sábado, 16 de febrero de 2008

MICHEL ONFRAY

Batallas de un filósofo libertario, ADNCULTURA, 16 FEBRERO 2008

Tres nuevos libros del discutido pensador francés proponen una "contrahistoria de la filosofía", rescatan a figuras olvidadas del pragmatismo y reivindican una ética fundada en el cuerpo

Las sabidurías de la antigüedad
Por Michel Onfray
(Trad. Marco Aurelio Galmarini)
Anagrama
(330 páginas)

El cristianismo hedonista
Por Michel Onfray
(Trad. Marco Aurelio Galmarini)
Anagrama
(339 páginas)

La potencia de existir
Por Michel Onfray
(Trad. Luz Freire)
Ediciones de la Flor
(224 páginas)

Batallas de un filósofo hedonista


Desde hace aproximadamente veinte años, Michel Onfray (Argenteuil, Francia, 1959) viene desarrollando un proyecto filosófico en franco enfrentamiento con los portavoces de la filosofía académica. Podríamos sintetizar ese proyecto en tres lemas: no conformarse con enseñar filosofía, sino vivir de acuerdo con ella; abrir la filosofía a un público no académico; recuperar temas y filósofos que han sido abandonados por la tradición oficial.
La coherencia entre el discurso y la vida es algo que hace siglos que parece haber perdido relevancia en relación con los filósofos. Lo que interesa es qué dicen y no cómo viven. Onfray, por su parte, sostiene: “¿La prueba del filósofo? Su vida. Una obra escrita sin la vida filosófica que la acompaña no merece el menor interés”. En su caso, sus temas recurrentes son el hedonismo, el ateísmo, el materialismo. Quienes lo conocen –y él mismo- afirman que el filósofo no sólo habla y escribe acerca de dichos temas, sino que vive según sus principios. La máxima de Nicolás de Chamfort: “goza y haz gozar, sin hacer daño a nadie ni a ti mismo: ésa es la moral” está presente en sus clases y en sus libros, no menos que en su vida cotidiana.
En cuanto al acercamiento de la filosofía a un público no especializado Onfray ha trabajado principalmente desde dos lugares: los libros y la enseñanza. A diferencia de lo que sucede en general con los textos filosóficos, para leer alguno de los libros de Onfray –cerca de cuarenta- no hace falta poseer una cultura filosófica previa ni manejar un vocabulario técnico. Basta con sentarse a leer. El mismo espíritu de apertura lo llevó -junto con un grupo de colegas- a fundar, en 2002, la Universidad Popular de Filosofía en Caen (que luego se multiplicó en otras ciudades). Se trata de una universidad gratuita, sin requisitos de ingreso, sin exámenes ni calificaciones en la que, semanalmente, Onfray diserta durante una hora acerca de alguna cuestión filosófica cuidadosamente preparada y luego coordina una discusión con los asistentes. Con la misma modalidad se imparten otros cursos, entre ellos uno de filosofía con niños de ocho a doce años.
Tan poco usuales como sus canales de expresión, son los contenidos de sus clases y sus libros. Como prueba de ello contamos ahora con tres textos que acaban de aparecer en castellano: Las sabidurías de la antigüedad; El cristianismo hedonista y La potencia de existir.
Los dos primeros forman parte del proyecto de una “contrahistoria de la filosofía” que constituye el eje de sus clases en la Universidad Popular y que será publicado en seis volúmenes. Con su “contrahistoria” Onfray pretende mostrar que la historia oficial de la filosofía es falaz, incompleta y tendenciosa; y que la transmisión de la filosofía sigue estando dominada por el espiritualismo que supieron promover principalmente Platón, el cristianismo y el idealismo alemán. Contra esa línea dominante Onfray se encarga de rescatar a representantes del materialismo, el hedonismo, el utilitarismo y el pragmatismo que han sido menospreciados –cuando no directamente silenciados- durante siglos.
En el primer tomo, titulado Las sabidurías de la antigüedad, Onfray se ocupa de Leucipo, Demócrito, Hiparco, Anaxarco, Antifón, Aristipo, Diógenes el cínico, Filebo, Eudoxio, Pródico, Epicuro, Filodemo, Lucrecio y Diógenes de Enoanda. El segundo tomo, lleva por título algo que en principio parece un oxímoron, El cristianismo hedonista. Allí Onfray pasa revista a los gnósticos, los “Espíritus libres” y los libertinos -de los que se sabe muy poco a raíz de la masiva destrucción de sus textos-, y luego desarrolla ampliamente el pensamiento de Lorenzo Valla, Marsilio Ficino, Erasmo y Montaigne.
La mayor riqueza del trabajo de Onfray se encuentra en la reconstrucción que realiza de filósofos prácticamente desconocidos. Tomemos como ejemplo a Carpócrates, un gnóstico que vive en Alejandría hacia mediados del siglo II. Heredero lejano del platonicismo, Carpócrates adhiere a la idea de la transmigración de las almas. Al llegar la muerte de un cuerpo el alma se separa de él y pasa a otro, del que, a su vez, se separará cuando le sobrevenga la muerte. ¿Cuánto tiempo dura este tránsito de un cuerpo a otro? Hasta alcanzar una purificación por saturación. Es decir, “cuando la acumulación de negatividad llega a su máximo con verdadera saturación de las faltas, adviene la salvación”. Por lo cual, para Carpócrates, la lujuria, el desenfreno, y otros actos cuestionados por la moral ascética serían, no un camino hacia el infierno, sino un atajo hacia la salvación.
El otro texto que acaba de aparecer en español, La potencia de existir, comienza con un extenso relato autobiográfico. En él se refiere Onfray a un tramo oscuro de su infancia transcurrido en un orfanato en el que fue depositado por sus propios padres. Durante los años en los que permaneció allí pudo conocer incontables injusticias, arbitrariedades, y abusos perpetrados en nombre de la moral. El hecho de que el texto se inicie con este relato es coherente con la idea de Onfray de la necesidad de rescatar el cuerpo y la biografía de los filósofos. El resto del texto está organizado temáticamente. Se compone de seis partes en las que el autor se ocupa de la metodología filosófica, la ética, la erótica, la estética, la bioética y la política. En ellos defiende una actitud ante los otros íntimamente ligada al cuidado de sí mismo: “El placer nunca se justifica si el precio es el displacer del otro (...) El regocijo del otro induce el mío; el disgusto del otro causa el mío”. En cuanto a la política, su postura hedonista y libertaria, deudora de un nietzscheanismo de izquierda, propone una “asociación de egoísmos” desde los que dar lugar a “la creación de sectores puntuales, espacios liberados y comunidades nómadas(...) Esas microsociedades electivas incitan las microrresistencias eficaces para ir en contra, al menos por el momento, de los microfascismos dominantes”. La creación y el funcionamiento de la Universidad Popular de Filosofía es una muestra del potencial de esta perspectiva política.
Hemos dicho que los textos de Onfray no requieren, para ser comprendidos, de un lector que sea especialista en filosofía. Pero esto no significa que puedan ser disfrutados por cualquier lector. Cada uno de sus libros desata una batalla entre quienes lo acusan de atentar contra valores ideológicos, morales o religiosos a los que consideran inconmovibles y quienes celebran su osadía filosófica. Situación que, después de todo, se asemeja a aquellas por las que atravesaron la mayor parte de los filósofos que el propio Onfray reivindica.

Gustavo Santiago

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