jueves, 8 de septiembre de 2011

Sugerencias para leer a Platón

Leer a Platón.

Platón es el filósofo que ha sufrido un mayor maltrato por parte de los forjadores de la tradición (comentaristas, profesores, autores de manuales). Lo perverso del asunto es que a Platón se lo ha ocultado detrás de “Platón”. Ese “Platón”, el entrecomillado, es un constructo, una suerte de clon bobo, con el que se ha eclipsado a un filósofo y escritor genial.

Unas pocas observaciones quizá basten para dar peso a esta tesis. Platón escribió cerca de treinta libros (el  número varía de acuerdo con el reconocimiento o no de la autenticidad de algunos de los textos que se le atribuyen). Esos libros –a diferencia de lo que sucedió con gran parte de los textos de otros filósofos de la Antigüedad- nunca se perdieron. Siempre estuvieron todos disponibles. Sin embargo, la tradición –mediante enormes esfuerzos- ha logrado que esa vasta obra quedara reducida a unas pocas páginas: las de la “alegoría de la caverna”, de la La República  a las que, en el mejor de los casos, se les puede añadir algunas de El Banquete –el discurso de Diotima que reproduce Sócrates y, acaso, el de Aristófanes- y las últimas dos páginas de Fedón. A modo de experimento, le propongo al lector de este texto que consulte entre sus conocidos quiénes conocen la “alegoría de la caverna”.
Creo que no me arriesgo demasiado si apuesto que un número muy alto de sus allegados –por no decir todos- conoce dicho texto. Para completar el experimento, le pido ahora que avance en la indagación consultando a las mismas personas si han leído Cármides, Lisis, Filebo o Protágoras. A menos que entre sus conocidos se encuentre algún profesor de Filosofía Antigua, doy por descontado que ninguno de sus habituales interlocutores ha leído esos libros. Miles de maravillosas páginas sustituidas por una veintena. ¿No resulta demasiado sospechoso?

Segunda observación: si tenemos en cuenta todos los textos de Platón, veremos que pone en juego más de un centenar de personajes. Aproximadamente, ciento quince (a los problemas ya mencionados de las dudas sobre la autenticidad de algunos textos se suma el de la homonimia: hay varios nombres repetidos que, en algunos casos, no se sabe si refieren o no al mismo personaje). Se nos enseña, no obstante, que cuando leemos un libro de Platón debemos prestar atención al único que habla en su nombre: Sócrates. ¿Y los demás? ¿Son mero ornamento literario? ¿No hay en ellos nada de Platón?

Tercera observación. Los textos de Platón están plagados de problemas filosóficos. Exagerando –aunque no demasiado- podríamos decir que no hay cuestión filosófica de la que no pueda encontrarse en ellos un antecedente. No obstante, se nos dice, lo más importante en Platón no son los problemas, sino las soluciones. En rigor, una sola –porque para la tradición Platón parece haber tenido una única ocurrencia en la vida-: la Teoría de las Ideas.
Continuando con nuestro experimento, invito al lector a que tome cualquier libro de Platón y lea unas veinte páginas. ¿Cuántas menciones a la Teoría de las Ideas encontró? ¿Ninguna? Siga leyendo, entonces. Otras veinte; o cuarenta páginas. O cien. Me animo a decir que sigue sin encontrar rastros de las Ideas –o Formas-. Hay una pequeña posibilidad de que usted haya dado con uno de los tres o cuatro libros en los que en algunas de sus páginas se habla de lo “en sí”. Si ha leído atentamente las notas a pie de página habrá comprendido que eso es aquello a lo que se denomina “Teoría de las Ideas”.
No es mi intención afirmar aquí que Platón nunca formuló una doctrina de las Ideas. Supongo que si sus contemporáneos (Aristóteles y Diógenes, entre otros) le atribuyen dicha teoría es bastante probable que, al menos durante un lapso de su vida, Platón la haya planteado. Lo que resulta más difícil de aceptar, es que haya que buscarla en sus diálogos.

En Fedro el personaje Sócrates narra un mito egipcio acerca del origen de la escritura, que le sirve para poner en tela de juicio  la utilidad de la palabra escrita. Allí el dios Theuth le ofrece al rey Thamus algunos de sus inventos; entre ellos, la escritura. Y la presenta como un eficaz remedio para la sabiduría y la memoria. El rey rechaza el obsequio. El fármaco en cuestión es más un veneno que un remedio. Atenta contra la autoridad de la palabra plena y presente de la autoridad. Tras dejar claro que comparte la postura del rey Thamus, Sócrates añade sus propios argumentos contra la escritura: al igual que las pinturas, los textos no responden preguntas; pueden caer en manos de cualquiera, escapando al control de su autor; no permiten rectificar las interpretaciones erróneas.
Estas consideraciones son suficientes para entender por qué Sócrates no ha escrito textos filosóficos. Pero no dejan de tener un costado paradójico, al ser Platón, mediante un escrito, quien las expone. Se abre, entonces, una ineludible pregunta: ¿por qué escribió Platón?
En el mismo texto, Sócrates dice que el filósofo “sembrará y escribirá ‘jardines de letras’ por pura diversión”[1] y para recordar algunas situaciones que puedan provocar el pensamiento. Ese será su mayor placer: “jugar con los discursos, componiendo  historias sobre la justicia y las demás cosas”.
Fin de la paradoja. La palabra de Platón no es el fármaco para la memoria que rechaza el rey Thamus, ni el sustituto de la oralidad que inquieta a Sócrates. Platón puede escribir textos filosóficos, con una sola condición: no pretender sostener en ellos una palabra plena, autorizada, doctrinaria. ¿Qué debemos buscar allí, entonces? Problemas, hipótesis que puedan servir de estímulo para el pensamiento y la discusión.

Pensemos: ¿para quiénes escribía Platón? Presumiblemente, para sus allegados interesados en la filosofía. Y, una vez que hubo puesto en funcionamiento la Academia, para sus miembros. Imaginemos –sí, insistimos aquí con ello: la filosofía no debe desentenderse de la imaginación- cómo eran esas lecturas. Recordemos que durante cientos de años, a lo largo de toda la Antigüedad y el Medioevo, la lectura se realizaba en voz alta. El aspecto teatral de los textos platónicos puede tener que ver, justamente, con  mantener el interés de un grupo de oyentes.
Suponemos, entonces, que un lector de voz potente –aunque capaz de imprimir variados matices para dar vida a los diversos personajes- mantiene abierto, con sus dos brazos, un enorme rollo sobre un atril, y lee mientras un auditorio más o menos reducido le otorga toda su atención. La solemnidad de la lectura es interrumpida, a intervalos, por las risotadas que despiertan los chistes que Platón diseminó en el texto: menciones paródicas de algunas celebridades, parientes o amigos; reconstrucciones distorsionadas de situaciones familiares para el auditorio; absurdas chicanas entre los protagonistas.
Pero, claro, no todo es diversión. También se trata de filosofar. No de aprender tesis; no de incorporar doctrina. Se trata de pensar, de discutir, de argumentar. El lector público se detiene o lo detiene un oyente, y se abre el espacio para la discusión. Se examinan problemas, hipótesis, estrategias. Algo así deberíamos intentar hacer ahora, cada vez que leemos un texto de Platón.





[1] Fedro, 276 d.

4 comentarios:

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  2. Hola, Sofía, tenés que buscar en la pestaña de arriba que dice: "aula virtual" ahí hay un link que conecta con este que encontraste, y hay otro que habla de los cínicos (no recuerdo el título que le puse).
    Saludos,
    G.

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  3. Hola profesor gustavo, una pregunta..Con respecto a las fuentes de donde se saca la información de Sócrates (Aristófanes, Aristóteles, Jenofonte, etc)..Platón tenia dos hermanos que formaban parte del circulo Sócratico(Glaucón y Adimanto) y por ende mas allegados a sócrates que el mismo Platón ¿No se los puede considerar a ellos como aportadores del "real" Sócrates también?..o ¿Cómo esta información la aporta Platón es sinónimo de dudas?

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  4. Hola, Flor, seguramente Platón recibía mucha información de sus hermanos. Lo que no se sabe es qué sucede cuando escribe: si se atiene a lo que él sabía y lo que le contaron, o si agrega algunas cosas como escritor.
    Gracias por tu comentario.
    G.

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