sábado, 3 de enero de 2009

FOUCAULT 4 textos

EL ULTIMO FOUCAULT
Tomás Abraham-(comp.)-(Sudamericana)

DISCURSO Y VERDAD EN LA ANTIGUA GRECIA
Por Michel Foucault-(Paidós)-

EL VOCABULARIO DE MICHEL FOUCAULT
Por Edgardo Castro-(Universidad Nacional de Quilmes - Prometeo)

EL INFRECUENTABLE MICHEL FOUCAULT
Didier Eribon-(comp.)-(Letra Viva - Edelp)


"A Foucault nunca se lo contemplaba exactamente como a una persona. Incluso en algunas ocasiones intrascendentes, cuando entraba en una habitación, se producía como un cambio de atmósfera, una especie de acontecimiento". Con estas palabras recuerda Deleuze a Foucault en una entrevista, poco tiempo después de su muerte. Transcurridos veinte años, ¿qué fue de aquel acontecimiento-Foucault?

A juzgar por la circulación de sus textos, por la publicación de inéditos (fundamentalmente cursos y entrevistas) y por la bibliografía secundaria que generan, su intensidad no ha decaído. Como muestra de ello recorramos algunos de los textos más recientes.

En primer lugar, un texto de Foucault. Se trata, en rigor, de un curso -el último que dictó- que tuvo lugar en la Universidad de California, en Berkeley, a fines de 1983. En él se ocupa de la parresía en la Grecia clásica y helenística.

El término parresía deriva de parresiazesthai , "decir todo". Así, "el parresiasta -afirma Foucault- es alguien que dice todo lo que tiene en mente: no oculta nada, sino que abre completamente su corazón y su mente a otras personas mediante el discurso". Pero, además, ese discurso implica un riesgo ya que parresiasta es alguien que se encuentra en inferioridad, en cuanto al poder, en relación con su interlocutor. El peligro se acrecienta porque "la función de la parresía no es demostrar la verdad a algún otro, sino la función crítica". No obstante, el parresiasta no duda: para él ejercer la crítica con la verdad es una obligación. Y no sólo una obligación para con los otros sino, fundamentalmente, para consigo mismo: "se prefiere a sí mismo como un decidor de verdad en vez de como un ser viviente que es falso para sí mismo".

Luego de analizar los usos del término en Eurípides (especialmente en la obra Ion), Foucault se concentra en la parresía filosófica y la vincula con el "cuidado de sí". El primer modelo de filósofo parresiasta es Sócrates. En Laques, de Platón, sus interlocutores reconocen que hay una relación armónica entre las palabras y las acciones de Sócrates, que en sus discursos y diálogos hay una auténtica puesta en acto de la parresía: "El objetivo de la actividad parresiástica de Sócrates es conducir al interlocutor a elegir la clase de vida (bios) que estará en concordancia de armonía dórica con el logos, la virtud, la valentía y la verdad". Sócrates, entonces, con el discurso parresiástico, le revela a su interlocutor la verdad sobre sí mismo y pretende ayudarlo a encontrar la mejor vida que esté a su alcance. Si en Sócrates la parresía adquiere un estatus propiamente filosófico, es porque se vincula con una ética del cuidado de sí mismo.

Tras Sócrates, Foucault encuentra tres tipos de prácticas parresiásticas filosóficas: las que se realizan en pequeñas comunidades (epicúreos); las que tienen que ver con relaciones privadas personales (estoicos) y aquellas que se relacionan con la vida pública (cínicos). Particular atención presta Foucault a tres prácticas frecuentes en los cínicos: los sermones críticos, los comportamientos escandalosos y los "diálogos provocativos". Allí la parresía aparece con toda la dureza de una crítica frontal y peligrosa, a través de la cual el filósofo intenta "que el interlocutor interiorice esta lucha parresiástica, para luchar en sí mismo contra sus propios defectos y comportarse consigo mismo de la misma manera que Diógenes se comportaba con él".

Una curiosidad en relación con este curso para los lectores de habla hispana es que puede conseguirse en dos traducciones recientes: acaba de publicarse en editorial Paidós con el título de Discurso y verdad en la antigua Grecia, traducido por Fernando Fuentes Megías, y había aparecido unos meses atrás en Editorial Sudamericana, con traducción de Felisa Santos, dentro del libro Tomás Abraham presenta: El último Foucault. Más que por las traducciones, ambos libros se diferencian por los textos que acompañan el curso de Foucault. Mientras que el de Paidós cuenta con un breve prólogo, el de Sudamericana incluye extensos y esclarecedores ensayos sobre el pensamiento foucaultiano a cargo de Tomás Abraham, Christian Ferrer, Felisa Santos, Mónica Cabrera y Marcelo Pompei.

Si pasamos a los textos que se ocupan de la obra de Foucault, sin dudas el libro más importante, un auténtico "imprescindible", es El vocabulario de Michel Foucault, de Edgardo Castro. Se trata de un voluminoso trabajo en que el autor despliega los conceptos fundamentales de Foucault, los ubica en relación con su contexto de producción y los expone críticamente. Algo que fascina desde el primer momento es el aspecto de completud -aunque fragmentada- que posee el texto. Realmente parece imposible hallar un término significativo en el trabajo de Foucault que no haya sido incluido en el vocabulario. Al mismo tiempo, la precisión en las referencias bibliográficas apabulla tanto como entusiasma. "No se trata de un índice -aclara Castro en la Introducción-, sino más exactamente de un vocabulario. No sólo refiere dónde aparece cada término en los escritos de Foucault; quiere ofrecer además una indicación (a veces sucinta, a veces extensa) de sus usos y contextos [...]. No se trata, entonces, de una exposición del pensamiento de Foucault, sino de un instrumento de trabajo". Sin embargo, y afortunadamente, en algunos artículos extensos Castro arriesga interpretaciones y cede a la tentación de explicar. Más allá de las advertencias del autor, el texto quiere ser también un libro para ser leído y no sólo una herramienta.

Otro libro interesante es El infrecuentable Michel Foucault, que recoge las ponencias presentadas por un grupo de notables intelectuales contemporáneos en un coloquio convocado en junio de 2000 por Didier Eribon. Son quince textos que logran producir una suerte de mosaico con el que se compone una imagen bastante definida de Foucault. Pero, al mismo tiempo, y por tratarse de autores que antes que "expertos" en Foucault son foucaultianos, evitan producir un "Foucault total". En este sentido, cada pequeño mosaico es aportado desde una asumida parcialidad que deja traslucir, también, la pretensión de aportar algunas líneas de continuidad respecto del trabajo de Foucault.

Quizá los artículos más destacables sean los de Didier Eribon y Paul Veyne. El primero traza un furioso mapa de la recepción de la obra de Foucault. Con énfasis de devoto partidario, recuerda los intentos de "expulsión" intelectual que en Francia se hicieron del pensamiento de Foucault y denuncia su actual prolongación en el ataque a los intelectuales comprometidos y críticos. En un tono mucho más sereno, Paul Veyne desarrolla los principales conceptos de Foucault y marca proximidades y distancias en relación con ellos. Completando el "mosaico Foucault", Denise Riley lo lee desde su militancia feminista y David Halperin, desde su lugar de referencia entre los intelectuales homosexuales; Philippe Artières se ocupa de la actualidad de las luchas en las prisiones; Pierre Lascoumes, del discurso del poder en el ámbito de la salud; Marcela Iacub de la relación entre biopolítica y biotecnología; Pierre Bourdieu y Jacques Bouveresse del conocimiento, la objetividad imposible y el compromiso de los intelectuales.

También se han publicado recientemente San Foucault, de David Halperin, Foucault y la fenomenología, de Cristina Micieli y Michel Foucault. Glosario epistemológico, de Sergio Albano.

En la entrevista que mencionamos al comienzo, Deleuze sostuvo que Foucault "era un conjunto de intensidades. A veces le irritaba ser así, provocar este efecto. Pero toda su obra se alimenta de ello. Lo visible en él son los centelleos, los reflejos, los relámpagos, los efectos luminosos". Foucault-acontecimiento. Veinte años después, igualmente intenso, decididamente vivo.

Gustavo Santiago

(Publicado en La Nación el Domingo 5 de setiembre de 2004)

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