lunes, 26 de abril de 2004

Michael Hardt: Deleuze, un aprendizaje filosófico

DELEUZE UN APRENDIZAJE FILOSOFICO
Por Michael Hardt-(Paidós)
Trad.: Alcira Bixio
240 páginas

Publicada en Suplemento Cultura diario La Nación el Domingo 25 de abril de 2004

Deleuze ha sostenido que existen dos maneras de leer un libro: considerándolo como un continente que remite a un contenido o como una máquina que funciona o no funciona. En el primer caso la pregunta que moviliza la lectura es "¿qué quiere decir el autor en este libro?"; en el segundo, "¿para qué puedo utilizarlo?". Deleuze se inclinó por la segunda vía; Michael Hardt, mundialmente conocido a partir de Imperio --escrito en coautoría con Antonio Negri-- se propone, en Deleuze: un aprendizaje filosófico, transitar las dos.

El Deleuze que Hardt pretende explicar es el de los primeros textos, aquellos consagrados a Bergson, Nietzsche y Spinoza. La justificación para dicha elección es que "en estas obras Deleuze desarrolla un vocabulario técnico y un fundamento conceptual que le sirve a lo largo de toda su carrera". En términos de Deleuze podríamos decir que éste es el período en el que el filósofo comienza a construir los personajes conceptuales que lo acompañarán en los momentos más creativos de su producción. Para abordar esos primeros textos Hardt sostiene que es necesario "leer el pensamiento de Deleuze como una evolución" en la que opera una causalidad eficiente, inmanente, que organiza el itinerario del filósofo llevándolo de la ontología a la ética y de ésta a la política.

"La ontología de Deleuze --sostiene Hardt-- está basada en las concepciones de diferencia y singularidad que descubre en Bergson y en Spinoza respectivamente". En ambos casos se trata de un descubrimiento que surge de la disputa con un mismo enemigo: Hegel. Bergson le permite a Deleuze arribar a una noción de diferencia alternativa a la dialéctica --abstracta, negativa, externa, improductiva--; Spinoza, le brinda la posibilidad de pensar un ser positivo que, no obstante, no es el ser indeterminado de Hegel --que requiere de una determinación exterior a él mismo-- sino que es "diferente en sí mismo".

También en el caso de la ética el rival por vencer es Hegel. Sólo que aquí el personaje conceptual al que recurre Deleuze es Nietzsche. La negatividad en Hegel sólo puede dar lugar a una crítica parcial que "es en el mejor de los casos un reformismo que preserva la esencia de aquello que ataca". Para que exista una auténtica transmutación de valores es necesaria una crítica total y afirmativa que abra paso a la creación: "sólo la destrucción ilimitada de la ?esencia´ establecida puede dar lugar a la creación genuina". Y esa fuerza radical únicamente Nietzsche es capaz de aportarla. Finalmente, la filosofía práctica de Spinoza le permite a Deleuze ingresar plenamente en el campo de la política.

"La práctica deleuziana de la afirmación y la alegría tiende directamente a crear cuerpos o planos sociales de composición que sean cada vez más potentes, sin que por ello dejen de estar abiertos a antagonismos internos, a las fuerzas reales de destrucción y descomposición".

Pero, tal como sostuvimos al principio, Hardt no se conforma con explicar a Deleuze, también aspira a mostrar para qué puede ser utilizado. Al respecto sostiene que "Deleuze puede ayudarnos a desarrollar una concepción dinámica de la sociedad democrática entendida como una sociedad abierta, horizontal y colectiva [...]. Fortalecer el paso de la multiplicidad a la multitud continúa siendo para nosotros el proyecto central de una práctica política democrática". En este sentido, los lectores de habla hispana que accedemos a Deleuze: un aprendizaje filosófico (publicado en inglés en 1993) luego de leer Imperio, estamos en mejores condiciones que el propio Hardt para evaluar los alcances de su uso de Deleuze. En efecto, sabemos que Hardt y Negri han hecho de él, uno de los principales teóricos de la "multitud" posmoderna capaz de derrotar al Imperio dentro de su propio terreno global. Deleuze y Spinoza (y ya no Hegel y Marx) son para ellos las fuentes de una nueva política de resistencia al capital.

En la introducción de Deleuze: un aprendizaje filosófico, Hardt se presenta a sí mismo como un profesor de literatura que de la mano de Deleuze se transformó en un "aprendiz de filosofía". Su libro no sería, según él, mucho más que la exposición de un recorrido personal por el arduo pero fértil terreno de la filosofía deleuziana. Una atenta lectura del texto lo muestra, en cambio, como un trabajo doblemente fundamental a la hora de abordar el pensamiento filosófico contemporáneo: el texto logra, a través de la clara exposición del trabajo del primer Deleuze, tornar accesible el ingreso a una obra tan significativa en la actualidad como por momentos inasible, y, al mismo tiempo, ese aprendizaje puede referirse al pensamiento del propio Hardt: la explicitación de su Deleuze nos permite acceder a la reserva teórica desde la cual él mismo realizó sus aportes más significativos a Imperio.

Gustavo Santiago

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