jueves, 20 de mayo de 2004

Slavoj Zizek: Violencia en acto

VIOLENCIA EN ACTO
Por Slavoj Zizek-(Paidós)-Trad.: Patricia Willson-(240 páginas)
Publicado en Suplemento Cultura La Nación el Domingo 16 de mayo de 2004

Hasta hace unos pocos años, Slavoj Zizek era leído, en la Argentina por un pequeño número de intelectuales. Hoy, en cambio, es ampliamente reconocido como una voz fundamental de la discusión filosófico-política contemporánea. Esto quedó demostrado en sus visitas a nuestro país en las que el público colmó -y en algunos casos desbordó- los espacios preparados para recibirlo.

Del material que sirvió de apoyo para sus primeras conferencias en la Argentina, en 2003, surge Violencia en acto. Se trata de seis textos que abarcan algunos de los temas más representativos de Zizek (la ontología, el psicoanálisis, la política, el cine) y en el que se dejan oír las voces de algunos de sus habituales interlocutores: Kant, Hegel, Marx, Deleuze, Badiou, Butler, Laclau, Levinas y, por su puesto, Lacan.

En el primero de los textos Zizek se sirve del concepto de "paralaje", que toma de Kojin Karatani, y lo aplica a una lectura de Kant y Marx y, por extensión, de toda la filosofía.

En el segundo texto,"El devenir edípico de Gilles Deleuze", Zizek se propone abrir un interrogante acerca de los alcances políticos de la filosofía de Deleuze que permita pensar un modelo alternativo al que Negri y Hardt han ofrecido en Imperio. El primer paso para lograrlo consiste en liberar a la obra de Deleuze de la nociva "influencia" de Guattari: "no se puede sino lamentar que la recepción anglosajona de Deleuze (y, también, el impacto político de Deleuze) sea predominantemente la de un Deleuze ´guattarizado´". El Deleuze de Zizek será, fundamentalmente, el de Lógica del sentido, texto que fue escrito en el momento de mayor cercanía de Deleuze con el estructuralismo (no es casual que, tal como recuerda Zizek, Lacan haya insistido en su aprecio por ese texto). La "depuración" de Deleuze le permite al autor no sólo alejarlo de su supuesto antilacanismo sino abrir la posibilidad de aproximar a Lacan y Deleuze casi hasta la identificación -recordemos que el provocativo título de la conferencia, pronunciada en la Escuela de Orientación Lacaniana que dio lugar al texto era "¿Por qué Deleuze era lacaniano?"-. Una política que hiciera justicia a ese Deleuze estaría, entonces, mucho más cerca de una emparentada con el psicoanálisis de Lacan que con el "esquizoanálisis" guattariano. Zizek presenta la tarea de descubrir esa política en Deleuze como un camino a realizar aunque, en rigor, por la proximidad entre ese Deleuze y Lacan, no sería arriesgado sospechar que se trataría de una política muy cercana a la que el propio Zizek sostiene.

En los tres textos siguientes, el filósofo esloveno explora la relación entre violencia, ética y política. El punto de partida es el cuestionamiento de las "éticas sin violencia" o "éticas de la tolerancia" que se apoyan en el trabajo de intelectuales como Butler o Lévinas. Según Zizek, el peligro que acecha desde estas posturas es que en el nivel político pueden abonar ideologías "tolerantes" desde las que detrás de un supuesto respeto de la Otredad se sostiene, de hecho, que "el Otro está bien en la medida en que su presencia no sea intrusiva, en la medida en que el Otro no sea realmente Otro". Son estas ideologías, dice, las que no ven ningún problema en desatar guerras para defender los "derechos humanos" o en alentar la caridad al mismo tiempo que la explotación. Desde ellas "los derechos humanos son aceptables si son ´repensados´ para incluir la tortura y el estado de emergencia permanente; la democracia es aceptable bien si se limpia de sus ´excesos´ populistas y se limita a aquellos que están lo bastante ?maduros´ para practicarla". Ante políticas que reducen la democracia a sus aspectos meramente formales y, al mismo tiempo, la transforman en un fetiche -con lo que consiguen que nada pueda cambiar de un modo significativo-, Zizek apuesta por una utopía que permita construir un espacio de transgresión de lo que hoy se presenta como el horizonte de lo posible: "la ´utopía´ es una cuestión de la más profunda urgencia, algo a lo que estamos impelidos como asunto de supervivencia, cuando ya no es posible seguir dentro de los parámetros de lo ´posible´".

El último texto presenta una lectura de Vértigo de Hitchcock y otros filmes del género desde Lacan y Deleuze.

Por los temas que aborda, por los autores con los que discute o se alía, por las posturas que defiende, Violencia en acto es plenamente representativo de Zizek: su contenido es el que el filósofo esloveno eligió como carta de presentación en la Argentina. Por ello no parece legítimo pedirles a los diferentes textos que lo componen una articulación fuerte o un desarrollo que arribe a conclusiones de conjunto. Se trata, en cambio, de un despliegue de intereses diversos pensado para ser puesto en juego ante un público diferente en cada caso (la conferencia que dio lugar a los dos primeros textos fue pronunciada en la Escuela de Orientación Lacaniana; la que apoya los dos textos siguientes, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, para alumnos y docentes; las correspondientes a los dos últimos textos, en la Biblioteca Nacional y el Malba, para un público más heterogéneo). En este sentido, como material introductorio al pensamiento de Zizek el texto funciona de un modo eficaz. Más, incluso, que las conferencias de origen ya que -más allá del trabajo de reelaboración que el autor realizó para la publicación- el libro brinda la posibilidad de detener la lectura, de retomarla, de tratar de orientarse en un estilo argumentativo que no es para nada lineal y que se encuentra plagado de referencias a perspectivas teóricas múltiples que no siempre es sencillo conciliar.

Gustavo Santiago
LA NACION