martes, 26 de agosto de 2003

Fernando Savater: Mira por dónde

Publicado en Suplemento Cultura, diario La Nación, el Domingo 10 de agosto de 2003

Transgrediendo una norma implícita en el género, que estipula que las memorias deben escribirse a una edad avanzada, Fernando Savater acaba de publicar Mira por dónde. Autobiografía razonada con apenas 56 años. ¿Por qué tan joven? El propio autor da una respuesta en el Epílogo: "He escrito una serie de memorias, temo que bastante desmemoriadas, sólo para escuchar aquí y allá: `¿Memorias ya? ¿Tan joven?´"

A lo largo del texto se descubre que esta expresión de Savater es bastante más que una salida humorística. Porque, en gran medida, se trata de un canto de despedida a su infancia y juventud. Savater necesita que le hagan saber, que le hagan sentir que aún es joven.

Bioy Casares ha afirmado que "las memorias se escriben para recordar no menos que para ser recordados". En ellas el escritor cede a los caprichos del recuerdo azaroso, del homenaje íntimo a quienes lo han nutrido en la producción de sus obras pero, al mismo tiempo, construye la imagen de sí mismo que desea legar a la posteridad.

¿Qué recuerda Savater? Las dos primeras partes del relato giran en torno a historias mínimas protagonizadas en el San Sebastián de sus primeros años y el Madrid de su adolescencia. Con nostalgia, pero no sin cierto orgulloso fervor, el filósofo recrea el placer de los juegos infantiles con sus tres hermanos, la emoción de la compra semanal de historietas en una librería de barrio, las primeras composiciones escolares que le permitieron vislumbrar un futuro como escritor, su intuición en una clase de filosofía. Recuerda Savater: "el profesor inquirió: `Vamos a ver, vosotros ¿para qué creéis que estamos en el mundo?´ Un momento de atónito silencio y luego, ante mi propia sorpresa, me oí contestar con decisión: `Para ser felices´. La clase soltó una risotada pero el profesor aprobó mi respuesta, no demasiado original aunque biográficamente premonitoria".

Ese mundo de dicha infantil y adolescente se prolonga aún en los primeros años de juventud poblados de lecturas de Borges ("me sirvió como una especie de puente o etapa de transición entre literatura y filosofía"), Schopenhauer, Nietzsche, Unamuno y Kafka y de largas discusiones con colegas y alumnos que dieron lugar a amoríos y amistades que el Savater maduro no olvida.

Pero la cálida inocencia que sustentaba ese universo se pierde con la emergencia de una conciencia política. Primero Franco y luego ETA irrumpen en la vida del joven profesor para mostrarle que la construcción de una vida feliz era una empresa bastante más ardua de lo que había imaginado.

¿Cómo quiere ser recordado Savater? Como escritor, "publicista de ideas", profesor poco ortodoxo y alejado de mezquindades académicas; también como amigo fiel y amante apasionado. Pero, más allá de la insistencia en estas imágenes de sí, la que termina imponiéndose es la que prevalece en el último tercio del libro, la del hombre políticamente comprometido. No como miembro de un partido sino como activista de una causa: la de la libertad. El relato se puebla aquí de asambleas docente-estudiantiles, marchas, conferencias que son encabezadas por un Savater temeroso pero decidido a hacerle frente primero a Franco -lo que derivó en que quedara cesante en la Universidad Autónoma de Madrid y que pasara un tiempo en prisión- y luego a ETA. Formó parte de Gesto por la Paz ("el primer movimiento cívico contra la violencia realmente independiente de partidos políticos"), fue fundador del Foro de Ermua, "cuyo primer manifiesto [...] denunciaba la tibieza y las complacencias en la lucha clara, neta y prioritaria contra el terrorismo de todos los partidos, nacionalistas y no nacionalistas" y de °Basta ya! cuyo objetivo primero fue "convocar movilizaciones que no respondiesen directamente a ningún atentado, sino que creasen en la calle el espacio donde pudiera afirmarse lo que hasta entonces se callaba por miedo o circunspección interesada".

Mira por dónde. Autobiografía razonada es un libro que transmite nostalgia y pasión. Con él Savater logra darle sentido a un itinerario personal, homenajear a una inmensa cantidad de amigos -algunos célebres, como Octavio Paz, Cioran, Vargas Llosa; otros, protagonistas de la intimidad- y complacer a un importante número de seguidores: lectores que no lo han juzgado, como es frecuente en el ámbito académico, por los libros que no quiso o no fue capaz de escribir sino por aquellos con los cuales -y desde el estilo frontal y pedagógico del que Savater se jacta- ha enriquecido sus vidas a partir del ejercicio de la reflexión filosófica.

Gustavo Santiago

No hay comentarios:

Publicar un comentario