lunes, 3 de septiembre de 2007

Benjamin y Brecht

ADN El sitio cultural de LA NACION

Sábado 1 de setiembre de 2007

Por Gustavo Santiago

Bemjamin y Brecht. Historia de una amistad
Por Erdmut Wizisla
Paidós/Trad: Griselda Mársico/379 páginas/$ 48


La década del 30 fue, para los intelectuales europeos, un tiempo marcado por la persecución, la inestabilidad económica, la precariedad laboral. A un gran número de ellos el fin de ese período los encontró en el exilio; a otros, menos afortunados, los alcanzó la muerte.

Pero, aún con el horror acechando, hubo quienes hicieron posible la persistencia de espacios de encuentro en los que se pudieran generar y discutir proyectos políticos o culturales; o en los que, simplemente, pudiera resistir a salvo la amistad. Ejemplo de ello sería la relación que por esos años sostuvieron Walter Benjamin y Bertolt Brecht.

Erdmut Wizisla, Director del Archivo Bertolt Brecht y del Archivo Walter Benjamin en Berlín, recoge los vestigios verbales de esa relación e intenta mostrar que el vínculo que unía a Brecht y Benjamin iba más allá de la cordialidad entre colegas o de la camaradería entre quienes compartían una misma posición frente al amenazante despliegue del fascismo: se trataba de una auténtica amistad.

En principio, el autor se permite sospechar de las versiones dadas por algunos contemporáneos como Gershom Scholem y Theodor Adorno, que veían a Brecht como una "mala influencia" para Benjamin. La hipótesis de Wizisla es que detrás de sus comentarios hechos "con recelo, en parte incluso con malicia", se esconde el temor de verse desplazados en la consideración de Benjamin. Más acertadas le resultan las consideraciones de Hannah Arendt, para quien "la amistad entre Benjamin y Brecht es única porque en ella el mayor poeta alemán vivo se encontró con el crítico más importante de la época".

El primer encuentro entre ambos se produjo en 1924. Sin embargo, los contactos más fuertes tuvieron lugar entre 1930 y 1939. Wizisla divide este período en dos etapas. En la primera, que llega hasta 1933, "los encuentros de Benjamin y Brecht se caracterizan por las masas de conversación bastante turbulentas y la cantidad de planes, de los cuales el más interesante es el proyecto de la revista Krise und Kritik ". En torno a ese proyecto -que finalmente no se realizó- se suscitan profundas discusiones en relación con el papel de los intelectuales en "la transformación del mundo", la necesidad de una "crítica de la crítica", las posibilidades de intervención en la crisis para abrir nuevos caminos. En esas discusiones fue surgiendo una constelación común de intereses que permitió ahondar la relación. La segunda etapa está marcada por el exilio: "Con las difíciles condiciones del exilio como telón de fondo -sostiene Wizisla- entre Benjamin y Brecht creció una relación personal de confianza (...) a los intereses programáticos en materia artística y políticos que ya compartían se sumaron ahora motivos existenciales". En ese período fueron cruciales las visitas de varios meses durante los veranos de 1934, 1936 y 1938 que Benjamin realizó a la casa de Brecht en Dinamarca, donde, además, el dramaturgo había puesto a salvo buena parte de la biblioteca de Benjamin.

Algo que al autor le interesa especialmente es mostrar que la influencia entre ambos intelectuales fue mutua. Para ello se vale fundamentalmente de las notas que ambos tomaban en sus diarios tras sus conversaciones, y de fragmentos de cartas entre ellos y a terceros en los que quedaron registrados temas, posturas, problemas que emergerían años después en la obra publicada. Así sucede, por ejemplo, con las controversias en torno a sus interpretaciones de Kafka y Baudelaire: "el debate sobre Baudelaire -sostiene Wizisla- no se agotó en la confrontación de pareceres. Benjamin tomó objeciones y sugerencias de Brecht cuando revisó el estudio" y "Brecht cuestionó como poeta su propio veredicto cuando, probablemente estimulado por el trabajo de Benjamin, comenzó a traducir poemas de Baudelaire". La misma reciprocidad puede advertirse en los apoyos mutuos para editar y difundir sus trabajos a medida que las condiciones materiales se tornaban más acuciantes en el exilio.

Surgido como un desarrollo de su tesis doctoral, el texto de Wizisla conserva el rigor de un texto académico. Cada expresión está debidamente documentada en extensas notas al final de cada capítulo; cada encuentro entre Benjamin y Brecht está precisamente fechado en la "Crónica" con la que se cierra el libro. Sin embargo el texto no pierde en ningún momento sonoridad ni belleza. Porque está a tal punto atravesado por las voces de los protagonistas que por momentos el autor no parece más que un coleccionista que se deleita formando series, combinando las fichas de un inmenso rompecabezas literario.

Quizá la más hermosa de las citas y la que mejor expresa la amistad explorada sea la más dolorosa, aquella que recoge uno de los poemas que Brecht escribe al enterarse de la muerte de Benjamin: "Me dicen que has alzado la mano contra ti/ adelantándote al carnicero (...) / empujado al final a una frontera infranqueable / has, dicen, franqueado una franqueable".


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