lunes, 26 de julio de 2004

Marc Augé: El tiempo en ruinas

EL TIEMPO EN RUINAS

Por Marc Augé-(Gedisa)-
Trad.: T. Fernández y B. Eguibar-160 páginas

Publicada en Suplemento Cultura diario La Nación el Domingo 25 de julio de 2004


Probablemente Marc Augé sea uno de los antropólogos contemporáneos más conocidos a nivel mundial. No tanto por sus trabajos en Togo y Costa de Marfil (reflejados en textos como El genio del paganismo o Dios como objeto) sino por aquellos en los que dirigió su mirada hacia la vida del "ciudadano global" de las grandes capitales. Conceptos como "sobremodernidad" o "no lugares" remiten inequívocamente a su nombre.

Podría sostenerse que el núcleo de la obra de Augé está conformado por cuestiones ligadas al espacio. La muestra más acabada de esto la encontramos en su distinción entre "lugares" (espacios en los que están simbolizadas la identidad, la relación con los demás y la historia) y "no lugares" (espacios del anonimato, en los que el individuo no se siente en su propia casa, pero tampoco en la de los demás, como aeropuertos, shoppings, subterráneos, autopistas). Sin embargo, en los últimos textos se percibe un interés creciente por otro gran tema, que históricamente ha sido asociado con el espacio: el tiempo. Así, en Las formas del olvido abordó la relación tiempo-memoria; ahora, en su último trabajo, El tiempo en ruinas, se ocupa de la experiencia del "tiempo absoluto" que se produce al entrar en contacto con ruinas.

La ruina -sostiene Augé- "es el tiempo que escapa a la historia: un paisaje, una mezcla de naturaleza y cultura que se pierde en el pasado y surge en el presente como un signo sin significado, sin otro significado, al menos, que el sentimiento del tiempo que pasa y que al mismo tiempo, dura". Es decir, las ruinas son como islotes del pasado, restos de un tiempo que pudo resistir a las transformaciones continuas de la historia, de modo semejante a un recuerdo que perdura en la memoria a pesar de los embates del olvido. Pero, para que las ruinas puedan cumplir con este rol de guardianas del tiempo, no basta con que perduren. Su enemigo no está en el pasado sino en el presente, porque el riesgo mayor es que, habiendo perdurado durante siglos, sean finalmente neutralizadas por el espectáculo. Las ruinas, "cuando escapan a la transformación del presente en espectáculo son, como el arte, una invitación a la experiencia del tiempo".

En siete de los diez textos que componen el libro, Augé analiza el efecto de tiempo absoluto experimentado por él mismo (en Costa de Marfil, Guatemala, Roma, Berlín); por otros intelectuales, como Freud (a partir de una carta a Romain Rolland en la que el padre del psicoanálisis narra una visita a la Acrópolis) o Gide (Viaje al Congo es la referencia). Dos trabajos extensos, con mayor contenido teórico, "Tiempo y viaje, paisaje y escritura" y "Lo demasiado lleno y lo vacío", permiten articular la experiencia de las ruinas con los conceptos centrales de Augé como "sobremodernidad", "aceleración" "olvido", imagen".

Finalmente, en un texto muy breve, a partir de In the Mood for Love del realizador Wong Kar-wai, arriesga una inquietante comparación entre las ruinas y el amor: "El amor -a distancia, declarado, convertido en algo definitivamente imposible- se convierte en aquello que nunca ha dejado de querer ser: un puro goce de lo inactual, de aquello que en el fondo no es más que un goce del tiempo puro [...]. La virtualidad del amor se contempla de lejos, en el momento en que, convertida en ruina, deja de ser una virtualidad".

Escrito con una prosa exquisita, El tiempo en ruinas es un texto que se disfruta intensamente. Porque, más allá de los argumentos que Augé despliega a favor de sus hipótesis, lo que consigue es transportar al lector, hacerse acompañar por él en sus experiencias. De este modo, en un texto se sentirá transportado a la selva guatemalteca, en un frío amanecer, y se encontrará contemplando pirámides y monumentos; en el siguiente, se verá recorrer azarosamente Berlín en una tarde de lluvia y se sorprenderá al advertir que la pared contra la que se apoyó en busca de un alivio del viento era nada menos que un resto, una ruina, del Muro. Y en cada una de estas situaciones aparecerá el tiempo, ese "tiempo absoluto" que en las ruinas nos dice que algo existió y que persiste más allá de los esfuerzos que el olvido, la historia, el espectáculo hagan por borrarlo.

Gustavo Santiago

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