martes, 7 de diciembre de 2010

XV Congreso Nacional de Filosofía

Estimadas/os: Les cuento que desde este Lunes 6 de Diciembre se está desarrollando el XV Congreso Nacional de Filosofía organizado por AFRA. Se hace en la Facultad de Derecho (Figueroa Alcorta 2263). La información de todas las ponencias y mesas la pueden encontrar en la página de los organizadores: http://www.afra.org.ar/

Yo voy a estar el viernes, en un foro curiósamente titulado: "La filosofía y sus afueras". Les copio la información de ese foro y el siguiente. Puede resultar interesante.

17.15 – 18.30 hs - Auditorium
FORO La filosofía y sus afueras - Gonzalo Álvarez (Pte. de Eudeba), Manuel Berrón
(Comité Editorial FHUC-UNL), Ariel Pennisi (Colección Pensamientos Locales – Editorial
Quadrata), Gustavo Santiago (Suplemento ADN Cultura – Diario La Nación),
Glenda Satne (Serie Filosofía – Editorial Grama).

18.30 – 20.30 - Auditorium
FORO Ensayo, política y filosofía local: lógicas de la intervención - Tomás Abraham
(UBA), Samuel Cabanchik (UBA-Conicet), Christian Ferrer (UBA), Horacio Gonzalez
(Dir. Biblioteca Nacional - UBA).
Coordina: Alejandro Boverio (UBA).

viernes, 26 de noviembre de 2010

El tiempo (casi) desesperadamente

El tiempo pasa, y nos vamos poniendo... ¿filosóficos?
Para averiguarlo, los invito a nuestro último seminario 2010,en el que nos ocuparemos del TIEMPO.Pero no del tiempo en tanto que abstracción, sino del tiempo VIVIDO.TIEMPO, VIDA, RELATO, MEMORIA como conceptos entrelazados que hacen a nuestra experiencia.

Lo haremos en TRES ENCUENTROS (no son cuatro, por cuestiones de tiempo -para terminar a mediados de diciembre, antes de las últimas semanas).
INICIO: MARTES 30 DE NOVIEMBRE (sí, el próximo martes)
Hay DOS HORARIOS disponibles: los MARTES de 14 a 15:30hs (siestero), y los MARTES de 20 a 21:30hs. (nocturno)
LUGAR: Mi estudio,Zona Alto Palermo.
Es una actividad arancelada.
Por favor, CONFIRMAR A LA BREVEDAD (no sólo es corto el tiempo, también es chico el espacio)
Abrazo,GUSTAVO SANTIAGO

viernes, 19 de noviembre de 2010

COMENTARIOS segundo cuatrimestre 2011

Acá pueden dejar los comentarios de la materia. Serán bienvenidos tanto las críticas -para ver qué habría que cambiar-  como los elogios -para ver qué mantener-. Pido que no sean anónimos y que me aclaren si quieren que los vea yo solo o que los publique.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Tecnología y educación

Para que se diviertan un rato. Es un pedacito de mi conferencia en un reciente congreso de educación en Rosario. Les cuento el contexto. Antes de mi intervención hubo una mini mesa redonda en la que dos "especialistas en tecnología escolar" hicieron su elogio de la tecnología en la escuela. Uno de ellos llegó a decir que con una computadora por chico se va a solucionar la deserción escolar, y que ya no habrá problemas de desatención. Ambos coincidían en el carácter irrevocable del "progreso tecnológico". A pesar de que mi tema no era exactamente este, no pude resistirme a decir algunas palabras...

http://www.youtube.com/watch?v=bcBFAsmaAfQ

domingo, 14 de noviembre de 2010

Entrevista Agnes Heller

Agnes Heller
El arte, un fin en sí mismo

La filósofa húngara habla de su vida y de la noción de dignidad de la obra artística, imprescindible, a su juicio, para comprender la producción contemporánea

Publicado el Viernes 12 de noviembre de 2010 en ADNculura

Por Gustavo Santiago
Para LA NACION


Agnes Heller (Budapest, 1929) es una de las mayores pensadoras que dio el siglo XX. Su trayectoria como filósofa se inició en la Escuela de Budapest comandada por György Lukács. Pero pronto Heller pudo desarrollar un pensamiento singular. Sus trabajos sobre ética, política, filosofía de la historia y estética han sido objeto de un amplio reconocimiento internacional. No menos conocidas son sus experiencias de vida, que la llevaron a enfrentar el horror del nazismo y la persecución del estalinismo.

-Cuando se menciona su nombre, se lo hace por su obra. Pero también surgen alusiones a su vida.

-He contado mi vida en un libro publicado en Hungría, en Holanda y en Alemania, cuyo título es Un mono en bicicleta . Cuando tenía trece años estaba enamorada de un chico que tenía quince. Me acompañó a casa, y tuvimos una discusión. Cuando llegamos me dijo: "Qué inteligente que sos, siendo una mujer". Fue como si me dijera: "Sos un mono, pero qué bien andás en bicicleta". Por eso el título del libro, que dice mucho sobre un aspecto de mi vida.

-¿Cuáles serían los otros aspectos?

-Ser una sobreviviente. Siendo una niña pasé el Holocausto. Mi padre fue asesinado en Auschwitz, y yo estuve ante el pelotón de fusilamiento. Pero tuve una "segunda vida" que llega hasta hoy. Es como un regalo, porque debí haber muerto cuando tenía catorce años. Pero tengo ochenta y uno. Y eso me hace sentir muy afortunada.

-Pero usted pasó por momentos difíciles. Pocas personas considerarían a eso tener buena suerte.

-Todos podemos tener momentos desgraciados. Pero yo tuve buena fortuna, porque pude hacer algo con esos momentos desgraciados. Cuando tenía 18, por casualidad, fui a una clase de György Lukács; ese "accidente" cambió mi vida, ya que sin él no me habría vuelto filósofa. Luego tuve suerte de vivir en Hungría en 1956, durante la revolución húngara, mi experiencia política más grande. Allí fui despojada de todas mis posesiones, perdí mi trabajo en la universidad. Y fui suficientemente afortunada como para ver que quienes habían sido mis amigos me daban la espalda en la calle. Tuve suerte como para ir al infierno. Cuando uno es tirado por sus hermanos, abandonado como un objeto, surge la posibilidad de ser uno mismo.

-Finalmente, la salida apareció.

-Así es. Fue el momento en el que con un grupo de amigos formamos "la escuela de Budapest". Allí discutíamos sobre textos, sobre nuestros problemas, leíamos nuestros trabajos, nos criticábamos mutuamente. Pude vivir en una magnífica comunidad humana. Luego aparecieron las posibilidades de dar conferencias, mis libros se tradujeron y eso me permitió ser conocida en distintos lugares del mundo. Al principio no podía dar un paso fuera de Hungría, un país muy provinciano, en medio de una dictadura totalitaria. Pero tuve la suerte de tener que irme, como exiliada, primero a Australia y finalmente a Nueva York. En toda vida hay sufrimiento. Sin esto no hay vida humana. Pero en mi caso, la buena suerte prevaleció.

-En cuanto a su producción, usted ha abordado problemas de diversas ramas filosóficas, como la estética, la política, la ética, la filosofía de la historia. ¿Cómo fue ese recorrido?

-Cuando era joven, escribí el libro sobre la vida cotidiana. Fue bajo la influencia de lo que me afectaba en ese momento: "¿Cómo se puede poner un fin a la alienación?". También me dediqué a la estética, pero la abandoné. Una razón era personal: Lukács trabajaba en estética y, aunque yo adoraba a mi profesor, no quise ser una simple "seguidora". Quería hacer algo por mí misma. El interés por la política viene de la experiencia de guerra, de la primera experiencia de Auschwitz. Allí surgieron planteos éticos: "¿Cómo puede la gente hacer tal cosa?"; o de filosofía de la historia: "¿Cómo pueden existir las condiciones que permitan que la gente mala tenga un rol protagónico?". Estas fueron las dos preguntas con las cuáles empecé a pensar la ética y la filosofía de la historia. No hice filosofía política, porque era imposible en Hungría. No sólo hubiera perdido mi trabajo, hubiera ido a prisión. Nunca fui cobarde, pero tampoco me gusta tentar al destino.

-En sus últimos años se percibe un retorno a la estética. ¿Por qué se produce este regreso?

-Volví a la estética hace quince años. En ese momento tuve la impresión de que ya había dicho todo lo que podía decir sobre ética y filosofía de la historia. Por eso quise hacer otra cosa. Es un regreso pero desde una perspectiva completamente diferente.

-Uno de los puntos centrales de ese trabajo es la distinción entre "autonomía" y "dignidad" en relación con el arte.

-Así es. Planteo que el concepto de "autonomía" se ha desdibujado en la filosofía del arte y que difícilmente pueda hacer una contribución significativa para la comprensión contemporánea de la obra de arte, mientras que la concepción de "dignidad" de la obra de arte puede hacer una importante contribución en este sentido.

-¿Cuáles serían los aspectos problemáticos de pensar el arte desde la noción de autonomía?

-Mi punto de partida es la alta modernidad y sus teorías. Si uno habla del "Arte" -con mayúscula-, se puede sostener que se trata de una esfera separada. Esto significa que la esfera del arte se emancipa de la religión, de la política, y saca su valor, únicamente de sí misma. Pero si se sostiene que es una esfera autónoma, se está obligado a enumerar o indicar las normas o reglas que deben ser seguidas en esta esfera, que la van a diferenciar de las demás. El problema es que parecería que la esfera del arte necesitara tener normas comunes y reglas, sin tomar como diferencia a qué rama o a qué género pertenecen las obras: edificios, pinturas, óperas, canciones o cuentos.

-Puede hablarse de una liberación del arte, pero también de nuevas formas de sometimiento.

-Esto llegó a aterrorizar a los artistas. Lucian Freud cuenta que sentían terror en relación con los museos, terror a los historiadores del arte, a las galerías. No se podía exhibir una pintura figurativa, pero tampoco una novela que tuviera una historia, personajes, porque era considerada kitsch . Esto era algo muy serio, porque todo tipo de medios, géneros y de obras eran evaluados y juzgados por las mismas normas estándar. Lo cual llevó a que muchos artistas importantes como Bela Bártok o Igor Stravinski -en el caso de la música- fueran excluidos, mientras que otros, que eran incluso mediocres, fueran bien considerados porque respondían apropiadamente a esas normas. Por esto creí que era necesario buscar una nueva propuesta, no centrada en la autonomía del arte en general, sino en la dignidad de la obra de arte singular.

-¿Cómo surge esta propuesta?

-Para elaborar mi posición me apoyé en Immanuel Kant; también tuve en cuenta los trabajos de juventud de Walter Benjamin. Allí Benjamin plantea que todas las cosas tienen alma, pero están mudas. El arte les da lenguaje a las almas de las cosas. Esto es lo que distingue el arte de otras disciplinas. Kant y Benjamin nos permiten ver que la obra de arte particular, no es solamente una cosa, es también una persona. Tiene un alma. Si una obra de arte también es una persona, si tiene un alma, entonces la dignidad de la obra de arte puede ser descripta de la siguiente manera: una obra de arte es una cosa que no es usada sólo como medio, sino que es usada como fin en sí misma.

-Es una derivación del imperativo kantiano, aplicada a la noción de "persona" de la obra de arte.

-Exactamente. Para respetar la dignidad de un hombre, según Kant, una persona no debe ser usada solamente como un mero medio, sino que debe ser tomada también como un fin en sí misma. Del mismo modo, si vemos una cosa no sólo como un medio, sino también como un fin en sí misma, podemos contemplarla sin interés. Cuando podemos hacer esto, estamos ante una obra de arte.

-Pero en un caso estamos en un terreno ético y en el otro en el de la estética.

-Yo estoy jugando con el concepto kantiano del imperativo categórico, que tiene un sentido ético, y estoy haciendo un pasaje hacia lo estético. Pero no hay que perder de vista las diferencias. En Kant se trata de un deber moral: los hombres no deben ser usados meramente como medios. En el caso de la obra de arte no hay un "debería". Se trata de algo que es, no que debe ser. La característica central del arte es que no puede ser tomado sólo como un medio, sino que tiene un valor en sí mismo.

-¿Cuál es el papel de la mirada contemplativa en relación con la dignidad de la obra?

-La contemplación incluye, al menos temporariamente, y repetidamente, la suspensión del uso. En un espacio de exhibición somos solamente ojos; en un concierto, somos todo oídos. No queremos ser interrumpidos por nada que distraiga nuestra atención. Es espontáneamente que le damos tributo a la dignidad de la obra de arte. Es solamente al dar tributo que recibimos placer de esa obra. Un tipo de placer esencialmente diferente del placer de uso. Para hacer mención a Kant, podemos hablar de "placer desinteresado". Como ejemplo, podemos servirnos de la famosa fuente de Duchamp. El mingitorio en el museo no puede ser usado. Uno sólo puede contemplarlo. Ya no es más un mingitorio, ahora es una obra de arte. Y en el momento en el que el mingitorio se vuelve fuente en una exposición, de hecho se vuelve una persona. Por supuesto, necesitamos ejercitar nuestros ojos para distinguir a unas de las otras. Si uno ejercita sus ojos, puede ver la singularidad en cada una de ellas, su espíritu.

-¿El mercado no reduce la obra a mero objeto?

-No. Porque incluso cuando la obra de arte es comprada o vendida, su valor no puede ser idéntico a las horas de trabajo que se emplearon para producirla. El caso más problemático es el de las pinturas. Las pinturas son compradas como una inversión. Pero muy raramente sólo como una inversión. El comprador también tiene gusto artístico. No compra cualquier pintura. Y no sólo por su valor de mercado, sino porque le gusta esa pintura que está mirando.

-Pero ¿no puede darse el caso de que la obra sea tomada solamente como una inversión?

-Por supuesto. En ese caso es únicamente usada como un medio y no también como un fin en sí mismo. Por ejemplo, si el comprador mantiene la pintura en una caja de seguridad de un banco, donde nadie se puede acercar siquiera para mirarla. En este caso, de acuerdo con mi definición, la obra deja de ser una obra de arte, o al menos, su ser una obra de arte queda suspendido. Su espíritu queda suspendido hasta el momento en que alguien tenga la oportunidad de mirarla, de contemplarla.

-¿Y qué sucede con las reproducciones técnicas? ¿No afectan el "aura", como planteaba Benjamin?

-Desde el famoso ensayo de Benjamin, la reproducción mecánica se ha expandido en importancia mucho más allá de lo que él esperaba. Pinturas, textos literarios, composiciones musicales son constantemente reproducidas. Las artes son diferentes, y la reproducción mecánica juega diferentes roles al generar diferentes problemas en cada una de ellas. En el caso de la literatura, los nuevos modos de la reproducción mecánica no introducen ningún problema adicional, ya que esas obras han sido reproducidas desde tiempos inmemoriales. El problema parece más difícil en las artes plásticas, donde cabe preguntarse si la reproducción de la obra tiene una dignidad compartida con el original o si hay una posibilidad de que la reproducción prácticamente infinita destruya esa dignidad.

-¿Cuál sería su respuesta a esas preguntas?

-Siempre hay un original que rige todas las reproducciones. Cuanto más reproducido es el original, más se confirma su dignidad. Porque todas las reproducciones mecánicas viven de un espíritu prestado. Si una persona tiene una postal de una iglesia en su biblioteca y la contempla, y nunca la tira, en ese caso, la reproducción mecánica deja de ser una mera reproducción mecánica, recibe el espíritu prestado de la iglesia, que está representado por todos los ojos que la miran.

-¿Y en el caso de la música, por ejemplo?

-El original está en la partitura, pero la música vive en su performance . Muy poca gente puede "escuchar" la música con sólo leer la partitura. La performance es interpretación. Pero, contrariamente al ejemplo de la foto de la iglesia, es autointerpretación. La partitura es una obra de arte, es un fin en sí mismo. Pero la interpretación no es solamente un medio, porque comparte la personalidad de la obra de arte. Hay tantas interpretaciones de una obra como músicos que la tocan u ocasiones en que la tocan. Una obra de arte reproducida en serie es una obra de arte, porque tiene una personalidad individual. Una personalidad individual vive en tantos números de copias como existe en un gran número de performances . La personalidad está en la partitura. Así como cada interpretación comparte la misma partitura, así lo hace cada copia de la misma performance .

-De modo que el alma de la obra y, por tanto, su dignidad, quedan a salvo.

-Ninguna reproducción mecánica hiere la dignidad de la obra de arte. Está de moda hablar de las "guerras entre culturas". Pero nada como una guerra cultural ha aparecido en el mundo del arte. El mundo del arte contemporáneo es un mundo compartido, poblado por trabajos singulares. Pinturas de distintas naciones pueden ser vistas en museos de todo el mundo una al lado de la otra. Todos los trabajos son tratados como individuos y respetados de acuerdo con su dignidad.

-¿En qué medida cree que los acontecimientos que usted vivió están presentes en su trabajo?

La experiencia política, social, personal siempre afecta el trabajo de uno. Pero no del todo. El desarrollo del pensamiento no consiste sólo en transformar las experiencias personales en escritura; las cuestiones filosóficas tienen una lógica propia. Claro que estar vivo es imprescindible para pensar. Por eso me siento afortunada: por estar viva y por poder pensar en los temas que me apasionan.

Franco Rella: Desde el exilio

Palabras en los confines

Publicado el Viernes 12 de noviembre de 2010 en ADNcultura, de La Nación

Desde el exilio
Por Franco Rella
La Cebra
Trad.: Paula Fleisner
160 páginas
$ 42



Desde el Cratilo de Platón, las preguntas sobre el ser del lenguaje y sobre la relación del lenguaje con el ser han inquietado a innumerables filósofos. A tal punto que no sería descabellado pensar que la lista de quienes no han incursionado en el tema es más breve que la de quienes sí lo han hecho. Menos habitual es encontrar trabajos que se ocupen de la relación entre el lenguaje y la nada. Precisamente esto es lo que hace el filósofo italiano Franco Rella en su libro Desde el exilio. La creación artística como testimonio .

En trabajos anteriores como El silencio y las palabras , Rella ya había mostrado que el territorio en el que se encuentra más a gusto es la frontera. Como si hubiera algún tipo de verdad que sólo pudiera entreverse en el punto límite, aquél en el que se hace manifiesta la amenaza de la disolución. En su nuevo texto, la frontera a explorar es la de la escritura. Sus compañeros de viaje son autores que han sostenido con su propia vida que "escribir es buscar una relación con el mundo, y no simplemente comunicar algo, sean hechos o pensamiento": Kafka, Baudelaire, Proust, Flaubert, Benjamin, Valéry, Simenon, Nietzsche, Rimbaud, entre otros. Se trata de auténticos "testigos de las tinieblas", que han sido violentados por experiencias inefables que los obligaron a sucumbir en el infructuoso intento de expresarlas. Escritores que han sostenido que "lo imposible es aquello que únicamente vale la pena pensar, aquello a lo que únicamente vale la pena tender".

La relación de la escritura con la nada es, en estos autores, intensa y compleja. Por un lado, se presenta como una red que parece brindar la posibilidad de atravesar el vacío sin convertirse en su presa. Escribir sería una suerte de antídoto que permitiría mantenerse a salvo de este lado de la frontera. Pero, al mismo tiempo -y tal como lo percibe Flaubert-, la propia red-escritura está tejida con la materia de la nada. Por ello, "esta misma red que parecía contener la vida desnuda como una especie de terrible bordado es la que nos precipita en la vida desnuda". La desnudez, el exilio, el horror son otros nombres para la nada que asedia a la palabra. El mayor ejemplo de esta situación es, para Rella, Auschwitz. No hay manera de explicar cómo fue posible; no hay palabras que ayuden a entender lo que allí sucedió. Sin embargo, tampoco el silencio conforma. Se hace necesaria la palabra del testigo, el testimonio impotente de quien haya visto lo que nadie pudo imaginar y que, queriendo callar, no pueda evitar decir.

Escrito con una prosa que en ningún momento desentona con la de los autores trabajados, Desde el exilio interna al lector en el corazón de las tinieblas. No obstante, está muy lejos de ser un texto desesperanzador. El propio Rella se encarga de señalar en los últimos párrafos que escribir, "buscar una historia, significa trabajar pacientemente en los confines para transformarlos en tránsitos y en pasajes: en umbrales". Detrás del último confín alcanzado se deja intuir siempre un nuevo horizonte que invita a continuar el derrotero.
Gustavo Santiago

viernes, 12 de noviembre de 2010

Hablando de no madurar: Agnes Heller

Hoy, viernes 12/11 se publicó en ADNcultura la entrevista que le hice a Agnes Heller.
Una fascinante filósofa de ochenta y pico, con una vida increíble: escapó a los nazis, la persiguieron los comunistas, la echaron de la universidad, se tuvo que exiliar varias veces... ¡¡¡Y se siente afortunada!!!
Entrevistarla fue una experiencia inolvidable, por su gentileza, su cordialidad, y su mirada de fulminante profundidad...
La pueden ver en http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1323793

viernes, 5 de noviembre de 2010

jueves, 4 de noviembre de 2010

El Eterno Retorno

De La gaya ciencia, #341

EL PESO MÁS GRANDE.  ¿Qué ocurriría si, un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijese: “Esta vida, como tú ahora la vives y la has vivido, deberás vivirla aún otra vez e innumerables veces, y no habrá en ella nunca nada nuevo, sino que cada dolor y ada placer, y cada pensamiento y cada suspiro, y cada cosa indeciblemente pequeña y grande de tu vida deberá retornar a ti, y todas en la misma secuencia y sucesión -y así también esta araña y esta luz de luna entre las ramas y así también este instante y yo mismo. ¡La eterna clepsidra de la existencia se invierte siempre de nuevo y tú con ella, granito del polvo!”? ¿No te arrojarías al suelo, rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que te ha hablado de esta forma? ¿O quizás has vivido una vez un instante infinito, en que tu respuesta habría sido la siguiente: “Tu eres un dios y jamás oí nada más divino”? Si ese pensamiento se apoderase de ti, te haría experimentar, tal como eres ahora, una transformación y tal vez te trituraría; ¡la pregunta sobre cualquier cosa: “Quieres esto otra vez e innumerables veces más?” pesaría sobre tu obrar como el peso más grande! O también, ¿cuánto deberías amarte a ti mismo y a la vida para no desear ya otra cosa que esta última, eterna sanción, este sello?”

Las tres transformaciones

De las tres transformaciones


Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin en niño.
Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, paciente, en el que habita la veneración: su fortaleza demanda cosas pesadas, e incluso las más pesadas de todas.
¿Qué es pesado? así pregunta el espíritu paciente, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que se le cargue bien.
¿Qué es lo más pesado héroes? así pregunta el espíritu paciente, para que yo cargue con ello y mi fortaleza se regocije.
¿Acaso no es: humillarse para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia tontería para burlarse de la propia sabiduría?
¿O acaso es: apartarnos de nuestra causa cuando ella celebra su victoria? ¿Subir a altas montañas para tentar al tentador ?
¿O acaso es: alimentares de las bellotas y de la hierba del conocimiento y sufrir hambre en el alma por amor a la verdad?
¿O acaso es: estar enfermo y enviar a paseo a los consoladores, y hacer amistad con sordos, que nunca oyen lo que tú quieres?
¿O acaso es: sumergirse en agua sucia cuando ella es el agua de la verdad, y no apartar de si las frías ranas y los calientes sapos?
¿O acaso es: amar a quienes nos desprecian y tender la mano al fantasma cuando quiere causarnos miedo?
Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu paciente: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto.
Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa, y ser señor en su propio desierto.
Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria.
¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? “Tú debes” se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice “yo quiero”.
“Tú debes” le cierra el paso, brilla como el oro, es un animal escamoso, y en cada una de sus escamas brilla áureamente el  “¡Tú debes!”.
Valores milenarios brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones habla así: “todos los valores de las cosas -brillan en mí”.
“Todos los valores han sido ya creados, y yo soy -todos los valores creados. ¡En verdad, no debe seguir habiendo ningún 'Yo quiero!'”. Así habla el dragón.
Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa?
Crear valores nuevos -tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad para un nuevo crear- eso si es capaz de hacerlo el poder del león.
Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león.
Tomarse el derecho de nuevos valores -ése es el tomar más horrible para un espíritu paciente y respetuoso. En verdad, eso es para él robar, y cosa propia de un animal de rapiña.
En otro tiempo el espíritu amó el “tú debes” como su cosa más santa: ahora tiene que encontrar ilusión y capricho incluso en lo más santo, de modo que robe el quedar libre de su amor: para ese robo se precisa el león.
Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacerlo? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?
Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.
Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir si: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.
Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño. --

Así habló Zaratustra. Y entonces residía en la ciudad que es llamada: La Vaca Multicolor.

 
Friedrich Nietzsche
Trad. A. Sanchez Pascual, Alianza Editorial


El último hombre

Prólogo de Zaratustra - 5

Cuando Zaratustra hubo dicho estas palabras contempló de nuevo el pueblo y calló: «Ahí están», dijo a su corazón, «y se ríen: no me entienden, no soy yo la boca para estos oídos.
¿Habrá que romperles antes los oídos, para que aprendan a oír con los ojos? ¿Habrá que atronar igual que timbales y que predicadores de penitencia? ¿O acaso creen tan sólo al que balbucea?
Tienen algo de lo que están orgullosos. ¿Cómo llaman a eso que los llena de orgullo? Cultura lo llaman, es lo que los distingue de los cabreros.
Por esto no les gusta oír, referida a ellos, la palabra 'desprecio'. Voy a hablar, pues, a su orgullo.
Voy a hablarles de lo más despreciable: el último hombre».
Y Zaratustra habló así al pueblo:
Es tiempo de que el hombre fije su propia meta. Es tiempo de que el hombre plante la semilla de su más alta esperanza.
Todavía es bastante fértil su terreno para ello. Mas algún día ese terreno será pobre y manso, y de él no podrá ya brotar ningún árbol elevado.
¡Ay! ¡Llega el tiempo en que el hombre dejara de lanzar la flecha de su anhelo más allá del hombre, y en que la cuerda de su arco no sabrá ya vibrar!
Yo os digo: es preciso tener todavía caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella danzarina. Yo os digo: vosotros tenéis todavía caos dentro de vosotros.
¡Ay! Llega el tiempo en que el hombre no dará ya a luz ninguna estrella. ¡Ay! Llega el tiempo del hombre más despreciable, el incapaz ya de despreciarse a si mismo.
¡Mirad! Yo os muestro el último hombre.
‘¿Qué es amor? ¿Qué es creación? ¿Qué es anhelo? ¿Qué es estrella?’ -así pregunta el último hombre, y parpadea.
La tierra se ha vuelto pequeña entonces, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive.
‘Nosotros hemos inventado la felicidad’ -dicen los últimos hombres, y parpadean.
 Han abandonado las comarcas donde era duro vivir: pues la gente necesita calor. La gente ama incluso al vecino, y se restriega contra él: pues necesita calor.
Enfermar y desconfiar considéranlo pecaminoso: la gente camina con cuidado. ¡Un tonto es quien sigue tropezando con piedras o con hombres!
Un poco de veneno de vez en cuando: eso produce sueños agradables. Y mucho veneno al final, para tener un morir agradable.
La gente continúa trabajando, pues el trabajo es un entretenimiento. Mas procura que el entretenimiento no canse.
La gente ya no se hace ni pobre ni rica: ambas cosas son demasiado molestas. ¿Quién quiere aún gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas cosas son demasiado molestas.
¡Ningún pastor y un solo rebaño! Todos quieren lo mismo, todos son iguales: quien tiene sentimientos distintos marcha voluntariamente al manicomio.
‘En otro tiempo todo el mundo desvariaba’ -dicen los más sutiles, y parpadean.
Hoy la gente es inteligente y sabe todo lo que ha ocurrido: así no acaba nunca de burlarse. La gente continúa discutiendo, mas pronto se reconcilia -de lo contrario, ello estropea el estómago.
La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche: pero honra la salud.
‘Nosotros hemos inventado la felicidad" -dicen los últimos hombres, y parpadean’.
 
Y aquí acabó el primer discurso de Zaratustra, llamado también «el prólogo»: pues en este punto el griterío y el regocijo de la multitud lo interrumpieron. « ¡Danos ese último hombre, Zaratustra, -gritaban- haz de nosotros esos últimos hombres! ¡El superhombre te lo regalamos!» Y todo el pueblo daba gritos de júbilo y chasqueaba la lengua. Pero Zaratustra se entristeció y dijo a su corazón:
No me entienden: no soy yo la boca para estos oídos. [...]
Y ahora me miran y se ríen: y mientras ríen, continúan odiándome. Hay hielo en su reír.
Friedrich Nietzsche
Trad. A. Sánchez Pascual

El superhombre

Prólogo de Zaratustra - 3

Cuando Zaratustra llegó a la primera ciudad, situada al borde de los bosques, encontró reunida en el mercado una gran muchedumbre: pues estaba prometida la exhibición de un volatinero. Y Zaratustra habló así al pueblo: Yo os enseño el superbombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo?
Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de ellos mismos: ¿y queréis ser vosotros el reflujo de esa gran marea, y retroceder al animal más bien que superar al hombre?
¿Qué es el mono para el hombre? Una irrisión o una vergüenza dolorosa. Y justo eso es lo que el hombre debe ser para el superhombre: una irrisión o una vergüenza dolorosa.
Habéis recorrido el camino que lleva desde el gusano hasta el hombre, y muchas cosas en vosotros continúan siendo gusano. En otro tiempo fuisteis monos, y aun ahora es el hombre más mono que cualquier mono.
Y el más sabio de vosotros es tan sólo un ser escindido, híbrido de planta y fantasma. Pero ¿os mando yo que os convirtáis en fantasmas o en plantas?
¡Mirad, yo os enseño el superhombre!
El superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad: ¡sea el superhombre el sentido de la tierra!
¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no.
Son despreciadores de la vida, son moribundos y están, ellos también, envenenados, la tierra está cansada de ellos: ¡ojalá desaparezcan!
En otro tiempo el delito contra Dios era el máximo delito, pero Dios ha muerto y con El han muerto también esos delincuentes. ¡Ahora lo más horrible es delinquir contra la tierra y apreciar las entrañas de lo inescrutable más que el sentido de aquélla!
En otro tiempo el alma miraba al cuerpo con desprecio: y ese desprecio era entonces lo más alto: -el alma quería el cuerpo flaco, feo, famélico. Así pensaba escabullirse del cuerpo y de la tierra.
¡Oh!, también esa alma era flaca, fea y famélica: ¡y la crueldad era la voluptuosidad de esa alma!
Mas vosotros también, hermanos míos, decidme: ¿qué anuncia vuestro cuerpo de vuestra alma? ¿No es vuestra alma acaso pobreza y suciedad y un lamentable bienestar?
En verdad, una sucia corriente es el hombre. Es necesario ser un mar para poder recibir una sucia corriente sin volverse impuro.
Mirad, yo os enseño el superhombre: él es ese mar, en él puede sumergirse vuestro gran desprecio.
¿Cuál es la máxima vivencia que vosotros podéis tener? La hora del gran desprecio. La hora en que incluso vuestra felicidad se os convierta en náusea, y eso mismo ocurra con vuestra razón y con vuestra virtud.
La hora en que digáis: “¡Qué importa mi felicidad! Es pobreza y suciedad y un lamentable bienestar. ¡Sin embargo, mi felicidad debería justificar incluso la existencia!”
La hora en que digáis: “¡Qué importa mi razón! ¿Ansía ella el saber lo mismo que el león su alimento? ¡Es pobreza y suciedad y un lamentable bienestar! “
La hora en que digáis: “¡Qué importa mi virtud! Todavía no me ha puesto furioso. ¡Qué cansado estoy de mi bien y de mi mal! ¡Todo esto es pobreza y suciedad y un lamentable bienestar !”
La hora en que digáis: “¡Qué importa mi justicia! No veo que yo sea un carbón ardiente. ¡Mas el justo es un carbón ardiente!”
La hora en que digáis: “¡Qué importa mi compasión! ¿No es la compasión acaso la cruz en la que es clavado quien ama a los hombres? Pero mi compasión no es crucifixión.”
¿Habéis hablado ya así? ¿Habéis gritado ya así? ¡Ah, ojalá os hubiese yo oído gritar así!
¡No vuestro pecado -vuestra moderación es lo que clama al cielo, vuestra mezquindad hasta en vuestro pecado es lo que clama al cielo!
¿Dónde está el rayo que os lama con su lengua? ¿Dónde la demencia que habría que inocularos?
Mirad, yo os enseño el superhombre: ¡él es ese rayo, él es esa demencia!
Cuando Zaratustra hubo hablado así, uno del pueblo grito: “Ya hemos oído hablar bastante del volatinero, ahora, ¡veámoslo también!” Y todo el pueblo se río de Zaratustra. Mas el volatinero que creyó que aquello iba dicho por él, se puso a trabajar.  
Friedrich Nietzsche
Trad. A. Sánchez Pascual. Alianza Editorial

La muerte de Dios

 

La muerte de Dios



   ¿No habéis oído hablar de ese hombre loco que, en pleno mediodía, encendía una linterna y echaba a correr por la plaza pública gritando sin cesar: “Busco a Dios, busco a Dios?” Como allí había muchos que no creían en Dios, su grito provocó hilaridad. “Qué, ¿se ha perdido Dios?”, decía uno. “¿Se ha perdido, como un niño pequeño?”, preguntaba otro. “¿O es que está escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se ha embarcado? ¿Ha emigrado?” Así gritaban y reían en confusión. El loco se precipitó en medio de ellos y los traspasó con su mirada. “¿Dónde se ha ido Dios? Yo os lo voy a decir, les gritó. ¡Nosotros le hemos matado, vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos! Pero, ¿cómo hemos podido obrar así? ¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Quién nos ha dado la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hemos hecho cuando hemos separado esta tierra de la cadena de su sol? ¿Adónde le conducen ahora sus movimientos? ¿Lejos de todos los soles? ¿No caemos sin cesar? ¿Hacia delante, hacia atrás, de lado, de todos lados? ¿Todavía hay un arriba y un abajo? ¿No erramos como a través de una nada infinita? El vacío ¿no nos persigue con su hálito? ¿No hace más frío? ¿No veis oscurecer cada vez más, cada vez más? ¿No es necesario encender linternas en pleno mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros, que entierran a Dios? ¿Nada sentimos aún de la descomposición divina?  ¡También los dioses se descomponen! ¡Dios ha muerto! ¡Y somos nosotros quienes le hemos dado muerte! ¿Cómo nos consolaremos nosotros, asesinos entre los asesinos? Lo que el mundo poseía de más sagrado y más poderoso ha perdido su sangre bajo nuestro cuchillo. ¿Quién borrará de nosotros esta sangre? ¿Con qué agua podremos purificarnos? ¿Qué expiaciones, qué juegos nos veremos forzados a inventar? ¿La grandeza de este acto no es demasiado grande para nosotros? ¿No estamos forzados a convertirnos en dioses, al menos para parecer dignos de dioses? No hubo en el mundo acto más grandioso, y las generaciones futuras pertenecerán, por virtud de esta acción, a una historia más elevada de lo que fue hasta el presente toda la historia”.  Al llegar a este punto, el loco calló y volvió a mirar a sus oyentes; también éstos callaron, mirándole con asombro. Luego tiró al suelo la linterna, de modo que se apagó y se hizo pedazos. “Vine demasiado pronto –dijo él entonces–; mi tiempo aún no ha llegado. Ese acontecimiento inmenso está todavía en camino, viene andando; mas aún no ha llegado a los oídos de los hombres. Necesitan tiempo el relámpago y el trueno, la luz de los astros necesita tiempo; lo necesitan los actos, hasta después de realizados, para ser vistos y entendidos. Ese acto está todavía más lejos e los hombres que la estrella más lejana. ¡Y sin embargo lo han ejecutado!” Se cuenta, además, que el loco penetró el mismo día en muchas iglesias y entonó su Requiem aeternam Deo. Expulsado y habiéndosele preguntado por qué lo hacía, contestaba siempre lo mismo: “¿De qué sirven estas iglesias, si son los sepulcros y los monumentos de Dios?”



F. Nietzsche, La Gaya Ciencia, libro tercero, aforismo 125.

sábado, 16 de octubre de 2010

Entrevista Diario La Capital de Rosario

Estimados amigos:

Copio dos links de una entrevista que me hicieron para el suplemento de educación del diario La Capital de Rosario de hoy.ADVERTENCIA: contiene foto actualizada con cara explícita (no apta para ser vista por gente impresionable)

http://www.lacapital.com.ar/ed_educacion/2010/10/edicion_88/contenidos/noticia_5000.html

http://www.lacapital.com.ar/ed_educacion/2010/10/edicion_88/contenidos/noticia_5001.html

jueves, 14 de octubre de 2010

Entrevista a Tomás Abraham

Por Gustavo Santiago
Para LA NACION - Buenos Aires, 2010
Publicada el 06/06/10


Tomás Abraham acaba de publicar Historias de una biblioteca (Sudamericana), libro en el que dialoga con la historia de la filosofía desde su perspectiva personal, fuertemente situada en el presente. De su nuevo libro, de los enemigos que se ganó por sus intervenciones en política, de su trayectoria, conversó con adncultura.

- Historias de una biblioteca llega tras una vasta trayectoria que incluye cerca de veinte libros. ¿Qué diferencias encuentra entre el Abraham de los primeros años y el de este libro?

-Hay mucho trayecto. Desde Pensadores bajos , que fue mi primer libro, en 1988, han pasado más de veinte años. Ahora tengo una actitud muy distinta ante la filosofía. En aquel tiempo, estaba con mi Foucault, con mi Deleuze como en un bowling : agarraba la bocha y bajaba gente. Tenía una actitud de batalla. En cambio ahora estoy conversando. Tengo suficientes enemigos ya. Acá trabajo con una gran cantidad de filósofos, pero casi todos están muertos. Entonces estoy más tranquilo, porque no van a salir de la tumba para atacarme. Con los enemigos que tengo entre los vivos, me alcanza.

-¿Cree que su público ve la diferencia entre aquel Abraham y éste? Porque es muy común que se lo considere un provocador.

-No hay mucha gente que entienda lo que hago. Se guían un poco por la espuma. Dicen que soy provocador pero no entienden lo que es provocar. Creen que lo que uno quiere es "llamar la atención". No saben el trabajo que significa estar a contracorriente de lo hegemónico, porque no se dan cuenta de que están en lo hegemónico. Yo sé que algunos periodistas me buscan para que arme quilombo. Lo cual, en principio, no me parece mal. Es un lugar que no hay que desestimar. Pero ni los que me buscan saben qué voy a decir. Y ésa quizá sea una de mis características. Porque yo tampoco sé lo que voy a decir. Yo no formo parte de una determinada escuela, un canal. No soy foucaultiano, ni nietzscheano. Justamente eso es casi una definición del pensamiento: no saber adónde vas.

-¿Piensa que hay un debido reconocimiento a su trayectoria?

-El modo en que yo hago mis cosas -como hice el Colegio de Filosofía, el Seminario de los Jueves o mi cátedra- no tiene nada que ver con el currículum. Yo me juego en cada cosa que hago. Mis veinte libros no le dan más peso a mi palabra; se tiene que sostener sola. Lo que sí es cierto es que quizás haya gente que me conoce por una entrevista radial, por un artículo en un diario o porque me vio en un programa de televisión y me juzga por eso. Quizás en esos casos me dé un poco de bronca que no se me juzgue por mi trabajo, que no es ése. Eso es una deriva de mi trabajo: pienso en la actualidad y hablo de la actualidad en los medios, que es donde se habla de la actualidad. Pero yo, además de esas intervenciones, tengo un trabajo. Entonces, si alguien dice: "Ése es un charlatán" por lo que dije en un programa de televisión... Está bien, no hay excusa. Para esa persona es así. Pero me gustaría que conociera mi trabajo para juzgarme. De mis veinte libros, trece los escribí solo y siete como miembro de un trabajo colectivo, que es el Seminario de los Jueves. En todos estos libros no sé si hay un gran trabajo. Pero lo que no puede negarse es que hay trabajo. Y yo me animaría a decir que es un buen trabajo.

-Pasemos a su último libro. ¿Este nuevo texto señala el regreso de Tomás Abraham a la filosofía?

-En cierto sentido, sí. Yo creo que de la filosofía no me voy a ir nunca; en realidad, nunca estuve afuera. Es verdad que mis últimos libros fueron sobre política, sobre literatura. Hacía mucho tiempo que no me dedicaba a leer filosofía ni a pensar en filósofos, en el sentido tradicional del término. El primer paso en este regreso fue el trabajo que hicimos en el Seminario de los Jueves, en el que hacia 2004 estuvimos viendo Deleuze y trabajamos Hume, Bergson, Spinoza. En los años siguientes recorrimos los siglos XVII, XVIII y XIX. Allí entré en el mundo de Rousseau, de Kant, de Kierkegaard. Podríamos decir que ése fue mi regreso a la lectura de filósofos y a la escritura sobre ellos.

-¿Cómo fue ese reencuentro con los textos de los filósofos?

-Fue complejo. Así como me encontré con nuevos amigos, también me encontré con filósofos que no me interesaron tanto como me había imaginado. Por ejemplo, a Montaigne lo estoy esperando desde hace mucho tiempo. Ahora me encontré con él y me aburrí. Me pareció que le faltaba energía, vigor; tiene demasiada melancolía.

-¿Hubo alguna gran sorpresa?

-Kant, indudablemente. Yo tenía el prejuicio de que Kant era como un juez, que tenía un pensamiento jurídico. Ahora, en cambio, entiendo a Deleuze, que en sus maravillosas clases sobre la Crítica del juicio dice que cuando lee a Kant él siente que está ante una coreografía, y no que está en un tribunal. Kant es un creador, un compositor; es como Bach. Él, para construir una analítica o una dialéctica, trabaja como sobre un pentagrama. La "dialéctica trascendental" para mí es la base de lo que va a ser el romanticismo, el idealismo, la filosofía religiosa de Kierkegaard, el pensamiento existencial, el escepticismo ilustrado y la muerte de Dios de Nietzsche.

-Pero ése no es el Kant que aparece en los manuales de filosofía.

-Yo sé que el Kant del conocimiento existe; que el Kant de las categorías existe. También el que busca encontrar los límites del conocimiento, el que tiene la idea de que la ciencia tiene que ver con la experiencia y que la metafísica es un saber vano. Pero está el otro Kant, el de la dialéctica, que es posible que no sea muy tomado en cuenta habitualmente. Es el que plantea que la razón segrega sueños, que son los de la unidad, el sentido, la totalidad y la inmortalidad. Son inevitables, no se pueden controlar. Son los sueños de la razón, pero no son objetos de conocimiento. No podemos conocer nada sobre eso. Ésa es la línea de demarcación. La tarea de la filosofía es pensar; no es conocer. No hacemos ciencia. Eso en Kant está clarísimo. Nosotros pensamos en cosas que es inútil intentar responder por el conocimiento pero que son indispensables para poder darle sentido a nuestra existencia.

- Historia de una biblioteca es difícil de clasificar. Es un texto que puede considerarse introductorio, pero no es un manual, ni una historia de la filosofía. ¿Cómo fue concebido?

-Al trabajo de escritura para el Seminario de los Jueves se sumó el hecho de que comencé a participar diariamente en un blog . Escribí cerca de doscientas notas en un año. Uno de esos días, buscando temas para escribir, se me ocurrió "el nacimiento de la filosofía", que es un tema que me encanta. Y después fui siguiendo con lo que llamé "breve historia de la filosofía". El libro es una historia de la filosofía que se fue haciendo con cartas a lectores de blog . Son doscientos cincuenta episodios.

-Seguramente hubo un trabajo de reescritura al pasar del blog al libro. Sin embargo, en el texto se percibe algo del formato anterior.

-Hay muchos intelectuales que hablan mal de los blogs , ¡incluso todavía hay algunos que hablan mal de la televisión! Para mí fue un estímulo. En un blog puede entrar cualquiera, de cualquier lugar, y decirte cualquier cosa. Uno está en un teatro lleno de gente anónima. En realidad, uno supone que está lleno de gente. Puede ser que no haya nadie. Yo descubrí que me resulta muy estimulante escribir en un formato breve, que me exige poner lo que es más importante para mí. Hay algo epistolar, que favorece la conversación. Y eso me gusta. Y es bastante original.

-¿Por qué la referencia a la biblioteca en el título del libro?

-Cuando yo hablo de una biblioteca, hablo de mis lecturas. A lo largo de todos estos años, pasé por toda la historia de la filosofía, de un modo o de otro. La idea fue contar mis recuerdos de lecturas filosóficas. Pensé en contar qué dificultades tenía cuando leía algún libro determinado, o por qué hay algunos filósofos a los que nunca quise leer, o cómo cambié de pensamiento respecto de otros. O por qué hay libros que tengo desde hace mucho tiempo y que todavía tienen las páginas sin cortar. No se trata de contar mi vida. Pero sí de contar una experiencia de lectura que implica opciones personales, sensaciones y demás. Empecé a pensar que no era una historia de la filosofía y que, al mismo tiempo, lo era. Me gustó la palabra "biblioteca", porque finalmente es mi mundo. De ahí salió el título.

-¿Cuáles serían las diferencias con una historia de la filosofía?

-Yo no hablo de escuelas, no hablo de sistemas. Lo que intento es transmitir el pensamiento de alguien. Pero lo que a mí me importa de ese pensamiento, eso que para mí es fundamental. No trato de ser objetivo o exhaustivo sino de exponer por qué me atrajo, por qué quiero discutir o conversar con un filósofo. Lo que yo quiero transmitir es qué da para pensar un texto. No quiero enseñar Kant, sino exponer qué da para pensar Kant desde mi punto de vista. Por qué es importante, por qué nos importa hoy. Y, en todo caso, si no nos importa hoy, al menos entender por qué fue importante ayer. Conversar con otra época.

-Para poder conversar, es necesario situarse en un terreno común. ¿Cuál sería ese terreno?

-Pienso que hay cosas sobre las que podemos conversar con cualquier época. Quizá las vestimentas y las lenguas sean diferentes, pero hay ciertas cosas que siempre han preocupado. Yo creo que lo que une a todos los hombres de todas las épocas son las pasiones: siempre hubo miedo a morir, siempre hubo temor a ser pobre, siempre hubo envidias, siempre hubo cosas que tienen que ver con el poder (tenerlo, no tenerlo, estar sometido a él o rebelarse). Hay un sistema de pasiones que a mí me permite entender a un romano. Ahí hay una conversación posible. Este libro es una conversación con los grandes, con los maestros, desde alguien que se ha formado con ellos. Están mis maestros directos, que nombro, y están los grandes pensadores. Ésta es una historia de admiración, de amistad.

-El subtítulo del libro es De Platón a Nietzsche. Sin embargo, las referencias al siglo XX son permanentes. Es un libro que habla también de la actualidad.

-La actualidad uno la lleva puesta. Mi libro es una conversación de un señor argentino que en 2010 conversa con la historia de la filosofía. No estoy atado a lo cronológico o a lo sistemático. Voy siguiendo lo que cada filósofo me da a pensar. Lo interesante es cómo me interpela en el presente, qué preguntas me hago a partir de su lectura, cómo converso o cómo discuto con él. Hay emotividad, entusiasmo, decepción; alguna broma, alguna risa. Hay paisajes de la contemporaneidad que se iluminan con alguna frase vieja.

-Más allá del provecho que los lectores puedan sacar de este trabajo, ¿para qué le sirvió a usted?

-Creo que me sirvió para darme cuenta de que mi ignorancia de la historia de la filosofía no es tanta como podía imaginar. Veo que poco a poco, por el trabajo que estuve haciendo todos estos años, ya puedo mirar la historia de la filosofía desde un punto de vista personal, sin sentirme en falta. Puedo hablar de los filósofos desde mi punto de vista. Sigo ignorando cosas, por supuesto. Pero si la ignorancia me inquieta, voy y aprendo, y si no me inquieta, la dejo. No necesito saber todo. No necesito saber el número de las categorías kantianas, ni el nombre de cada una. En eso, cualquier alumno me gana. Yo busco otra cosa.

-Es una ignorancia en la que hay un gran trabajo.

-Eso es algo que sentí al escribir el libro: que podía recordar mi trabajo de lectura. Me acordaba de cuando leía a Jean-Pierre Vernant, cuando leía a Marcel Detienne, a Giorgio Colli y a tantos otros. Ellos están presentes, me acompañan, porque yo los estudié. Yo me pasé la vida estudiando, no hago más que estudiar. Escribir es parte de mi estudio. Quizá por eso alguna vez Foucault decía que él no era escritor. Yo nunca me reconocí como escritor, a pesar de que escribo todo el tiempo. Lo considero parte de mi estudio. Yo me considero un estudioso y, digamos, un filósofo. Porque, en realidad, un filósofo es un estudioso. Y escribir, dar clases, es parte de ese oficio de ser estudioso.

-Al principio de la entrevista, usted decía que tiene demasiados enemigos. ¿Esto tiene que ver con sus escritos sobre actualidad, sobre política?

-Realmente no me siento en un buen ambiente, no respiro buen ambiente. No me gusta el modo en que piensan los intelectuales, el discurso cultural. Estoy luchando mucho contra eso, bastante solo, muy expuesto. Veo mucho odio. Hay gente a la que conocía desde muchos años atrás que me dejó de saludar por cuestiones políticas, ideológicas. La discusión con amigos se volvió muy irritante. En cuanto ven que vas en una dirección, te quieren capturar. Pero yo no me uno con nadie por el espanto común. Marco diferencia. Quizá marcar diferencia sea algo mío, más que provocar. Yo necesito aire.

-Sin embargo, a pesar del malestar, continúa escribiendo sobre estos temas.

-Sí, sigo... Porque, si no, lo único que me queda es aislarme... Pero, por ahora no llegué hasta ahí. Yo no puedo bajar la persiana a mi actualidad. ¿Sobre qué voy a pensar? Si no puedo pensar la actualidad, me tengo que dedicar a otra cosa, tengo que poner un bar. Una vez me dijo Pancho Aricó, después de una decepción que yo había tenido: "Dale con entusiasmo, pero sin esperanza". Y yo trato de hacerle caso. Mantengo el entusiasmo, porque de otro modo no podría hacer mi trabajo.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Cínicos

Algunas veces se dice que la nuestra es una época en la que impera el cinismo. ¿Es realmente así? Veamos en qué consiste el cinismo filosófico, y pensemos si se aplica -o si se podría aplicar a nuestra época.


El nombre
El término "cínico" deriva de la palabra "perro". No está muy claro si esto tiene que ver con un lugar frecuentado por Antístenes, el "gimnasio del perro blanco" o con las actitudes perrunas de los cínicos. Algo a tener en cuenta es que el significado actual que se le da a la palabra "cínico" se origina en sus adversarios, por lo cual está cargado de sentidos negativos que no pueden aplicarse a aquellos filósofos.

Antecedentes y herencias
Desde un punto de vista histórico es muy interesante el hecho de que es una corriente que surge del socratismo (Antístenes es discípulo directo de Sócrates -es uno de los pocos que está con él acompañándolo en la prisión en el momento en que bebe la cicuta- y de la que, a su vez, surge el estoicismo (Zenón, su fundador fue discípulo del cínico Crates).

Lamentablemente no se han conservado textos escritos por ellos, y las anécdotas han sido recopiladas varios siglos después de su existencia. No obstante en esas anécdotas pueden verse expresados con claridad algunos de los principios que sostenían.

La naturaleza, por encima de todo.
Quizá el principal fuera "obedecer a la naturaleza, por encima de la convención".
La naturaleza le proporciona al hombre todo lo que necesita no sólo para subsistir, sino para ser feliz. Pero el afán de lujos, la ambición, la falta de reflexión hacen que los hombres creen sus propias trampas y que hagan que algo que tenían a la mano se torne poco menos que inaccesible. Lo que es natural, es de por sí bueno; las convenciones que se oponen a lo natural son, en sí mismas, malas.

La Parresía
Al igual que Sócrates, mantenían una actitud desafiante ante los poderosos, tanto con las obras como con las palabras. En este sentido, consideraban como una de las mayores virtudes del hombre el ser "parresiásticos"; esto es, ser capaces de decir la verdad sin rodeos, con toda su crudeza, a aquellos que estaban en condiciones de castigarlos por ello.

Dión Crisóstomo, narrando un encuentro entre Alejandro y Diógenes, cuenta que el filósofo le dice:
"Tú no sólo llevas armas, sino que las llevas, incluso, cuando duermes. ¿Y no sabes que llevar armas es propio de un hombre que tiene miedo? Y el que tiene miedo no sabe ser rey, no más que cualquier esclavo".

La autonomía
Como otros filósofos, los cínicos amaban la libertad. Ser libre significaba para ellos no depender de otros, no traicionarse a sí mismos por temor, no ser esclavo de los propios vicios ni de las cosas materiales.
En el mismo texto que citábamos antes (el Discurso IV, "De la realeza"), Dión cuenta que:
Ante esas palabras Alejandro de le acercó blandiendo la espada. Entonces Diógenes le dijo:
"Enfádate y salta contra esos enemigos, y júzgame el más perverso de los hombres, injúriame delante de todo el mundo y, en el caso de que te parezca bien, atraviésame con tu lanza, pero sé que soy el único de los hombres del cual has oído la verdad que no aprenderás de ningún otro, porque todos los hombres valen menos que yo y son menos libres que yo".

Alejandro avanzó enfurecido, y Diógenes continuó:
"Bien, puedes matarme; pero si haces eso, nadie más te dirá la verdad".

Dión comenta: "Entonces se maravilló Alejandro de la valentía y la falta de miedo de ese hombre".

El diálogo inquietante
Como Sócrates, los cínicos intentaban ayudar a sus interlocutores a abandonar sus falsas opiniones y a que reflexionen acerca de qué es lo mejor para la vida.
En el texto de Dión vemos cómo los momentos de humor se alternan con los de tensión. Comenta Dión:
"Diógenes se dio cuenta de que Alejandro estaba enardecido y que tenía el alma muy inquieta; Diógenes se divertía con él y lo llevaba en todas direcciones para ver si podía apartarlo un poco de su orgullo y arrancar de raíz sus falsas opiniones. Además Diógenes se había dado cuenta de que Alejandro por momentos estaba encantado, por momentos enojado consigo mismo, y que el alma del príncipe era presa de indecisión, como el aire en el tiempo del solsticio, cuando de una misma nube cae lluvia y después resplandece el sol".

El desapego
Además de esta actitud de provocación callejera a los poderosos, los cínicos tomaron de Sócrates su desapego por los bienes materiales y lo llevaron a un extremo. Que se trataba tanto de una elección como de una exigencia se ve claramente en la anécdota en la que Crates trata de persuadir a Hiparquía de que no era un buen partido para ella y le muestra su única posesión: el cuerpo desnudo.

No coincidían en todo con Sócrates
Una diferencia importante en relación con Sócrates se percibe en los medios para alcanzar la vida virtuosa. Sócrates era partidario de lo que luego se denominaría "intelectualismo ético"; esto es, la idea de que nadie hace el mal sabiendo que lo que hace es malo. Si una persona es ayudada a ver, a comprender, qué está bien y qué está mal, necesariamente, según Sócrates, optará por el bien. Los cínicos, en cambio -y en esto coincidirán los epicúreos y los estoicos- advierten que el acceso a la virtud excede a lo intelectual. Alguien puede muy bien entender que un hábito suyo es malo y no tener las fuerzas corporales suficientes para modificar su conducta. Por ello, además de un trabajo intelectual de reflexión, es necesario un entrenamiento físico que haga que el cuerpo responda al intelecto.

Después de este recorrido por el cinismo, volvamos a la pregunta inicial: ¿te parece que la nuestra es una época "cínica"? ¿Sería bueno o no que realmente lo fuera?

viernes, 20 de agosto de 2010

“NO ME GUSTAN MUCHO LOS FILÓSOFOS QUE DAN CONSEJOS”

Encontré esta entrevista que me hicieron hace unos años. Es curioso que en relación con lo que me preguntan, sigo pensando casi lo mismo...


Entrevista publicada por el Diario Río Negro, el 25 de Junio del 2006

Entrevista express a Gustavo Santiago, filósofo.

-¿Cómo se le enseña filosofía a un niño?
-“La” Filosofía (en singular, con mayúsculas, como algo unánime) no puede enseñarse, porque no existe. Lo que se puede hacer es transmitir entusiasmo para que cada cual construya la suya o busque aquella de la que se sienta más cerca.

- ¿Cómo se le enseña filosofía a un adulto?
- La situación es la misma teniendo un año o cien.

- ¿Qué sabe un filósofo que un rey no sepa?
- Depende de quién sea el rey y quién el filósofo. Aunque lo peor, en ambos casos, no es lo que saben sino lo que creen que saben.

- ¿Es correcta la imagen: “amor platónico”?
- No lo era ni siquiera para Platón. En su libro Banquete, el personaje Sócrates sostiene que antes de llegar al amor espiritual es necesario pasar por la intensidad del amor corporal.

- ¿Qué le parece la serie de libros de Fernando Savater: “Política” y “Etica para Amador"?
- Hay dos libros que me han interesado mucho de Savater, y no son esos sino “Idea de Nietzsche” y su autobiografía titulada “Mira por dónde”. Creo que, precisamente, lo mejor que escribe Savater es su propia vida. Y pienso que ése es uno de los mejores elogios que se le pueden hacer a un filósofo.

- Los griegos habían alcanzado un pensamiento exquisito que se plasmaba en su organización política, en su educación, en su arte y en casi todos los aspectos de su vida cotidiana... pero tenían esclavos y las mujeres estaban recluidas en lo profundo de la cocina, en el mejor de los casos. ¿Me explica el porqué de la paradoja?
- No, porque tampoco yo logro entenderlo. Toda explicación me suena a excusa.

-¿Ser filósofo sirve para conseguir chicas?
- Ayuda a encontrarse con gente interesante.

- ¿Y amigos?
- En mi caso, sí.

- ¿E inversionistas?
- En mi caso, no.

- ¿Me cuenta en qué ensayo filosófico se encuentra trabajando?
- Estoy escribiendo sobre filosofía y arte, especialmente sobre teatro y cine. Me encuentro en plena etapa creativa, con muchas líneas abiertas, algunas de las cuales probablemente más adelante adquirirán una consistencia apropiada, mientras que otras seguramente quedarán en el plano de las ideas.

- Dicen que Dios murió. ¿Sabe de qué padecimientos?
- No me consta que haya muerto.

- Poncio Pilatos recibe a Cristo y al final de una conversación definitoria, Pilatos se pregunta: ¿qué es la verdad? Luego el relato se corta. Sólo queda esa pregunta dando vueltas. A mi me parece que algún fanático arrancó la hoja siguiente porque sino... habría parecido, justamente, filosofía y no religión. ¿Qué me dice usted al respecto?
- Que la Biblia está colmada de cuestiones filosóficas. Y que, a diferencia de lo que muchas veces se piensa, son más las que deja abiertas que las que cierra.

-¿Me recomienda un buen libro para aprender filosofía desde lo básico?
- No conozco otro mejor que un cuaderno en blanco.

- ¿Un sitio en internet para los mismos fines?
- No tengo un sitio preferido. Cuando busco algo sobre un autor, tipeo su nombre en un buscador y paso horas leyendo trabajos que no siempre son confiables, pero que muchas veces son estimulantes.

- ¿Filosofa por la mañana?
- Incluso antes de despertarme.

- Leí un libro que se vendió muy bien: “Los consuelos de la filosofía” No me pareció un libro de filosofía. Por otro lado no estoy seguro de que el sentido de la filosofía sea consolar, diría que en todo caso es todo lo contrario. ¿Coincide?
- Si es el de Alain de Botton, “Las consolaciones de la filosofía”, debo decir que a mí me gustó. Me pareció atractiva la relación que plantea entre filósofos como Sócrates, Epicuro, Séneca, Montaigne, Schopenhauer y Nietzsche con nuestra vida cotidiana actual. Comparto la apreciación que usted hace acerca de que el sentido de la filosofía no es consolar, pero creo que también lo comparte el propio Botton, más allá de haberle puesto a su libro un título en homenaje al texto medieval de Boecio.

- ¿Qué es más bello que una mujer desnuda?
- Usted está suponiendo que toda mujer desnuda es bella... yo no estoy tan seguro. Tampoco creo que la belleza de alguien sea directamente proporcional a la cantidad de ropa que lleva puesta en un momento determinado.

- Leo a Cioran y no me deprimo; al contrario, se me escapa una sonrisa. ¿Imagina por qué?
- A mí me sucede lo mismo. Es una de mis lecturas favoritas cuando me siento bajoneado. Creo que se trata de que por más mal que uno esté, nunca se va a poder llegar a los límites de la desesperación a los que Cioran llega. E, indudablemente, si alguien llegara, no podría hacerlo con mayor belleza que él.

- Le dejo algunas afirmaciones y usted me responde:
a) Jorge Valdano, filósofo del fútbol.

- Comparto. Incluso, diría, un filósofo notable.

b) La carrera de filosofía sirve para hacer profesores de filosofía.
- No necesariamente. Sí creo que hace excelentes lectores de la filosofía.

c) Filosofía barata y zapatos de goma.
- Charly García ha hecho filosofar a varias generaciones. Más que muchos profesores que “sólo conocían su ciencia y el deber”.

d) La materia filosofía debería ser obligatoria durante toda la enseñanza primaria y secundaria.
- Filosofar debería ser una actividad intensamente desarrollada desde el primer momento de la vida hasta el último.

- Se me ocurre diseñar una camiseta que diga: “Yo amo a Sócrates”. ¿Me sugiere alguna otra?
- Una que sea lisa y que venga con un pincel y un tarrito de pintura para que cada quien le escriba lo que quiera.

- Según un documental de National Geographic, en un futuro no muy lejano seremos capaces de vivir 150 años. ¿Supone para qué?
- Creo que son pocos los que se han puesto a pensar para qué viven quince minutos.

- ¿Qué fue primero: el filósofo o la filosofía?
- El filósofo.

- ¿Irá a la montaña para meditar y volver luego de 20 años convertido en un nuevo hombre?
- Ya fui. En serio.

- A mí me gustaría ser filósofo: ¿me recomienda ir a la facultad o hacerme discípulo de un maestro zen?
- Le recomiendo el mar o la montaña, algunos amigos, algunos buenos libros.

- ¿Por que la vida es como es?
- Si lo supiera sería sabio. Por ahora, me conformo con ser filósofo.

- ¿No cree usted que los gobiernos deberían tener también un consejo de filósofos?
- No me gustan mucho los filósofos que dan consejos.

- ¿Me explica el ciberespacio desde una perspectiva filosófica?
- Un simulacro de encuentros y conexiones armado en base a profundas soledades.

- ¿Y el cibersexo?
- Es más ciber que sexo.

- A todo esto, veo un aviso televisivo en el que se me invita a marcar un numero telefónico ¡para encontrar el amor de mi vida! ¿Le parece?
- Pienso que el amor no se encuentra, se construye. Pero se construye a partir de un encuentro que puede producirse de diferentes maneras (o no producirse); incluso mediante esos números de teléfono.

- ¿Tiene usted también un blog?
- No. Prefiero un block. Si es posible, liso.

- Mi abuelo, Antonio, es un hombre de campo que guarda refranes como estos: “Así es la vida amigo, nosotros con la mujer de los otros y los otros con la mujer de nosotros”. Después tiene otro que dice: “Qué linda la viudita, más lindo su peinado, aunque a mí me gustaría, meter la mano donde la tenía el finado”. Hace un par de años se alojaron en su casa dos filósofos extranjeros y concluyeron que era un sabio. No hay pregunta pero espero alguna conclusión.
a) Los filósofos extranjeros estaban extremadamente necesitados de alojamiento.
b) Eran tan extranjeros que no conocían el idioma de su abuelo.
c) No eran filósofos y no sabían muy bien qué decían ellos mismos.
d) Eran filósofos y no sabían muy bien qué decían ellos mismos.

- ¿Se imagina al ser humano del siglo XXV?
- No logro imaginarme siquiera el de fines del siglo XXI.

-George Soros dice que él todavía no tiene suficiente dinero, ¿imagina por qué?
- Porque fue un discípulo de Popper. Está esperando que alguien encuentre una consecuencia observacional que lo refute.

- ¿Cual es el libro de filosofía más complejo, más difícil, más intrincado de todos?
- De los que leí, “La fenomenología del espíritu”, de Hegel. Lo siguen “El ser y el acontecimiento” de Badiou y “Mil mesetas”, de Deleuze.

-¿Haría un pacto con el diablo por su alma?
- Como hincha de Independiente que soy, vivo recibiendo promesas de los Diablos Rojos. Lástima que no se cumplen desde hace rato.

- ¿Cuál es su filosofía para vivir el día a día?
- Intentar vivir del modo más intenso posible.

- Aquí le dejo un espacio para que escriba una frase filosófica que le guste, gratifique o... lo que sea que le genere.
- Me gustan algunas de las clásicas: “conócete a ti mismo”; “ocúpate de ti mismo”; “nadie es tan viejo ni tan joven como para no poder disfrutar de la filosofía”; “sospecho que la filosofía es una rama de la literatura fantástica”.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Jacques Rancière: La noche de los proletarios y El espectador emancipado

Publicada en ADNcultura el 31 de Julio

Jacques Rancière, (Argelia, 1940) es uno de los principales filósofos políticos contemporáneos. En las últimas semanas dos de sus textos han sido editados en español: La noche de los proletarios y El espectador emancipado.
En La noche de los proletarios, Rancière introduce al lector en la vida cotidiana de un grupo de proletarios que, alrededor de 1830, pretenden encontrar o construir, de diversos modos, los caminos de su liberación. Apoyándose en cartas y documentos de la época, el filósofo pone en escena una variada galería de personajes que contrasta con la versión más habitual que suele presentar a los trabajadores como seres toscos, faltos de conciencia, meros componentes de una masa necesitada del esclarecimiento y la conducción que sólo pueden proporcionarles los intelectuales. Los protagonistas del texto de Rancière son hombres y mujeres que independientemente de la tarea que realicen durante el día, colocan el corazón de su jornada en la noche. En ella no buscan el descanso reparador que les permita estar en condiciones para el trabajo del día siguiente. Por el contrario, las noches de estos proletarios son el momento del fervor, de la discusión, del intercambio de ideas, de los proyectos. En ellas se gestan periódicos, panfletos, huelgas; en ellas circula el alimento de la lectura clandestina, de la palabra prohibida. Se trata, ante todo, de un espacio en el que el obrero se sabe potente, creativo, libre; en el que puede pensarse a sí mismo como algo más que un ser meramente explotado. La noche es el momento de los sueños –individuales y colectivos- a construir.
Un gran acierto del texto es el estilo narrativo elegido por su autor. Como si se tratara de un documental cinematográfico en el que se acompaña cámara en mano a los protagonistas, filósofo invita a presenciar los itinerarios de estos personajes singulares que no sólo tienen que hacer frente a su situación social y económica, sino que se encuentran atravesados por conflictos internos, incertidumbres, temores. La proximidad con los protagonistas permite apreciar la complejidad de sus luchas, así como los diferentes matices que la perspectiva de cada uno de ellos les añade. La imagen de la emancipación que construye una costurera no es idéntica a la de un sastre o un tipógrafo.
Quizá los pasajes del texto en los que la importancia de la “noche” como lugar de los sueños de emancipación se encuentra mejor expresada sean aquellos que se refieren a la prisión y al trabajo infantil. Ante la construcción de una enorme y moderna prisión –que seguramente pasará a ser ocupada prontamente por los militantes que desafíen el orden- lo que despierta horror es su perfección panóptica: “la puesta sin remedio del detenido a disposición del ojo del carcelero, la anticipación permanente de esa mirada que no es vista, la ausencia de noche”. Las prisiones modernas son lugares “sin intersticios por donde la libertad o simplemente su sueño pueda pasar”. En lo que al trabajo infantil respecta, la perversidad estriba en que “esos fabricantes no se contentan con explotar las débiles fuerzas de los niños sino que además procuran matar en ellos todo sentimiento de otro mundo”.
Escrito casi treinta años después que La noche de los proletarios (cuya edición francesa es de 1981), El espectador emancipado retoma alguna de las cuestiones planteadas allí, pero tomando como objeto de análisis la relación entre filosofía, política y arte. No se trata ahora de aproximarse al trabajador textil al que se le niega la potencia del pensamiento, sino al espectador, al que se considera un mero ente pasivo. En el artículo que da nombre al libro, Rancière expresa su desconfianza ante toda postura que acentúe la distancia entre quien ocupa un lugar activo y quien está condenado a la pasividad. Su propuesta no es dotar artificiosamente de actividad al espectador. De lo que se trata es de advertir que el espectador es, en sí mismo, activo. En este caso, la emancipación consistirá en “el borramiento de la frontera entre aquellos que actúan y aquellos que miran, entre individuos y miembros de un cuerpo colectivo”. En otro de los artículos, “La imagen intolerable”, el autor plantea la necesidad de tomar las imágenes como parte de un dispositivo que instala un cierto sentido común, un ámbito de visibilidad. La potencia política de una imagen –así como la de un acontecimiento político- se encuentra en su posibilidad de “diseñar configuraciones nuevas de lo visible, de lo decible y de lo pensable”.
Aun sin contar con la belleza literaria de La noche de los proletarios, El espectador emancipado resulta un texto muy recomendable para pensar en nuevas formas de sometimiento y liberación.

Gustavo Santiago

viernes, 25 de junio de 2010

Alain Badiou: Segundo manifiesto por la filosofía

Publicada en la revista ADNcultura, del diario La nación del 26/06/10.


Segundo manifiesto por la filosofía.
Por Alain Badiou.
Trad. María del Carmen Rodriguez
Manantial
160 páginas

Quizá no sea demasiado arriesgado sostener que Alain Badiou (Rabat, Marruecos, 1937) ha construido la filosofía más sólida de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI. En una época como la nuestra, en la que se elogia lo líquido, lo flexible, lo rizomático o lo fragmentario, se podrá cuestionar que la solidez sea una virtud. Pero difícilmente se pueda negar que el pensamiento de Badiou exhibe esa característica de un modo ejemplar. Sus textos se asemejan a bloques de construcción que se montan unos sobre otros sin dar lugar al más mínimo balanceo. A su vez, cada uno de ellos parte de firmes fundamentos desde los que se construye el camino hacia las conclusiones empleando argumentos de impecable rigor lógico. Los dos grandes pilares de esta construcción son El ser y el acontecimiento (1988) y Lógicas de los mundos (2006). Se trata de libros voluminosos, arduos, en los que abundan las demostraciones matemáticas y los términos específicos –a tal punto que ambos libros contienen un apéndice con un vocabulario destinado a facilitar la tarea del lector.
En torno de esos textos centrales, Badiou ha producido otros trabajos menores en los que se aplican algunas de sus tesis pero se evitan las complejas demostraciones. En esta categoría podemos incluir conferencias y artículos breves sobre cine, teatro, literatura, política. Pero, además, ha escrito dos “manifiestos” a modo de suplemento de sus obras principales. El objetivo de los mismos es explicitado por su autor: “dar una forma simple e inmediatamente movilizable a temas que la ‘gran obra’ presenta en su forma acabada, formalizada, ejemplificada, minuciosa”. En la construcción arquitectónica de Badiou, los manifiestos operan como ventanas que favorecen la conexión con el mundo exterior. Manifiesto por la filosofía se publicó en 1989 (la traducción al español, de Nueva Visión, es de 1990); Segundo manifiesto por la filosofía acaba de aparecer en español.
Veinte años atrás, la filosofía parecía condenada a muerte. Badiou sentía en aquel momento la imperiosa necesidad de oponerse a la deconstrucción, el pensamiento débil, el pragmatismo norteamericano, para recuperar un lugar de privilegio para nociones desgastadas como la verdad, el ser, el sujeto. En el Manifiesto por la filosofía, la política, el arte, la ciencia y el amor aparecían como los ámbitos privilegiados para el surgimiento de acontecimientos portadores de verdades que pudieran ser consideradas universales aun cuando necesitaran de la fidelidad de los sujetos para transformar las situaciones dadas. A contracorriente del pensamiento dominante entonces, Badiou anunciaba la vigencia de la verdad universal y la vitalidad del sujeto.
Al referirse, en el Segundo manifiesto por la filosofía, a las diferencias entre aquel contexto y el actual, Badiou comenta que en uno de sus últimos encuentros con Derrida, éste le dijo “Hoy tenemos los mismos enemigos”. El peligro en este tiempo, para Badiou, es la proliferación de un pensamiento complaciente con el estado de cosas, en el que la presencia de la filosofía parece ampliarse pero que, en realidad, no hace más que diluirse. “La filosofía está en todos lados (...) Anima cafés y centros de puesta en forma y bienestar. Tiene sus revistas y sus gurúes”, pero corre el riesgo de perder todo su potencial revolucionario, transformador. En los ochenta, el peligro para la filosofía era dejar de existir; hoy se encuentra “prostituida por una sobreexistencia vacía”. Al mismo tiempo, se ha producido una transformación a raíz de la cual la técnica mercantilizada parece desplazar a la ciencia; la administración cultural, al arte; la gestión, a la política; y la sexualidad, al amor. Lejos de amedrentarse por tal situación, Badiou avanza con su propuesta. Por ello en su último texto –tanto como en Lógicas de los mundos- postula no sólo la universalidad de las verdades, sino su eternidad: “este segundo Manifiesto resulta del hecho de que el momento actual, confuso y detestable, nos impone decir que hay verdades eternas en la política, en el arte, en las ciencias y en el amor”. La tarea de Badiou consiste en explicar cómo dichas verdades aparecen en un mundo.
Si se compara los dos “manifiestos”, se percibe rápidamente que la claridad imperante en el primero de ellos, sólo se alcanza en muy pocas páginas del nuevo texto. Es cierto que, comparado con Lógicas de los mundos, resulta más ameno. Pero la estructura arquitectónica propia del pensamiento de Badiou hace que para leer el Segundo manifiesto por la filosofía sea imprescindible manejar conceptos expuestos en trabajos anteriores
Gustavo Santiago