jueves, 13 de mayo de 2010

Zygmunt Bauman: Mundo consumo

Variaciones sobre la actualidad (Nota publicada en ADNcultura, de La Nación, el 24/04/10)

En Mundo consumo, el sociólogo polaco, pensador de la modernidad líquida, concentra su atención en tres órdenes: la ética, la estética y la política, para interrogar, con una marcada perspectiva eurocentrista, los dilemas de la globalización

Decir que Zygmunt Bauman es el pensador de la "modernidad líquida" es, a esta altura de su producción, una obviedad. Sin embargo, podría resultar útil detenerse en los diversos sentidos que dicha expresión encierra. Por un lado, puede entenderse desde una perspectiva subjetiva: Bauman -como sujeto intelectual- ha sido quien ha forjado las categorías que han permitido pensar las últimas décadas de Occidente vinculándolas al proyecto moderno surgido en la Ilustración pero, al mismo tiempo, tomando distancia de él. Lo que hoy somos comenzó a gestarse en aquella primera modernidad (sólida), pero algunas características clave de nuestro tiempo ya no pueden explicarse recurriendo a los marcos conceptuales de antaño. Por otro lado, podría pensarse que Bauman es "objetivamente" -como objeto de consumo por parte de los intelectuales- quien mejor encarna las características de esa modernidad líquida que anuncia y explica en sus obras. Podemos conjeturar que de haber nacido tres siglos atrás, el sociólogo polaco podría haber sido el autor de un gran tratado de filosofía política o ética compuesto por no más de tres o cuatro tomos, destinado a perdurar en la historia. El hecho de ser protagonista de nuestro tiempo lo ha condenado, en cambio, a producir una innumerable serie de textos destinados a ser consumidos por lectores tan voraces como olvidadizos. Como nadie, Bauman sabe que el lector de hace dos o tres siglos, más que material de lectura, lo que pretendía era encontrarse con libros memorables que invitaran a ser releídos innumerables veces. El lector actual demanda, por su parte, textos sencillos, cuyo contenido se olvida casi en el mismo momento de completar la lectura. En los tiempos del lector consumista, la única forma de ser "releído" es presentar las mismas ideas una y otra vez, pero en envases novedosos, atractivos, diferentes.

Quien es lector de Bauman no aguarda, de un libro a otro, una novedad radical como las proclamadas estridentemente en los tiempos de la modernidad sólida. Lo que espera es, como mucho, una "novedad líquida": la variación de un tema ya abordado, la ampliación de una perspectiva apenas esbozada en un trabajo anterior, un nuevo ejemplo que permita comprender con mayor sencillez un concepto ya presentado, una nueva zona de aplicación de categorías expuestas con anterioridad.

En Mundo consumo. Ética del individuo en la aldea global -publicado en inglés en 2008-, el pensador concentra su atención en tres órdenes: la ética, la estética y la política. Algunas de las preguntas que aborda, son: ¿qué posibilidades tiene la ética en la actualidad?, ¿qué entendemos hoy por belleza?, ¿quién debe orientar políticamente -y con qué criterios- el mundo globalizado?

En relación con la cuestión ética, algunos de los conceptos abordados por Bauman son: la alteridad -el "otro" presentado como desecho humano-, la libertad -amenazada por un exceso de posibilidades-, la falta de confianza alentada por la competencia feroz propia de la sociedad consumista, cuyo ejemplo paradigmático lo encuentra el autor en los programas televisivos en los que se celebra la supervivencia ante los rivales.

En cuanto a la estética, Bauman plantea que, mientras que en el Renacimiento las obras de arte eran asociadas a las ideas de perfección (que incluía nociones como armonía, proporción, orden) y eternidad, en la actualidad, sus principales características son la precariedad y la fugacidad. La "belleza" de una obra ya no tiene que ver con características intrínsecas a ella, sino que se calcula en función de la cantidad de visitantes que asisten al evento de su presentación.

En el terreno político, el autor sostiene que la modernidad líquida realizó un triple desplazamiento en relación con los ideales de su antecesora sólida: el ideal de libertad cedió su lugar al reclamo por la seguridad, la defensa de la igualdad se convirtió en impulso de la paridad y el sueño de la fraternidad se transformó en mera convivencia en red. En el pasaje de los Estados nacionales a la actual situación global una de las preguntas más inquietantes es quién está a cargo del sentido político. En el último capítulo del libro, Bauman aborda esta cuestión, desestimando la idea de que Estados Unidos pueda ejercer dicha función. El sociólogo reconoce que la potencia del Norte posee un poderío militar imposible de igualar por cualquier otra potencia. Pero no acepta que dicha primacía pueda trasladarse sin más al ámbito político. "La única superpotencia del planeta -sostiene Bauman- está fracasando estrepitosamente en lo que se refiere a liderar el mundo hacia la convivencia pacífica y en alejarlo de un desastre inminente." Problemas acuciantes como la pobreza, la desigualdad y la falta de libertad, que requieren, para el autor, remedios globales -por ser producto de una situación global- están siendo descuidados o incluso agravados por el accionar norteamericano. ¿Cuál es entonces la solución? Para Bauman no queda otra posibilidad que despertar a Europa de su letargo y llevarla a hacerse cargo de "su destino" de conductora de la humanidad. Se trata de impulsar a Europa para que despliegue "los valores que ha aprendido a apreciar y ha conseguido preservar, así como la experiencia político-ética de autogobierno democrático" que ha construido, según el autor, al amalgamar las diferentes identidades nacionales en un colectivo transnacional. Una pregunta que inevitablemente se genera en un lector de estas latitudes al finalizar el libro (y que, por supuesto, en él no recibe respuesta) es: ¿tiene América latina, para el autor, algún papel en este orden global, o lo más que puede esperar es pasar de la guía norteamericana a la europea?

Gustavo Santiago

1 comentario:

  1. yo no quiero tirar la piedra apocalíptica y esconder la mano, pero con el cambio climatico los yankis se quedan sin pais, europa abajo del agua, y ahi america latina va a ocupar el papel de refugio y bue, al horno con papas noisette quedamos.

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