miércoles, 26 de septiembre de 2007

Volver a Sócrates

El personaje
Cada tanto puede ser saludable volver a Sócrates. Volver a experimentar la fascinación por un personaje de cuya existencia se llegó a dudar, pero que ha ejercido efectos imborrables en nuestra cultura en general y en la filosofía en particular. Deleuze nos enseñó que cada filósofo -y, en definitiva, cada ser humano- realiza su actividad creadora a través de personajes y que él mismo llega a ser personaje de sus personajes. En Sócrates esto alcanza una literalidad brutal. Porque de él sólo tenemos versiones de versiones. Su figura se pierde en esa zona difusa de intersección de autores tan disímiles como Platón, Jenofonte, Aristófanes. Sin embargo, si podemos hablar hoy de filosofía probablemente se deba a aquel ateniense que entregó su vida a ella.

El "método"
Mucho -demasiado- se ha dicho y escrito acerca del "método socrático". Una lectura rápida de los textos de Platón y Jenofonte alcanza para ver que ese método fue inexistente. Quizá en algunos casos llegaron a cumplirse sus "pasos" (planteo de un problema, diálogo, refutación del interlocutor de Sócrates, catarsis, mayéutica). Pero aún así la escasez de ejemplos mostraría lo aventurado de hablar de un método.
Por otra parte, si el método se hubiera aplicado con frecuencia no se entendería por qué a Sócrates lo llevaron a juicio y lo condenaron a muerte. Parece claro que los primeros "pasos" eran habituales en los diálogos con Sócrates: Planteo de problemas, diálogo -en el que Sócrates ocupaba el lugar de quien interroga-. Que se llegara a la refutación ya es discutible. Porque para que la haya, el interlocutor tiene que asumir su condición de refutado. Pero son numerosas las ocasiones en las que quien dialoga con Sócrates al finalizar la conversación sigue pensando lo mismo que al principio, aunque admite que no supo explicarse bien o que Sócrates lo enredó en la argumentación. De modo que no asume que su postura ha sido refutada, sino que sostiene que debe buscar otros medios para sostenerla. Ni hablar de lo que sucede si consideramos la catarsis y la mayéutica. Si estos dos pasos se hubieran dado Sócrates habría llegado a ser un prócer, no un mártir. Pero eran muy pocos los que se sentían aliviados por hacer el ridículo frente a otros mostrando que no podían explicar lo que pensaban, o dar razones de lo que hacían, y menos todavía los que lograban dar a luz conocimientos.



Tres lemas socráticos: "Conócete a ti mismo"; "ocúpate de ti mismo"; "obedécete a ti mismo"

En su notable Hermenéutica del sujeto, transcripción de uno de sus cursos (probablemente el curso que todo docente de filosofía sueña con dar), Foucault sostiene que la clave en expresiones como éstas se encuentra en el "sí mismo", que en algunos pasajes es sinónimo de "alma" -aunque no hay que confundirlo con el alma platónica-. En Sócrates ese sí mismo es una suerte de sujeto que orienta, que gobierna las actividades que realiza el individuo. De ahí que lo mejor que podamos hacer sea conocerlo, ocuparnos de él y obedecerlo. Es decir, saber qué podemos y qué no, cuáles son nuestros límites; cuáles de esos límites son infranqueables y cuáles debemos intentar desplazar aunque hacerlo conlleve esfuerzo, trabajo. Siempre reflexionando, siempre obedeciendo a "la voz de lo mejor" aunque vaya en contra de lo que las comodidades o intereses superfluos anuncien y pretendan exigirnos.

2 comentarios:

  1. Relativo a este SrFoucault con relación a este otro Deleuze. El "si mismo", un personaje mas, el mas íntimo si se quiere, al que todos los otros siguen o debieran seguir, en todo caso, pero uno mas, y como todo personaje, insustancial, una mascarada, aunque duela. No hay en verdad NADIE. jcs.

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  2. Relativo a este SrFoucault con relación a este otro Deleuze. El "si mismo", un personaje mas, el mas íntimo si se quiere, al que todos los otros siguen o debieran seguir, en todo caso, pero uno mas, y como todo personaje, insustancial, una mascarada, aunque duela. No hay en verdad NADIE. jcs.

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