viernes, 16 de abril de 2004

Gianni Vattimo: Después de la cristiandad

Publicada en Suplemento Cultura, diario La Nación, el Domingo 11 de abril de 2004

En Creer que se cree se podía oír la voz de un hombre atravesado por la angustia, necesitado de apoyarse en una fe despojada de devoción, de salto a lo absoluto. El hombre, Gianni Vattimo, confesaba su necesidad de creer en algo en lo que no creía. El andamiaje filosófico que empleaba para sostenerse no conseguía mostrarse firme, pero esto quedaba en gran medida excusado por una cuestión vital, íntima, la de la necesidad de la fe para continuar viviendo y, al mismo tiempo, por el hecho de que Vattimo había abandonado desde hacía algunas décadas toda pretensión de "pensamiento fuerte".

Después de la cristiandad es un texto en el que se compilan conferencias y artículos breves en los que el filósofo italiano insiste en abordar cuestiones religiosas pero desde una perspectiva un tanto diferente de la del libro anterior. La búsqueda personal queda eclipsada, ahora, por los planteos filosóficos.

El diálogo entre fe y razón, religión y filosofía, ha conocido innumerables variantes. Vattimo aporta una más: la posmoderna. Es conocida la prédica del filósofo en favor de un "pensamiento débil", con la que alimentó el debate modernidad-posmodernidad en las últimas dos décadas. Se trata de un pensamiento que se desentiende de verdades últimas, de fundamentos inconmovibles, de tablas de valores rígidas y que sigue la senda abierta por Nietzsche y Heidegger para dejar atrás la metafísica. Si la propuesta teórica de Vattimo debió soportar en estos años duras críticas, pocas esperanzas quedan para esta nueva extensión. Porque lo que el filósofo viene a anunciar ahora --como profeta posmoderno-- es la llegada de una nueva religión, de una "religión débil", nueva etapa del cristianismo cuyo máximo emblema es el Dios encarnado en Jesús y sus principales fieles, Joaquín de Fiore, Dewey, Nietzsche y Heidegger.

El planteo de Vattimo se apoya en una peculiar interpretación de la "muerte de Dios" nietzscheana y de la encarnación de Jesús. En el caso de la primera expresión, el filósofo aclara que la afirmación de "que Dios ha muerto significa para Nietzsche que no hay fundamento último, y nada más". Particularmente, no significaría la descalificación de cualquier expresión religiosa sino que, por el contrario, "justamente porque el Dios-fundamento último, y por tanto la estructura metafísica absoluta de lo real, ya no es sostenible, por eso mismo es de nuevo posible creer en Dios". Nuestra época (posmoderna, según Vattimo) asistiría a la oportunidad histórica de acceder a una "religión débil" en la medida en que ha consumado el mensaje nietzscheano. Es decir, Nietzsche, con la muerte de Dios hace posible el surgimiento de una nueva religiosidad.

Pero, en realidad, la tarea nietzscheana fue precedida por el propio Jesús, quien aportó primero a la secularización que cobraría impulso con la modernidad y llegaría a su punto culminante con Nietzsche y Heidegger. Según Vattimo, "el acontecimiento de la salvación (la venida de Jesús) es en sí mismo, íntimamente, un hecho hermenéutico [...] ya que el mismo Jesús ha sido una interpretación viva, encarnada, de la Escritura". En este sentido, "la encarnación de Jesús (la Kénosis, el rebajarse de Dios) es, en sí misma, ante todo, un hecho arquetípico de secularización". Jesús se encarna para debilitar al Dios metafísico e inicia, con su venida, el largo camino de secularización que conduce a la posmodernidad. De este modo, los mayores intérpretes del mensaje cristiano son aquellos que hicieron suyo el impulso debilitador de Jesús: los filósofos de la Ilustración, Dewey, Nietzsche y Heidegger. En la vereda opuesta se encontrarían, en cambio, aquellos que han quedado presos de los dogmas y la metafísica: "la religión que se redescubre así no tiene nada que ver con la religión dogmática, duramente disciplinar y rígidamente antimoderna, que se expresa en las diversas formas de fundamentalismo y, ante todo, en el catolicismo del papa Juan Pablo II". Curiosamente en esta misma posición --la de aquellos que han malinterpretado el cristianismo-- coloca Vattimo también a Levinas y a Derrida, a quienes imputa el seguir siendo fieles al "viejo Dios de la metafísica, al menos en cuanto que se concibe como fundamento último inaccesible a nuestra razón".

En su intento de dar una versión posmoderna del cristianismo, Vattimo nos ofrece una obra deliberadamente polémica, amablemente agresiva, aunque menos rigurosa que efectista.

Gustavo Santiago

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