jueves, 11 de diciembre de 2008

INTENSIDADES FILOSÓFICAS según TELAM

TELAM. Miércoles de 10 de Diciembre de 2008


Vida y filosofía, una relación posible

Es la propuesta del ensayista Gustavo Santiago, quien acaba de publicar "Intensidades filosóficas", una obra que pone en diálogo la producción de pensadores como Nietzsche o Deleuze con el placer, la ética, el lenguaje y otras cuestiones afines al mundo contemporáneo.

Por Julieta Grosso


Decidido a probar que la filosofía no es una disciplina fría y distante como la supone el imaginario popular, el ensayista Gustavo Santiago publicó "Intensidades filosóficas", una obra que pone en diálogo la producción de pensadores como Nietzsche o Deleuze con el placer, la ética, el lenguaje y otras cuestiones afines al mundo contemporáneo.

Ya desde el título -que le otorga a la filosofía la facultad de producir un plus "emotivo"- Santiago anticipa su intención de rescatar a esta disciplina del confinamiento académico y recuperarla desde una dimensión cotidiana que despierte eso "irritante, fascinante o indignante" que entra en juego cuando un lector se encuentra con un texto filosófico.

"Me pareció interesante hablar de intensidades en relación a la filosofía, un poco por contraste a esta época en la que se habla de vaciamiento de contenidos, pero también para romper esa cosa de que la filosofía es algo frío que se ocupa de cuestiones teóricas que no afectan a la vida, cuando es al revés: la filosofía tiene una intensidad para trasmitirle al lector que se atreva a meterse con ella", destacó el autor a Télam.

Editado por Paidós, el libro trabaja sobre algunos componentes vitales de la producción de cinco pensadores de la filosofía occidental: Sócrates, Epicuro, Spinoza, Nietzsche y Deleuze.

A Santiago, profesor de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, le gusta comparar su tarea con la de un electricista irresponsable "de esos que dejan cables pelados por todas partes".

"La mayor pretensión de este libro es que cuando el lector ponga los dedos sobre alguno de estos cables filosóficos reciba una descarga inolvidable", se ilusiona el autor en el prólogo.

En sintonía con la pretensión de no clausurar un incipiente interés por la filosofía, la aproximación a cada uno de los pensadores elegidos tiene rango fragmentario: ante del riesgo de generar un efecto de "saciedad" sobre la inquietud filosófica, Santiago optó por no abarcar la totalidad de la obra y apostó al recorte movilizante, por momentos desestabilizador.

Así ocurre, por ejemplo, en el capítulo dedicado a Nietzsche que aparece retomado no desde su variante mas estigmatizada -la que tiene que ver con los componentes destructivos de su filosofía- sino a partir de su poder creador.

"No desconozco el valor que tiene la filosofía más dura de Nietzsche porque me parece necesaria para marcar un territorio, pero creo que se lo empobrece cuando se lo reduce al martillo -explicó-. Nietzsche tiene toda una corriente, que es la que a él mismo más le interesaba, vinculada con la creación, la alegría y el crecimiento". "Para mí el punto de partida es el tema del nihilismo.

En ese sentido, la lectura que Gianni Vattimo hace de la obra de Nietzsche es reveladora y tiene un punto clave: asumir que la vida no tiene sentido y, en esa línea, rescatar la posibilidad de crear sentidos para nuestra vida", destacó Santiago.

¿Esta posibilidad que plantea Nietzsche de que cada individuo pueda asignarle un sentido particular a la vida resulta liberadora o, por el contrario, puede generar más angustia en una sociedad despojada de ideales "rectores"?

"Hay gente que se pasa muchos años buscando el sentido de la vida y no lo encuentra... porque indudablemente no lo tiene, pero esta certeza no tiene por qué producir angustia", señaló.

"Una vez que uno asume que no hay un para qué en el mundo, que no hay nada que tenga la obligación de hacer y descubrir, que no hay ninguna realización previa que lo esté esperando, tiene toda la posibilidad de decir `me hago cargo de mi vida y soy yo el que le voy a otorgar sentido`, indicó.

Santiago propone una serie de hipótesis arriesgadas con las que sortea los lugares comunes de los manuales de filosofía, pero además se encarga de trazar relaciones entre campos que a priori podrían parecer disociados, como la filosofía y el placer.

"Si en general no aparecen vinculados es porque hay una corriente de la filosofía que se concentró en el alma, el conocimiento y el intelecto: el cuerpo quedó afuera -analizó-. En el caso de los filósofos que trabajo (Epicuro, en cierto modo Spinoza, y sobre todo Nietzsche y Deleuze) el cuerpo les importó mucho. Y el cuerpo tiene que ver con el placer y el dolor".

"En ese sentido, la filosofía de Epicuro es una de las que mejor trabaja el tema del placer. Su descubrimiento es que el placer tiene un máximo y que lo que el hombre debe buscar es ese máximo, que no está en el desenfreno como tampoco lo está en la represión", apuntó el autor de "Filosofía, niños, escuela". "Lo que descubre Epicuro es que aquello que te proporciona placer en determinado momento, en cuanto se vuelve estable ese placer se anestesia.

Por eso propone hacer una incursión de placer y después bajar a otro estado cotidiano que sea más sencillo de manejar, algo así como acostumbrarse a una comida y bebida sencilla y cada tanto otorgarse una comida espectacular", agregó.

La reflexión sobre el placer conduce, inevitablemente, al pensamiento de Deleuze: "Deleuze, por ejemplo, plantea en una entrevista que el gran tema para el que le gusta el vino es determinar cuál es la ante última copa, antes de que la bebida se transforma en un anestésico o incluso en un padecimiento -indicó-. Es detectar el anteúltimo bocado después del cual el placer deja de cumplir esa función y se transforma en doloroso".

El autor traza un puente entre el concepto de placer acuñado por estos pensadores y las nuevas modalidades que asume el hedonismo en la sociedad contemporánea: "Epicuro dice que el placer es diferencial, porque siempre marca la diferencia entre un estado y un pico.

El incluso plantea bajar el piso para que el pico sea lo más intenso posible. La sociedad de consumo, por el contrario, lo que hace es subir el piso", criticó. "La sociedad de consumo es una trampa porque propone una clase de placer muy efímero: te comprás algo espectacular y lo disfrutás un día.

Al otro día ya eso se transforma en la normalidad y saltar a un pico de placer mayor se hace cada vez más complicado. Me parece que la noción de placer de Epicuro es mucho más sana y más factible", opinó Santiago.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Philippe Mengue: Deleuze o el sistema de lo múltiple

Publicada en ADNcultura diario La Nación el 06/12/08

Deleuze o el sistema de lo múltiple
Por Philippe Mengue
Traducción: Julián Fava y Luciana Tixi
Las cuarenta
320 páginas

Philippe Mengue es doctor en filosofía. Enseñó en la Universidad de Aix-Marseille y en el Colegio Internacional de Filosofía en París. Es especialista en Deleuze y Sade. Entre sus últimas obras se encuentran Pueblos e identidades (2008); La filosofía en la trampa de la historia (2004); Deleuze y la cuestión de la democracia (2003); El orden sadiano: Ley y narración en la filosofía de Sade (1996).

El libro está compuesto por dos partes convenientemente articuladas. En la primera de ellas el autor desarrolla algunos de los principales temas presentes en la obra de Deleuze, tales como la inmanencia, los agenciamientos, el deseo, la ética y las multiplicidades. En la segunda parte se ofrece un análisis de textos como Proust y los signos, Diferencia y repetición, El anti-edipo y Mil mesetas.

Quien hace su primer ingreso en la obra de Deleuze suele sentir la necesidad de alguien que lo acompañe en su travesía a través de los laberintos rizomáticos. El texto de Mengue aporta una doble orientación: conceptual y de contexto. Permite aproximarse a los conceptos clave de Deleuze y ubicarlos en el contexto de producción de su obra. Es un texto claro, riguroso, aunque por momentos teñido de un excesivo afán de sistematización.

Gustavo Santiago

miércoles, 3 de diciembre de 2008

INTENSIDADES FILOSÓFICAS en RADAR LIBROS de PÁGINA 12



Domingo, 30 de Noviembre de 2008

Con los cables pelados
Por Mariano Dorr

Intensidades filosóficas
Gustavo Santiago
Paidós
216 páginas

En la Presentación de este impactante y breve recorrido por algunas de las “zonas de intensidad” de Sócrates, Epicuro, Spinoza, Nietzsche y Deleuze, el autor nos invita a comprometernos con una “lectura amorosa” o “lectura en intensidad”, citando la Carta a un crítico severo de Gilles Deleuze: “Algo pasa o no pasa. Es una especie de conexión eléctrica”. En primer lugar, un texto funciona o no funciona; inmediatamente nos preguntamos, ¿cómo funciona este texto? Habrá que pelar algunos cables para averiguarlo. Si nos asumimos a nosotros mismos como un flujo de otras corrientes e intensidades, no vacilaremos ante el peligro explícito de un falso contacto: “Nuestra labor se asemeja a la de esos electricistas irresponsables que dejan cables pelados por todas partes. La mayor pretensión de este libro es que cuando el lector ponga los dedos sobre algunos de estos cables filosóficos reciba una descarga inolvidable”, escribe Santiago. De lo que se trata (y es allí donde se justifica la elección de estos autores), es de generar buenos encuentros, buenas conexiones entre un libro y su lector, y por supuesto, entre lectores y lectores. Por eso, Intensidades... es tanto una breve introducción a la ética como una introducción a la experiencia de la lectura (de Deleuze).
Gustavo Santiago (profesor de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y autor de Filosofía, niños, escuela, entre otros textos) transita la obra de sus cinco filósofos de un modo ameno, sin la intención de “explicarlos” sino, más bien, de facilitarle el acceso al lector no avezado en filosofía. Una cuestión que insiste a lo largo del libro es la temática del poder y la potencialidad: qué puedo y qué no puedo. A propósito de lo que llama los tres “lemas de Sócrates: conócete, ocúpate, obedécete”, Santiago nos anima a iniciar el trabajo apolíneo de conocernos a nosotros mismos, lo que nos permitiría reconocer nuestro campo de acción, “a qué puedo aspirar”. Otro autor o “personaje filosófico” del libro, Spinoza, desarrolló la noción de “potencia” de modo tal que sigue siendo un concepto clave en la filosofía política actual (Toni Negri). Santiago escribe bellas páginas sobre el concepto spinoziano: “¿En qué se diferencian dos seres humanos? En lo mismo en que se diferencia un hombre de un gato o de una lamparita. En lo que pueden”. Y un poco más adelante, escribe: “La pregunta ¿qué soy? tiene una simple respuesta: soy lo que puedo”. Pero, justamente, no sabemos exactamente de qué somos capaces... hasta que lo comprobamos. Spinoza hizo célebre estas palabras: “Nadie sabe lo que puede un cuerpo”.
El capítulo sobre Nietzsche es especialmente intenso. La sencillez de Santiago no impide el desarrollo de las más complejas ficciones nietzscheanas; las tres transformaciones del inicio del Zarathustra, la filosofía del martillo, la muerte de Dios, el superhombre, el eterno retorno y la voluntad de poder son abordados en poco más de cuarenta páginas. ¿El resultado? Dan muchas ganas de leer a Nietzsche. Precisamente, como apéndice, aparecen unas “Sugerencias bibliográficas”, donde Santiago sigue orientando en la lectura de sus filósofos. A propósito de Deleuze, escribe: “Quien quiera hacer una experiencia conmocionante, puede arrojarse a Mil mesetas, recordando que no se trata de entender, sino de conectar, de dejar que circulen intensidades”. Y la verdad es que funciona; es terminar de leer Intensidades filosóficas para salir en busca de aquel otro libro de Deleuze y Guattari, donde desde el título mismo se preguntaban lo que Santiago responde con admirable simpleza: ¿Qué es la filosofía?