centrales de su Nietzsche.

Leídos en orden cronológico, los textos permiten distinguir tres etapas en el pensamiento de Vattimo. En la primera, marcada por el clima político de los años sesenta, el filósofo recurre a Nietzsche para elaborar una relectura del marxismo. Operación arriesgada si se tiene en cuenta que por esos días el nombre de Nietzsche aparecía aún muy ligado al nazismo y al fascismo. La apuesta de Vattimo consiste en liberar a Nietzsche de una interpretación política para aproximarlo a otra. La segunda etapa tiene lugar a mediados de los ochenta, cuando Vattimo se aparta de las lecturas políticas y se inclina por un Nietzsche "estético". El superhombre -que en El sujeto y la máscara y aquí en el texto "Nietzsche, el superhombre y el espíritu de vanguardia", de 1973, se acercaba excesivamente a la figura del hombre no alienado de Marx- da lugar al "filósofo artista" capaz de crear mundos sin pretender para ellos respaldo metafísico alguno. Por último, los años noventa encontraron a Vattimo intentando una suerte de síntesis entre el Nietzsche político y el estético, tal como él mismo manifiesta en "Nietzsche 1994", transcripción de una conferencia pronunciada en Buenos Aires en ocasión del 150 aniversario del nacimiento del filósofo alemán.

Ahora bien, más allá de estas etapas del pensamiento de Vattimo, hay algunos rasgos de su Nietzsche que han permanecido casi constantes y que están debidamente presentados en Diálogo con Nietzsche . Los más significativos son: el "nihilismo activo", el carácter ficcional de los grandes pensamientos nietzscheanos, el übermensch interpretado como "ultrahombre" y la filiación hermenéutica de Nietzsche.

Vattimo distingue dos tipos de nihilismo, uno pasivo o reactivo y uno activo. El primero se caracteriza por el hecho de que sus representantes advierten la disolución de todo valor supremo pero ocultan su descubrimiento detrás de simulacros de tipo religioso, moral o político. "Si, por el contrario -sostiene Vattimo-, el nihilismo tiene el valor de aceptar que Dios ha muerto, esto es, que ya no hay estructuras objetivas dadas, se convierte en activo." Precisamente, Nietzsche sería para el filósofo italiano aquel que por primera vez atravesó el primer tipo de nihilismo y alcanzó el segundo.

En consonancia con este nihilismo activo, Vattimo plantea que los grandes pensamientos de Nietzsche (Voluntad de Poder, Eterno Retorno, Superhombre), no deben ser tomados literalmente -como han hecho Heidegger y el nazismo, por ejemplo-, porque ello conduciría a un Nietzsche metafísico difícilmente sostenible a nivel teórico y peligroso a nivel político. Si se tiene en cuenta que para Nietzsche "no hay hechos, sólo interpretaciones", es necesario, según Vattimo, admitir que sus pensamientos son interpretaciones sin mayor fundamento que aquellos que combate. Adherir a los postulados nietzscheanos no significa, entonces, conocer las cosas tal como son, sino que implica asumir la decisión de interpretar el mundo a partir de ellos.

De este modo, la Voluntad de Poder deja de ser la voluntad de dominio de un sujeto que quiere apoderarse del mundo a través de la técnica -tal la lectura de Heidegger- y el Superhombre se aleja de aquel sujeto totalitario construido por el nazismo y el fascismo. En relación con este último concepto, Vattimo ha insistido largamente en la relevancia de traducir †bermensch no como "superhombre" sino como "ultrahombre". El neologismo permitiría captar la novedad que Nietzsche introduce y distanciar el concepto de las interpretaciones sustancialistas del sujeto.

Estas nociones de "nihilismo activo" y "pensamiento ficcional" (que no en vano recuerdan a su "pensamiento débil) conducen a Vattimo a sostener que "el único modo posible de situar a Nietzsche en la historia de la filosofía moderna es considerarlo como perteneciente a la `escuela´ hermenéutica filosófica". Como uno de los principales representantes de esa escuela hermenéutica, Vattimo concede en su labor un lugar fundamental al diálogo. Pero, al margen de lo que sugiere el título, el autor no dialoga aquí con un único Nietzsche, sino con varios. Porque no sólo lee los textos de Nietzsche, sino que se enfrenta continuamente con los Nietzsches de Heidegger, Lukács, Bataille, Klossowski, Deleuze, Foucault, Derrida, Adorno y Rorty.

En este sentido, Diálogo con Nietzsche , además de ser un libro imprescindible para seguir la evolución del pensamiento de Vattimo y para adentrarse en una de las interpretaciones de Nietzsche que mayor influencia han tenido en los últimos tiempos, es también una obra importante para revisar buena parte de la producción filosófica de la segunda mitad del siglo XX.

Gustavo Santiago