lunes, 23 de mayo de 2005

Marc Augé: ¿Por qué vivimos?

¿POR QUE VIVIMOS?

Por Marc Augé
(Gedisa)-
Trad.: Marta Pino Moreno-188 páginas
Publicado en Suplemento Cultura de La Nación el Domingo 22 de mayo de 2005

En las últimas décadas ha crecido la tendencia a calificar simplemente como "intelectuales" a quienes tematizan cuestiones referidas al "mundo globalizado" en lugar de aludir a ellos atendiendo a su formación académica específica. El precio que disciplinas como la historia, la sociología, la antropología o la filosofía parecen tener que pagar por referirse al mundo contemporáneo es la pérdida de una perspectiva particular, propia.

¿Por qué vivimos?, el nuevo libro de Marc Augé, es un abierto desafío a esa tendencia. La antropología es presentada allí no sólo como necesaria para comprender la actual pérdida de sentido, sino como imprescindible para delinear una utopía que permita recobrarlo.

En el extenso prólogo, Augé apela a un relato ficcional -ya lo había hecho en textos como El viajero subterráneo o Travesía por los jardínes de Luxemburgo- para presentar escenas de la vida de una familia tipo parisina. El padre de familia, Dupont, de 45 años, vive conectado a la televisión, la computadora, el celular. Su tiempo está organizado a partir de los espectáculos mediáticos. Su mujer, la señora Durand-Dupont, por su parte, es devota de los viajes; su vida cobra sentido a partir de los desplazamientos en el espacio. Pero, en rigor, esos movimientos no son mucho más que un trayecto que se inicia con las imágenes consumidas en los folletos turísticos, se demora mínimamente en la constatación desde el objetivo de la propia cámara de que esas imágenes existen realmente en algún lugar, y culmina en el regreso a casa con la preciosa carga de fotografías y videos de factura casera patéticamente idénticos a aquellos que impulsaron el viaje. Con todo, Augé encuentra en los Dupont un motivo para esperanzarse. Porque aun cuando están inmersos en una nube de consumo y telecomunicación, no dejan de advertir que esa "cosmotecnología" apenas produce simulacros de ritos, de vínculos, de felicidad. "La necesidad de tener con otras personas contactos auténticos -sostiene el antropólogo- , una relación auténtica, y la necesidad también de imaginar nuestra vida, de formarnos nuestras propias imágenes sin contentarnos con consumir imágenes prefabricadas, me parecen a fin de cuentas bastante compartidas y un esbozo de antisistema, de una resistencia".

Los dos capítulos siguientes constituyen el soporte conceptual en el que se apoya el autor para abordar desde una perspectiva antropológica el mundo globalizado. Allí se encarga de desplegar lo aprendido a lo largo de años de investigación en Togo, Costa de Marfil y París. Lejos de encontrar un abismo entre los pueblos africanos y la vida citadina de una gran capital, el autor insiste en una continuidad sustancial. Para que pueda percibirla, Augé traslada al lector, con un movimiento pendular, de un continente a otro. Así, el desplazamiento a través del libro produce un efecto mimético en relación con la propia experiencia "de campo" del autor y permite la emergencia de las teorías del espacio, la persona, el acontecimiento y la mediación en las que éste trabaja desde hace cuatro décadas.

En el capítulo final retornan cuestiones abiertas en el prólogo. La fundamental, de la que surge el título, es "¿por qué vivimos?". Según el antropólogo francés, "lo que presenciamos en la actualidad es una dislocación y una descomposición general del lenguaje de los fines en la vida económica, social y política del mundo, sobre todo en las grandes democracias occidentales". El único fin del sistema económico parece ser su propia reproducción. Es en el marco de esta situación donde el papel de la antropología general puede ser vital. Augé apuesta por una antropología de la economía y de las ciencias que se encargue de recobrar los fines de la humanidad y contribuya a la creación de una "utopía planetaria [...] que es una utopía de la educación, del pleno empleo y de la seguridad para todos; es una utopía necesaria y la única válida, junto con la ciencia, si se admite que la vida individual de los humanos no tiene otra finalidad que la afirmación del yo en relación con los otros".

Como cada nuevo libro de Augé, ¿Por qué vivimos? contiene una breve versión de los anteriores. No faltan alusiones a los "no lugares", consideraciones acerca de los "dioses-objeto", cuestionamientos a la proliferación de imágenes que atenta contra la imaginación, referencias a las diversas formas que adquiere el olvido, ni signos del tiempo en ruinas. Pero hay aquí un ímpetu político, un enojo con "el Sistema" -como, a riesgo de parecer anacrónico, prefiere calificar lo que en otros textos denominaba "sobremodernidad"- que por momentos sorprende. La lucidez, la frescura de las anécdotas, la prosa de quien además de ser un investigador de primera línea es un notable escritor, en cambio, son aquellas que los lectores de Augé están habituados a disfrutar.

Sin llegar dar una respuesta acabada a la pregunta que lo titula, ¿Por qué vivimos? muestra el esfuerzo de un antropólogo por intentar convencernos de que no debemos permitir que nos hagan olvidar de lo valiosa que esa pregunta es para la humanidad.

Gustavo Santiago

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