martes, 2 de octubre de 2007

Zygmunt Bauman: Un sociólogo para multitudes

Publicado en adncultura. La nación. 290907

Zygmunt Bauman es hoy uno de los pocos intelectuales que puede experimentar la satisfacción de que sus textos circulen tanto en los claustros más importantes del mundo, como en las mesas de café de las principales ciudades. Sus libros son auténticos bestsellers, y cada trabajo suyo es esperado con un ansiedad comparable con la que despierta un nuevo tomo de una saga literaria.
Pero para que el momento del reconocimiento llegara, Bauman tuvo que recorrer un largo y accidentado camino, marcado por los avatares de la política del siglo XX.
Nacido en Polonia, en 1925, en el seno de una familia judía de escasos recursos, a los catorce años, se vio forzado a abandonar su país para escapar del nazismo. Llegó a Rusia como refugiado y tiempo después se incorporó al ejército polaco para luchar en el frente ruso. Finalizada la guerra, regresó a Polonia, y ejerció como profesor en la Facultad de Ciencias Sociales de Varsovia durante quince años. En 1968 una campaña antisemita promovida por las autoridades comunistas lo llevó a abandonar Polonia -esta vez de modo definitivo- y a instalarse en Inglaterra, donde fue catedrático de sociología en la Universidad de Leeds desde 1971 hasta su jubilación en 1990. En un texto escrito con Samuel Tester, La ambivalencia de la modernidad y otras conversaciones (Paidós, 2002), el propio Bauman brinda algunos detalles biográficos que sirven para situar su trayectoria intelectual.
Como tantos otros docentes universitarios, Bauman comenzó escribiendo textos para colegas. Una muestra de ello puede encontrarse en La hermenéutica y las Ciencias Sociales un libro publicado en inglés en 1978 (Nueva Visión, 2002). Se trata de un texto imprescindible para quienes se dedican a las Ciencias Sociales, pero que tanto por la temática como por los conceptos abordados, difícilmente pudiera trascender las fronteras de un aula universitaria. Y esto, que a muchos académicos les resulta algo así como el precio a pagar por acrecentar la investigación "seria" en su disciplina, a Bauman comenzó a parecerle un defecto a subsanar.
Así fue como hacia los inicios de la década del '90, en el marco de la discusión "modernidad versus posmodernidad", y mientras se producía su retiro de la cátedra universitaria, la producción de Bauman fue experimentando un desplazamiento que lo llevó a dirigirse a un público lector más amplio. Su principal preocupación pasó a ser la de explicar al ciudadano común el funcionamiento de algunos mecanismos sociales, de ciertos juegos de poder, que le permitieran encontrar un sentido para su vida en medio de los vertiginosos cambios de nuestro tiempo.
Esto no significó en modo alguno que abandonara la teoría para incurrir en recetas de vida. Por el contrario, uno de sus méritos más evidentes es el de haber logrado forjar un aparato teórico consistente pero, al mismo tiempo, comprensible para alguien no especialista.
El núcleo de ese aparato conceptual surge a partir de una comparación entre el mundo actual y el de la primera modernidad. Quienes impulsaron la modernidad experimentaron aquello de que "todo lo sólido se desvanece en el aire". Las tradiciones, los valores, la idea de autoridad fueron pulverizados por un proceso que parecía incontenible. Sin embargo, según Bauman, quienes promovieron esa primera modernidad lo hicieron con la pretensión de crear nuevas instituciones, normas y valores que resultaran más sólidos aún que los que los antecedían. En nuestros días, por el contrario, toda aspiración a la solidez ha sido abandonada. Nuestra modernidad, sostiene el sociólogo, es la de lo flexible, lo fluctuante, lo líquido. En textos como Modernidad líquida (FCE, 2003), Ética posmoderna (Siglo XXI, 2004) o En busca de la política (FCE, 2001) pueden encontrarse extensos desarrollos de estos temas.
"El poder de licuefacción -afirma Bauman en Modernidad líquida- se ha desplazado del `sistema´ a la `sociedad´, de la `política´ a las `políticas de vida´; ha descendido del `macronivel´ al `micronivel´ de la cohabitación social". De ahí que no sólo las instituciones más tradicionales se hayan visto debilitadas por el poder de disolución moderno, sino que, en nuestros días, las relaciones familiares, laborales, pedagógicas e, incluso, amorosas han sido forzadas a "flexibilizarse".
Por ello, una vez construido el paradigma teórico de "lo líquido", Bauman puede dedicarse a enfocar desde él diversos sectores de la vida cotidiana actual. Como ejemplo de esta labor se pueden mencionar Amor líquido (FCE, 2005); Vida líquida (Paidós, 2006); Miedo líquido (Paidós, 2007); Vidas desperdiciadas (Paidós, 2005).En esos textos los ejemplos tomados de la vida cotidiana o de las notas periodísticas pasan a ocupar el lugar de las citas de especialistas, la argumentación cede terreno a la persuasión, y el estilo es más el de un ensayista que el de un sociólogo. El efecto de esta combinación no se hace esperar. Los textos trascienden rápidamente el ámbito académico y expresiones como "sociedad líquida" pasan a formar parte del lenguaje ordinario. Al mismo tiempo, muchos de los lectores que conocen a Bauman por estos textos son reenviados a los trabajos más teóricos, con lo cual se produce una autoalimentación editorial. Quien recorra una librería se encontrará hoy con más de veinte títulos traducidos al español en los últimos diez años.
En su último trabajo Vida de consumo (FCE, 2007), Bauman vuelve sobre un tema que atravesó varios de sus textos anteriores: el consumo. Y lo hace apoyándose en tres "tipos ideales", al estilo de Max Weber: el consumismo, la sociedad de consumidores y la cultura consumista. Lo que el autor pretende, con estos tipos ideales, no es describir la realidad social sino construir a partir de ellos una tipología que ayude a organizar una experiencia en la que de algún modo todos estamos inmersos. Como en los últimos trabajos, su intención es brindar herramientas para que podamos, en sus propios términos, "dar sentido a nuestra imagen de la sociedad en que vivimos".

Gustavo Santiago

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