jueves, 14 de octubre de 2010

Entrevista a Tomás Abraham

Por Gustavo Santiago
Para LA NACION - Buenos Aires, 2010
Publicada el 06/06/10


Tomás Abraham acaba de publicar Historias de una biblioteca (Sudamericana), libro en el que dialoga con la historia de la filosofía desde su perspectiva personal, fuertemente situada en el presente. De su nuevo libro, de los enemigos que se ganó por sus intervenciones en política, de su trayectoria, conversó con adncultura.

- Historias de una biblioteca llega tras una vasta trayectoria que incluye cerca de veinte libros. ¿Qué diferencias encuentra entre el Abraham de los primeros años y el de este libro?

-Hay mucho trayecto. Desde Pensadores bajos , que fue mi primer libro, en 1988, han pasado más de veinte años. Ahora tengo una actitud muy distinta ante la filosofía. En aquel tiempo, estaba con mi Foucault, con mi Deleuze como en un bowling : agarraba la bocha y bajaba gente. Tenía una actitud de batalla. En cambio ahora estoy conversando. Tengo suficientes enemigos ya. Acá trabajo con una gran cantidad de filósofos, pero casi todos están muertos. Entonces estoy más tranquilo, porque no van a salir de la tumba para atacarme. Con los enemigos que tengo entre los vivos, me alcanza.

-¿Cree que su público ve la diferencia entre aquel Abraham y éste? Porque es muy común que se lo considere un provocador.

-No hay mucha gente que entienda lo que hago. Se guían un poco por la espuma. Dicen que soy provocador pero no entienden lo que es provocar. Creen que lo que uno quiere es "llamar la atención". No saben el trabajo que significa estar a contracorriente de lo hegemónico, porque no se dan cuenta de que están en lo hegemónico. Yo sé que algunos periodistas me buscan para que arme quilombo. Lo cual, en principio, no me parece mal. Es un lugar que no hay que desestimar. Pero ni los que me buscan saben qué voy a decir. Y ésa quizá sea una de mis características. Porque yo tampoco sé lo que voy a decir. Yo no formo parte de una determinada escuela, un canal. No soy foucaultiano, ni nietzscheano. Justamente eso es casi una definición del pensamiento: no saber adónde vas.

-¿Piensa que hay un debido reconocimiento a su trayectoria?

-El modo en que yo hago mis cosas -como hice el Colegio de Filosofía, el Seminario de los Jueves o mi cátedra- no tiene nada que ver con el currículum. Yo me juego en cada cosa que hago. Mis veinte libros no le dan más peso a mi palabra; se tiene que sostener sola. Lo que sí es cierto es que quizás haya gente que me conoce por una entrevista radial, por un artículo en un diario o porque me vio en un programa de televisión y me juzga por eso. Quizás en esos casos me dé un poco de bronca que no se me juzgue por mi trabajo, que no es ése. Eso es una deriva de mi trabajo: pienso en la actualidad y hablo de la actualidad en los medios, que es donde se habla de la actualidad. Pero yo, además de esas intervenciones, tengo un trabajo. Entonces, si alguien dice: "Ése es un charlatán" por lo que dije en un programa de televisión... Está bien, no hay excusa. Para esa persona es así. Pero me gustaría que conociera mi trabajo para juzgarme. De mis veinte libros, trece los escribí solo y siete como miembro de un trabajo colectivo, que es el Seminario de los Jueves. En todos estos libros no sé si hay un gran trabajo. Pero lo que no puede negarse es que hay trabajo. Y yo me animaría a decir que es un buen trabajo.

-Pasemos a su último libro. ¿Este nuevo texto señala el regreso de Tomás Abraham a la filosofía?

-En cierto sentido, sí. Yo creo que de la filosofía no me voy a ir nunca; en realidad, nunca estuve afuera. Es verdad que mis últimos libros fueron sobre política, sobre literatura. Hacía mucho tiempo que no me dedicaba a leer filosofía ni a pensar en filósofos, en el sentido tradicional del término. El primer paso en este regreso fue el trabajo que hicimos en el Seminario de los Jueves, en el que hacia 2004 estuvimos viendo Deleuze y trabajamos Hume, Bergson, Spinoza. En los años siguientes recorrimos los siglos XVII, XVIII y XIX. Allí entré en el mundo de Rousseau, de Kant, de Kierkegaard. Podríamos decir que ése fue mi regreso a la lectura de filósofos y a la escritura sobre ellos.

-¿Cómo fue ese reencuentro con los textos de los filósofos?

-Fue complejo. Así como me encontré con nuevos amigos, también me encontré con filósofos que no me interesaron tanto como me había imaginado. Por ejemplo, a Montaigne lo estoy esperando desde hace mucho tiempo. Ahora me encontré con él y me aburrí. Me pareció que le faltaba energía, vigor; tiene demasiada melancolía.

-¿Hubo alguna gran sorpresa?

-Kant, indudablemente. Yo tenía el prejuicio de que Kant era como un juez, que tenía un pensamiento jurídico. Ahora, en cambio, entiendo a Deleuze, que en sus maravillosas clases sobre la Crítica del juicio dice que cuando lee a Kant él siente que está ante una coreografía, y no que está en un tribunal. Kant es un creador, un compositor; es como Bach. Él, para construir una analítica o una dialéctica, trabaja como sobre un pentagrama. La "dialéctica trascendental" para mí es la base de lo que va a ser el romanticismo, el idealismo, la filosofía religiosa de Kierkegaard, el pensamiento existencial, el escepticismo ilustrado y la muerte de Dios de Nietzsche.

-Pero ése no es el Kant que aparece en los manuales de filosofía.

-Yo sé que el Kant del conocimiento existe; que el Kant de las categorías existe. También el que busca encontrar los límites del conocimiento, el que tiene la idea de que la ciencia tiene que ver con la experiencia y que la metafísica es un saber vano. Pero está el otro Kant, el de la dialéctica, que es posible que no sea muy tomado en cuenta habitualmente. Es el que plantea que la razón segrega sueños, que son los de la unidad, el sentido, la totalidad y la inmortalidad. Son inevitables, no se pueden controlar. Son los sueños de la razón, pero no son objetos de conocimiento. No podemos conocer nada sobre eso. Ésa es la línea de demarcación. La tarea de la filosofía es pensar; no es conocer. No hacemos ciencia. Eso en Kant está clarísimo. Nosotros pensamos en cosas que es inútil intentar responder por el conocimiento pero que son indispensables para poder darle sentido a nuestra existencia.

- Historia de una biblioteca es difícil de clasificar. Es un texto que puede considerarse introductorio, pero no es un manual, ni una historia de la filosofía. ¿Cómo fue concebido?

-Al trabajo de escritura para el Seminario de los Jueves se sumó el hecho de que comencé a participar diariamente en un blog . Escribí cerca de doscientas notas en un año. Uno de esos días, buscando temas para escribir, se me ocurrió "el nacimiento de la filosofía", que es un tema que me encanta. Y después fui siguiendo con lo que llamé "breve historia de la filosofía". El libro es una historia de la filosofía que se fue haciendo con cartas a lectores de blog . Son doscientos cincuenta episodios.

-Seguramente hubo un trabajo de reescritura al pasar del blog al libro. Sin embargo, en el texto se percibe algo del formato anterior.

-Hay muchos intelectuales que hablan mal de los blogs , ¡incluso todavía hay algunos que hablan mal de la televisión! Para mí fue un estímulo. En un blog puede entrar cualquiera, de cualquier lugar, y decirte cualquier cosa. Uno está en un teatro lleno de gente anónima. En realidad, uno supone que está lleno de gente. Puede ser que no haya nadie. Yo descubrí que me resulta muy estimulante escribir en un formato breve, que me exige poner lo que es más importante para mí. Hay algo epistolar, que favorece la conversación. Y eso me gusta. Y es bastante original.

-¿Por qué la referencia a la biblioteca en el título del libro?

-Cuando yo hablo de una biblioteca, hablo de mis lecturas. A lo largo de todos estos años, pasé por toda la historia de la filosofía, de un modo o de otro. La idea fue contar mis recuerdos de lecturas filosóficas. Pensé en contar qué dificultades tenía cuando leía algún libro determinado, o por qué hay algunos filósofos a los que nunca quise leer, o cómo cambié de pensamiento respecto de otros. O por qué hay libros que tengo desde hace mucho tiempo y que todavía tienen las páginas sin cortar. No se trata de contar mi vida. Pero sí de contar una experiencia de lectura que implica opciones personales, sensaciones y demás. Empecé a pensar que no era una historia de la filosofía y que, al mismo tiempo, lo era. Me gustó la palabra "biblioteca", porque finalmente es mi mundo. De ahí salió el título.

-¿Cuáles serían las diferencias con una historia de la filosofía?

-Yo no hablo de escuelas, no hablo de sistemas. Lo que intento es transmitir el pensamiento de alguien. Pero lo que a mí me importa de ese pensamiento, eso que para mí es fundamental. No trato de ser objetivo o exhaustivo sino de exponer por qué me atrajo, por qué quiero discutir o conversar con un filósofo. Lo que yo quiero transmitir es qué da para pensar un texto. No quiero enseñar Kant, sino exponer qué da para pensar Kant desde mi punto de vista. Por qué es importante, por qué nos importa hoy. Y, en todo caso, si no nos importa hoy, al menos entender por qué fue importante ayer. Conversar con otra época.

-Para poder conversar, es necesario situarse en un terreno común. ¿Cuál sería ese terreno?

-Pienso que hay cosas sobre las que podemos conversar con cualquier época. Quizá las vestimentas y las lenguas sean diferentes, pero hay ciertas cosas que siempre han preocupado. Yo creo que lo que une a todos los hombres de todas las épocas son las pasiones: siempre hubo miedo a morir, siempre hubo temor a ser pobre, siempre hubo envidias, siempre hubo cosas que tienen que ver con el poder (tenerlo, no tenerlo, estar sometido a él o rebelarse). Hay un sistema de pasiones que a mí me permite entender a un romano. Ahí hay una conversación posible. Este libro es una conversación con los grandes, con los maestros, desde alguien que se ha formado con ellos. Están mis maestros directos, que nombro, y están los grandes pensadores. Ésta es una historia de admiración, de amistad.

-El subtítulo del libro es De Platón a Nietzsche. Sin embargo, las referencias al siglo XX son permanentes. Es un libro que habla también de la actualidad.

-La actualidad uno la lleva puesta. Mi libro es una conversación de un señor argentino que en 2010 conversa con la historia de la filosofía. No estoy atado a lo cronológico o a lo sistemático. Voy siguiendo lo que cada filósofo me da a pensar. Lo interesante es cómo me interpela en el presente, qué preguntas me hago a partir de su lectura, cómo converso o cómo discuto con él. Hay emotividad, entusiasmo, decepción; alguna broma, alguna risa. Hay paisajes de la contemporaneidad que se iluminan con alguna frase vieja.

-Más allá del provecho que los lectores puedan sacar de este trabajo, ¿para qué le sirvió a usted?

-Creo que me sirvió para darme cuenta de que mi ignorancia de la historia de la filosofía no es tanta como podía imaginar. Veo que poco a poco, por el trabajo que estuve haciendo todos estos años, ya puedo mirar la historia de la filosofía desde un punto de vista personal, sin sentirme en falta. Puedo hablar de los filósofos desde mi punto de vista. Sigo ignorando cosas, por supuesto. Pero si la ignorancia me inquieta, voy y aprendo, y si no me inquieta, la dejo. No necesito saber todo. No necesito saber el número de las categorías kantianas, ni el nombre de cada una. En eso, cualquier alumno me gana. Yo busco otra cosa.

-Es una ignorancia en la que hay un gran trabajo.

-Eso es algo que sentí al escribir el libro: que podía recordar mi trabajo de lectura. Me acordaba de cuando leía a Jean-Pierre Vernant, cuando leía a Marcel Detienne, a Giorgio Colli y a tantos otros. Ellos están presentes, me acompañan, porque yo los estudié. Yo me pasé la vida estudiando, no hago más que estudiar. Escribir es parte de mi estudio. Quizá por eso alguna vez Foucault decía que él no era escritor. Yo nunca me reconocí como escritor, a pesar de que escribo todo el tiempo. Lo considero parte de mi estudio. Yo me considero un estudioso y, digamos, un filósofo. Porque, en realidad, un filósofo es un estudioso. Y escribir, dar clases, es parte de ese oficio de ser estudioso.

-Al principio de la entrevista, usted decía que tiene demasiados enemigos. ¿Esto tiene que ver con sus escritos sobre actualidad, sobre política?

-Realmente no me siento en un buen ambiente, no respiro buen ambiente. No me gusta el modo en que piensan los intelectuales, el discurso cultural. Estoy luchando mucho contra eso, bastante solo, muy expuesto. Veo mucho odio. Hay gente a la que conocía desde muchos años atrás que me dejó de saludar por cuestiones políticas, ideológicas. La discusión con amigos se volvió muy irritante. En cuanto ven que vas en una dirección, te quieren capturar. Pero yo no me uno con nadie por el espanto común. Marco diferencia. Quizá marcar diferencia sea algo mío, más que provocar. Yo necesito aire.

-Sin embargo, a pesar del malestar, continúa escribiendo sobre estos temas.

-Sí, sigo... Porque, si no, lo único que me queda es aislarme... Pero, por ahora no llegué hasta ahí. Yo no puedo bajar la persiana a mi actualidad. ¿Sobre qué voy a pensar? Si no puedo pensar la actualidad, me tengo que dedicar a otra cosa, tengo que poner un bar. Una vez me dijo Pancho Aricó, después de una decepción que yo había tenido: "Dale con entusiasmo, pero sin esperanza". Y yo trato de hacerle caso. Mantengo el entusiasmo, porque de otro modo no podría hacer mi trabajo.

10 comentarios:

  1. Interesante entrevista. Pero yo quisiera dejar mi crítica en forma de dos preguntas, para cuestionar un poco la figura del intelectual provocador que padece la hostilidad de sus pares (esta vez encarnada por Abraham):

    ¿Hasta donde creer que está solo alguien como él, que participa en diversos proyectos y que ocupa variados e importantes lugares?

    Respecto a sus posiciones políticas, además de haberle ocasionado enemigos, ¿no le habrán ocasionado alguna simpatía o algún aliado?

    ResponderEliminar
  2. Yo admito que los filósofos son los que marcan las tendencias de la humanisda, aunque ellos no se den cuenta, pero... Un toque de humildad de parte de Abraham estaría bueno.

    ResponderEliminar
  3. Agustín Rollando. ( Logan )17 de junio de 2010, 21:32

    ¿ Que es la humildad ?
    ¿ Que soy yo, si no soy todo lo que soy, incluyendo mi mejor y mi peor ? ¿ Cuando saco lustre de mis virtudes ?¿ Cuando me doy cuenta que soy tan bueno si siempre soy humilde ?
    Somos todo lo que somos.

    ResponderEliminar
  4. Yo tengo pensado poner un bar...





    Saludos!

    ResponderEliminar
  5. Agustín Rollando.25 de junio de 2010, 14:50

    Ojalá lo consigas, y me invites unas copas de vino.. y quizás podremos mirar atras del gran telón.
    Ojalá puedas encontrarle un nombre.

    ResponderEliminar
  6. "Dale con entusiasmo, pero sin esperanza"


    sencillamente fantástico!

    ResponderEliminar
  7. ¿Porque se habla tanto de famosOS FilosofOS?

    Que pasa con las mujeres?

    ResponderEliminar
  8. Muy buena pregunta, que da para laaarrrgooo...
    Que las hay, las hay, eh.
    Desde Hiparquía, Eloísa, Arendt, Heller, Butler, López Gil...
    innumerables...

    ResponderEliminar
  9. Es lindo saber que mujeres también lucharon por el conocimiento.
    Hace unos días me plantee una duda y no se con quien compartirla, va en general siempre tengo dudas pero esta en particular me inquieta...
    Nunca se preguntaron porque los europeos estaban mas avanzados que los americanos? Me refiero a... porque Cristóbal colon encontró a América...
    Seré una ignorante, pero ¿existe algún tipo de teoría?

    ResponderEliminar
  10. Como aficionada de la filosofía, pero desde la psicología, mi carrera, me resulta realmente bellísimo, y no encuentro otra palabra para describirlo, la manera en la que Abraham transmite sus conocimientos filosóficos.
    En realidad me junté con su figura, a partir de la impresionante descripción, que me realiza mi hija, ya que ella como estudiante de CBC en la UBA, es alumna de Gustavo Santiago, y en esa oportunidad el Sr Abraham se hizo presente en su clase.
    Una de las tantas cosas que me gustaron de ésta entrevista es cuando escribe.."trasmito lo que para mí es fundamental"...porque en esa abstracción selectiva, dónde se pone énfasis, tiene que ver con cosas nuestras también, lo que nos gusta, y hasta tiene algo de poético, cuando gusta demasiado.
    Evidentemente, la idea con mi hija es la de ir y escucharlo...Ya en una conferencia en Youtube..observe su postura, cómo sostenía el micrófono..¡como le gusta lo que hace!..El saber así es absolutamente contagioso.

    ResponderEliminar