domingo, 8 de febrero de 2009

Alain Badiou: Lógicas de los mundos

El retorno de la modernidad
Por Gustavo Santiago

Lógicas de los mundos
Por Alain Badiou
Manantial

Quienes hayan tenido la posibilidad de asistir a alguna de las conferencias o seminarios que Alain Badiou (Rabat, 1937) ha dado en los últimos años en la Argentina sobre filosofía, cine, teatro, política o psicoanálisis, no ignoran que el filósofo francés es un gran orador: es claro, ameno, sabe cuándo introducir un ejemplo, cuándo insertar una anécdota personal que despierte una sonrisa en su auditorio. Quienes hayan intentado leer su trabajo principal, El ser y el acontecimiento , habrán comprobado lo contrario. Se trata de un texto denso, arduo, que a las complicaciones de una jerga verbal por momentos impenetrable agrega las del lenguaje matemático, que introduce sus propias dificultades. Sin embargo, aquellos que hayan perseverado en la lectura poco a poco habrán comenzado a ver que la enorme distancia que parecía haber entre los textos y las conferencias de Badiou no era tal. Que en sus libros más complejos decía lo mismo que en sus conferencias más atractivas. La gran diferencia es que en sus textos Badiou no sólo expone los resultados de su investigación, sino que demuestra -en el sentido más fuerte del término- cada una de sus conclusiones. Si bien cuando brinda conferencias o entrevistas Badiou puede ser (mal) interpretado como un intelectual mediático más, cuando escribe requiere ser abordado como lo que es: el último gran filósofo de la modernidad. Sus obras tienen mucho más que ver con los grandes tratados modernos, como la Lógica de Hegel o El ser y la nada , de Jean-Paul Sartre, que con los textos breves y ligeros que abundan en nuestros días.
Lógicas de los mundos es la esperada segunda parte de El ser y el acontecimiento , escrita casi veinte años después que aquél. Según Badiou, la relación entre ambos textos es semejante a la que existe entre la Ciencia de la Lógica y la Fenomenología del Espíritu , de Hegel.
En El ser y el acontecimiento , Badiou se había ocupado especialmente del ser como tal. Por ello la matemática cobraba un protagonismo fundamental, ya que para el pensador la matemática es la disciplina que se ocupa del ser como ser, es decir, de la ontología. Hablar del ser sin propiedades es pensar en términos matemáticos. También allí se introducían las nociones de "acontecimiento" y "verdad". Un acontecimiento es algo que irrumpe en una situación dada y que, si encuentra sujetos que le sean fieles, logra transformarla. Esa irrupción está ligada a la aparición de una verdad ("toda verdad es huella de un acontecimiento") que, como tal, tiene un aspecto particular -en la medida en que surge en un contexto determinado y es afirmada por sujetos particulares- y uno universal, ya que sus efectos conciernen a todos. Para Badiou las verdades surgen a partir de cuatro procedimientos: el amor, la ciencia, el arte y la política.
En Lógicas de los mundos retoma, con mínimas variaciones, esos planteos, aunque desplazando su perspectiva de la matemática a la lógica. Pero no la lógica entendida en el sentido formal más habitual, sino en un sentido próximo al de Hegel, como aquello que piensa "el aparecer" y que permite establecer, entonces, qué es el mundo, qué son los objetos, cuáles son las relaciones entre ellos. Para llevar adelante esta tarea, Badiou establece una confrontación entre dos tipos de materialismo: el del "Materialismo democrático" y el de la "Dialéctica materialista". El materialismo democrático es el materialismo sensualista y consumista imperante en la actualidad, desde el que se dice defender el diálogo abierto con "el otro", pero que, en los hechos, termina siendo un diálogo limitado al "nosotros" de los que tienen el poder económico y militar. Sobre quien piensa realmente diferente no se aplica la tolerancia, sino el "deber de injerencia" con el que se "corrigen" sus alarmantes desvíos de la norma igualitaria. En ese materialismo se pone el acento en el cuerpo y sus goces individuales, se postula una vida perdida en un presente carente de sentido y se reduce el pensamiento a un simple cálculo para administrar lo dado. Por su parte, la dialéctica materialista que propone Badiou, sostiene la necesidad de "vivir por una Idea", defendiendo las verdades universales surgidas de las huellas de los acontecimientos particulares y creando el presente desde la perspectiva de eternidad de dichas verdades. Vivir por una Idea no implica someterse a ella sino experimentar una vida que "es, según el tipo de verdad del que se trate, alegría, felicidad, placer o entusiasmo". La vida resulta, entonces, una apuesta, una creación continua de presente. Pero esa creación debe ser llevada a cabo por un sujeto (en rigor, por un "formalismo subjetivo soportado en un cuerpo") que sea fiel a la verdad. Ante el escepticismo desencantado que, debido a su impotencia para darle un sentido a la vida, se pierde en un hedonismo consumista, Badiou insiste: "Estamos abiertos a la infinidad de los mundos. Vivir es posible. En consecuencia, (re)comenzar a vivir es lo único que importa".
Lógicas de los mundos es, como El ser y el acontecimiento , un libro que requiere un gran esfuerzo de lectura, pero que, al igual que aquel, compensa ese trabajo con tesis potentes y desarrollos inteligentes. Consciente de la dificultad que puede representar para un lector común seguir sus argumentos y demostraciones, Badiou incluyó en el libro varios apéndices, entre ellos un pequeño vocabulario y una exposición sintética de los enunciados clave del texto.

(Publicado en ADNcultura, La Nación, el 07/02/09)

No hay comentarios:

Publicar un comentario