sábado, 3 de enero de 2009

FOUCAULT 3 textos

Entrevistas con Michel Foucault
Por Roger-Pol Droit
(Trad. Rosa Rius y Pere Salvat)
Paidós
(128 p.)

Seguridad, territorio, población.
Por Michel Foucault.
(Trad. Horacio Pons)
Fondo de Cultura Económica
(488 p)

Marx y Foucault
Varios Autores
(Trad. Heber Cardoso y Elena Marengo)
Nueva Visión
(128 p.)


El 15 de Octubre de 2006 Michel Foucault hubiera cumplido ochenta años. No son pocos los filósofos que a esa edad continúan exhibiendo su vitalidad publicando textos, dictando cursos, concediendo entrevistas. Tal como lo hace Foucault, según lo indican tres textos aparecidos recientemente.

La vitalidad del hombre inquieto. Entrevistas con Michel Foucault, de Roger-Pol Droit, contiene tres entrevistas y un breve ensayo en el que el autor presenta una semblanza biográfico filosófica de Foucault. Las entrevistas fueron grabadas entre enero y junio de 1975 es decir, bajo la estela de la publicación de Vigilar y castigar. De ahí que en ellas, particularmente en la primera, haya continuas referencias al poder carcelario, a la disciplina, al cuerpo atravesado por las relaciones de poder. En la segunda entrevista, uno de los temas abordados es la distinción entre lo filosófico y lo no filosófico. Foucault justifica allí su distanciamiento de la filosofía tradicional, a la que opone el estudio de “objetos tan irrisorios como los informes policiales, las medidas de internamiento, los gritos de los locos” y, al mismo tiempo, la lectura de filósofos situados “en el borde exterior” de la filosofía, como Nietzsche, Bataille, Blanchot y Klossowski, en los que dice haber encontrado “alguna cosa que a un mismo tiempo partía de la filosofía, la ponía en juego y la cuestionaba, después salía de ella y volvía a entrar (...) Esas idas y venidas alrededor del muro de la filosofía hacían permeable –y finalmente irrisoria- la frontera entre lo filosófico y lo no filosófico”.
En la última de las entrevistas, Roger-Pol Droit intenta la empresa imposible de encasillar a Foucault. Se empeña en definirlo como filósofo, historiador, pensador de izquierda no marxista, escritor, adversario de Sartre. Sabe que a Foucault le molesta esa pretensión de apresarlo, pero insiste en ello. Foucault aprovecha cada pregunta para responder evasiva pero inteligentemente. En un momento aclara por qué lo hace: “Pienso que la identidad es uno de los primeros productos del poder, de ese tipo de poder que conocemos en nuestra sociedad. Creo mucho en la importancia constitutiva de las formas jurídico-político-policiales de nuestra sociedad”. La única definición que acepta es la de “artificiero”, fabricante de herramientas útiles, aunque no exentas de belleza. Al escribir, sostiene, “se trata de que lo dicho resulte absolutamente transparente, dotándolo de una especie de fulgor que provoque en el lector deseos de acariciar el texto y de utilizarlo, de repensarlo y de volver a él una y otra vez. Ésta es mi concepción moral del libro”.
Del texto introductorio se destacan los pasajes que muestran un Foucault inquieto, espontáneo, alegre, vital. Roger-Pol Droit lo recuerda llegando a la entrevista en bicicleta, esbelto, ágil, dando “una constante impresión de libertad”.

La vitalidad del investigador. Seguridad, territorio, población, es la trascripción del curso dictado por Foucault en el Collège de France en 1978. Se trata de un curso capital para comprender el desarrollo del pensamiento de Foucault en torno al poder.
El texto podría dividirse en cuatro tramos. En el primero de ellos, que abarca las tres primeras clases, se anuncia que el curso se centrará en el estudio del biopoder, es decir, en “el conjunto de mecanismos por medio de los cuales aquello que en la especie humana constituye sus rasgos biológicos fundamentales podrá ser parte de una política, una estrategia política, una estrategia de poder”. Para ello, Foucault decide explorar los dispositivos de seguridad ligados a los espacios -en particular, a la ciudad-, a los acontecimientos aleatorios, y a la normalización. El segundo tramo –cuarta y quinta clases- es, sin dudas, el más importante para el curso. En él el camino sereno que se había delineado estalla. Hasta tal punto que Foucault confiesa que no conservaría ni siquiera el título del proyecto inicial. ¿Qué es lo que sucede en esas dos clases? Que Foucault se ve llevado a tratar el problema de la emergencia de la “población” en la consideración política y, así como considera que dicha irrupción transforma el arte de gobernar vigente hasta entonces, su conceptualización transforma el plan de trabajo trazado para el curso. Con la población aparece el nuevo gran tema la “gubernamentalidad”, término con el que alude, principalmente, al “conjunto constituido por las instituciones, los procedimientos, análisis y reflexiones, los cálculos y las tácticas que permiten ejercer esa forma bien específica, aunque muy compleja, de poder que tiene por blanco principal la población, por forma mayor de saber la economía política y por instrumento técnico esencial los dispositivos de seguridad”.
En la quinta clase, cuando todo hace prever que el tema alcanzará su punto culminante, Foucault comienza anunciando que se siente mal. Retoma, no obstante, los planteos de la clase anterior, pero los desarrolla brevemente y luego, tras disculparse diciendo “estoy verdaderamente molido”, decide interrumpir la clase.
El tercer tramo del curso –de la sexta a la novena clase- se inicia con una advertencia: “No tomen por moneda contante y sonante todo eso, esas reflexiones sobre la gubernamentalidad (...) No es un trabajo consumado y ni siquiera hecho, es un trabajo que se está haciendo, con todo lo que ello puede entrañar, desde luego, de imprecisiones, hipótesis y, en fin, pistas posibles, para ustedes, si quieren, y tal vez para mí”. En estas clases Foucault va a adentrarse en el arte de gobernar, con particular atención en el gobierno pastoral, temas que ya había abordado en el curso de 1975. Si bien aquí los resitúa y amplía, quizá lo que le está sucediendo a Foucault es que no termina de encontrar el camino para desplegar el potencial anunciado en las clases 4 y 5 y necesita tomarse un respiro para poder hallarlo.
Finalmente, tras un análisis del pastorado llega al tramo final del curso –de la clase 9 a la 13- en el que hace su aparición el Estado, tópico que siempre le generó conflictos. Contrario a una subordinación de todo análisis al supuesto “poder del Estado” –que implicaría, además, invalidar gran parte de sus trabajos anteriores-, lo que Foucault intenta, es aplicarle al Estado la misma perspectiva que puso en juego en el estudio de las prisiones, los hospicios, etc. La pregunta que reorienta su trabajo es: “¿Se puede hablar de una ‘gubernamentalidad’, que sería para el Estado lo que las técnicas de disciplina eran para el sistema penal, lo que la biopolítica era para las instituciones médicas?”.


La vitalidad de las ideas. Marx y Foucault es el título de una compilación de artículos que formó parte de un número especial de la revista Actuel Marx, en ocasión de los veinte años de la muerte de Foucault. En ellos prevalece, por encima de la referencia complaciente, el análisis, la confrontación, el esfuerzo por ir más allá del propio Foucault. No se reproduce a Foucault, se trabaja con él. En este sentido, el texto más destacado es el de Guillaume Le Blanc, quien aborda la relación entre afecciones sociales y construcción de la subjetividad. El autor distingue dos modos de concebir esa relación: aquel en el que se insiste en una afección exterior del poder sobre el sujeto (aquí ubica Le Blanc a Louis Althusser y al Foucault de Vigilar y castigar) y aquel en el que el acento se coloca en el sujeto y en su adhesión al sometimiento (perspectiva aportada por Judith Butler). Le Blanc se detiene en las posibilidades de resistencia que surgen de ambas posiciones y llega a la conclusión de que mientras que en Foucault lo máximo que puede producirse es la indignación, en Butler el sujeto puede avanzar hacia una afección más activa, “la rabia”, en la que “no se trata de liberar a los sujetos del poder, liberación imposible, como en Foucault, sino de (...) mediante un procedimiento de furia, romper con la melancolía y el tipo de autopunición que implica, reapropiándose de la agresión al servicio del propio deseo de vivir (...) La rabia de Butler prolonga la indignación de Foucault”.
En otros textos del volumen, Bob Jessop confronta a Foucault con Nikos Poulanzas e intenta mostrar que –más allá de la dureza de las críticas de Poulanzas a Foucault- hay toda una zona común en la que sus posiciones están muy cerca; Thomas Lemke, realiza un recorrido minucioso por la conceptualización foucaultiana de la política y el poder; Stéphane Legrand plantea posibles encuentros entre el pensamiento marxista y el foucaultiano.

Suele asociarse a la muerte con el silencio, la quietud, el olvido. Nada de eso parece haber afectado a Foucault. Sus ochenta años lo encontrarán publicando nuevos textos, dictando cursos, prestándose a polémicas. Vital, como siempre.

Gustavo Santiago

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