jueves, 1 de abril de 2010

Aristófanes: Las Nubes (selección)

ESTREPSÍADES. Anda, ve, te lo pido por favor, hijo de mi alma; ve a la escuela a que te enseñen.

FIDÍPIDES. ¿Y qué quieres que aprenda?

ESTREPSÍADES. Dicen que con ellos están los dos Argumentos, el Mejor, sea como sea, y el Peor. De esos dos Argumentos, dicen que el Peor gana los pleitos defendiendo las causas injustas. Así que, si me aprendes ese Argumento injusto, de lo que ahora debo por tu culpa, de todas esas deudas, no tendría que devolver nada a nadie.


(...)DISCÍPULO. (Abriendo la puerta.) ¡Al cuerno! ¿Quién llama a la puerta?

ESTREPSÍADES. Estrepsíades, hijo de Fidón, de Cicina.

DISCÍPULO. ¡Un patán, por Zeus!: le has pegado una patada a la puerta de una forma tan increíble que has hecho abortar una idea recién inventada.

ESTREPSÍADES. Perdona, es que yo vivo lejos, en el campo. Anda, dime la idea abortada.

DISCÍPULO. No se nos permite decirla a los que no sean discípulos.

ESTREPSÍADES. Entonces, dímela con toda confianza, que yo, aquí donde me ves, vengo al Pensadero para ser discípulo.

DISCÍPULO. Te lo voy a decir, pero hay que considerar estas cosas como misterios. Hace un momento preguntaba Sócrates a Querefonte cuántas veces podría saltar una pulga la longitud de sus pies, pues una mordió la ceja de Querefonte y luego saltó a la cabeza de Sócrates.

ESTREPSÍADES. ¿Y cómo consiguió medirlo?

DISCÍPULO. De una forma muy astuta. Fundió cera; después cogió la pulga y le sumergió los dos pies en la cera; cuando la pulga se enfrió, se le habían formado unas zapatillas persas; se las quitó, y medía con ellas la distancia.

ESTREPSÍADES. ¡Zeus soberano!, ¡qué finura de mente!

DISCÍPULO. ¿Pues qué dirías si te enteraras de este otro pensamiento de Sócrates?

ESTREPSÍADES. ¿Cuál? Por favor, cuéntamelo.

DISCÍPULO. Le preguntaba Querefonte de Esfeto si, en su opinión, los mosquitos cantan por la boca o por el culo.

ESTREPSÍADES. ¿Y qué dijo él sobre el mosquito?

DISCIPULO. Decía que el intestino del mosquito es estrecho, y que por ser un conducto delgado el aire pasa por él con fuerza directamente hasta el culo. Después, como el ano resulta ser un espacio hueco junto a un conducto estrecho, hace ruido por la fuerza del aire.

ESTREPSÍADES. Así que el ano de los mosquitos es una trompeta. ¡Tres vivas por esta investigación intestinal! Seguro que si lo acusaran saldría absuelto fácilmente el que conoce tan bien el intestino del mosquito.

ESTREPSÍADES. ¡Por Zeus! (SÓCRATES aparece en un cesto colgado del techo mediante una grúa.) ¡Anda! y ¿quién es ese hombre que está en la cuerda colgada del gancho?

DISCÍPULO. Es él.

ESTREPSÍADES. ¿El, quién?

DISCÍPULO. Sócrates.

ESTREPSÍADES. ¡Sócrates! Anda, llámamelo bien fuerte.

DISCÍPULO. Llámalo tú mismo, que yo no tengo tiempo. (Entra en la casa.)

ESTREPSÍADES. ¡Sócrates, Socratillo!

SÓCRATES. ¿Por qué me llamas, efímera criatura?

ESTREPSÍADES. En primer lugar, dime qué haces, por favor.

SÓCRATES. Camino por los aires y contemplo al sol.

ESTREPSÍADES. ¿Así que miras a los dioses desde un cesto en vez desde el suelo, si eso es lo que haces?

SÓCRATES. Nunca habría yo llegado a desentrañar los fenómenos celestes si no hubiera suspendido mi inteligencia y hubiera mezclado mi sutil pensamiento con el aire semejante a él. Si yo, estando en el suelo, hubiera examinado desde abajo las regiones de arriba, nunca habría desentrañado nada. Seguro, porque la tierra arrastra hacia así la sustancia del pensamiento. Eso mismo les pasa también a los berros.

ESTREPSÍADES. ¿Cómo dices? ¿El pensamiento arrastra la sustancia hacia los berros? Anda, baja hasta mí, Socratillo, para que me enseñes las cosas por las que he venido.

SÓCRATES. (Descendiendo del cesto.) Y,¿para qué has venido?

ESTREPSÍADES. Quiero aprender a discursear, pues por culpa de los intereses y de los acreedores mal dispuestos, me veo despojado y saqueado: tengo todo embargado.

SÓCRATES. ¿Y cómo es que te has endeudado sin enterarte?

ESTREPSÍADES. Me hizo polvo una enfermedad hípica, que consume muchísimo. Pero anda, enséñame uno de tus dos Argumentos, aquél que no paga nada. Y cualquiera que sea la remuneración que me pidas, juraré por los dioses pagártela puntualmente.

SÓCRATES. ¿Que vas a jurar por los dioses? Para empezar, los dioses no son de curso legal entre nosotros.

ESTREPSÍADES. Entonces, ¿por qué cosa juráis? ¿Por unas monedas de hierro, como en Bizancio?

SÓCRATES. ¿Quieres saber con claridad en qué consiste exactamente lo divino?

ESTREPSÍADES. Sí, por Zeus, si puede ser.

SÓCRATES. ¿Y entablar diálogo con las Nubes, nuestras divinidades?

ESTREPSÍADES. Sí, sí.

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