lunes, 15 de septiembre de 2008

Barbara Cassin: El efecto sofístico

El efecto sofístico
Por Barbara Cassin
Trad. Horacio Pons
Fondo de Cultura Económica
376 páginas



Es conocida la expresión de Alfred North Whitehead según la cual la filosofía occidental no es más que una nota a pie de página de las obras de Platón. Usualmente, la genialidad de Platón se ha visto tanto en la edificación de su filosofía como en la construcción del personaje emblemático del pensamiento filosófico griego: Sócrates. Pero no debería estimarse en menor medida la caracterización que el autor de La república realizó de los sofistas. En ellos encontró los mejores antagonistas de su héroe filosófico y en su práctica el necesario límite para demarcar las fronteras de la filosofía. Los sofistas fueron, en consecuencia, objeto de una triple impugnación: en el plano ontológico, se los acusó de no interesarse por el ser, sino por el no ser y las apariencias; en el ético-político, de no buscar la virtud, sino el poder; y en el lógico, de no aspirar a la verdad, sino a la persuasión.
A lo largo de la historia de la filosofía ha habido quienes han intentado operar un “rescate” de los sofistas. Pero, curiosamente, la mayor parte de ellos –de Nietzsche a Onfray- al reivindicar a los personajes desechados por Platón avalaron, inadvertidamente, los rasgos que él les había atribuido.
De ahí la importancia de un libro como El efecto sofístico, de Barbara Cassin. En él la investigadora francesa realiza una lectura de los textos de los propios sofistas e intenta, a partir de ellos, presentar otro modo de pensar que no sólo redefina a la sofística sino que alcance también a la filosofía.
El punto de partida –que perdura como trasfondo en todas las tesis que se van planteando en el texto – es la confrontación del Poema de Parménides con los fragmentos de textos del sofista Gorgias. Cassin muestra que a las tres tesis de Parménides en relación con el ser: "que es, que puede conocerse y que puede decirse", Gorgias responde: "no es, no puede conocerse, no puede decirse". Aquí encuentra la autora dos perspectivas rivales acerca de la relación entre ser y lenguaje. La de Parménides –y, con él, la que imperó desde Platón a Heidegger- es la ontología. En ella el lenguaje pretende aludir a un ser que se encuentra "más allá". Por su parte, desde la perspectiva de Gorgias –que es también la de Nietzsche, el pragmatismo y el psicoanálisis- a la que Cassin, tomando un término de Novalis, denomina “logología”, se afirma que el lenguaje no dice el ser, sino que lo produce: "el ser es un efecto del decir", sostiene la autora. Esto explica que los discursos de los sofistas puedan tener un efecto terapéutico, ya que "ponen en juego la fuerza del decir para inducir un nuevo estado y una nueva percepción del mundo". De modo que no sorprende que Cassin vincule al psicoanális con la sofística. En ambos se trata menos de encontrar "la" verdad que de producir "una" verdad que mejore la situación en que se encuentra un sujeto. Y tanto en uno como en otro, ese discurso que resulta fuente de alivio no sólo es valioso en términos terapéuticos sino, además, en un sentido económico. No se paga por la verdad -que tal como enfatiza Cassin "es impagable en todos los sentidos del término"- sino por la sustitución "de un estado menos bueno por uno mejor" gracias al trabajo del profesional de la palabra y el silencio.
También en el terreno político resultan significativas las diferencias entre la concepción platónica y la que surge de los textos de los sofistas. En Platón, la pluralidad se presenta subordinada a la unidad orgánica de la república y el consenso no es más que el resultado del sometimiento de las diferencias a la unidad. Al contrario, el consenso sofístico surge de la ariticulación de las diferencias. Por ello, podría decirse que en cierto modo el planteo sofístico es más democrático que el "filosófico". Cassin sigue aquí a Hannah Arendt, quien veía en el discurso socrático -al que, provocativamente, Cassin hace coincidir con el discurso sofístico, oponiéndolo al de Platón- un modelo en el que las diferencias no resultaban anuladas por la unidad sino que la constituían a partir de la riqueza de sus singularidades, abriendo así la posibilidad de plantear la pluralidad como condición de lo político.
La perspectiva logológica alcanza, además, a la literatura. Autores que tradicionalmente han sido señalados como cercanos a la filosofía, como Homero, Lewis Carroll o Borges, son considerados aquí como "hacedores de mundo", es decir, como sofistas.
Con Googléame. La segunda misión de los Estados Unidos, Barbara Cassin se dio a conocer como una lúcida crítica del presente. Por su parte, El efecto sofístico le permite exhibir sus dotes de investigadora de la historia de la filosofía. Pero esto no significa que abandone las referencias a nuestro tiempo. Con su trabajo no sólo consigue recuperar a figuras como Gorgias, Antifonte o Filóstrato, liberándolos de las lecturas teñidas de platonismo, sino que confiere actualidad a la perspectiva sofística, al proyectarla sobre la filosofía, el psicoanálisis, la política y la literatura contemporáneas.


Gustavo Santiago

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